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NOVELA

Olivier Guez: La desaparición de Josef Mengele

domingo 01 de julio de 2018, 19:36h
Olivier Guez: La desaparición de Josef Mengele

Traducción de Javier Albiñana. Tusquets. Barcelona, 2018. 256 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 12,34 €.

Por Cora Cuenca Navarrete

La empatía es una virtud cuya ambivalencia en ocasiones puede resultar traumática. Cuando el objeto o sujeto que la suscita es bondadoso, identificarnos con ello aporta gratificación, una sensación de bienestar que nace de la sintonía entre dos fuerzas amables que se integran en una. El poder de la palabra, por otra parte, es capaz de textualizar y reformular energías malignas para vestirlas de gala, convirtiéndolas en un discurso atractivo al que subyace la maldad originaria del momento en que nacieron o fueron generadas.

Ocurre así que no es lo mismo leer un frío informe cifrado acerca de las atrocidades que cometió el Ángel de la Muerte de Auschwitz, que saber sobre su historia en una obra a modo de ficción biográfica. Si hablamos de La desaparición de Josef Mengele, la lectora deberá recordarse en determinados momentos que odia y siente repugnancia hacia el protagonista, puesto que su autor, el periodista francés Oliver Guez, consigue escarbar hasta encontrar lo humano que habitó en la bestia Mengele. ¡Malditas palabras, que todo lo retuercen y transforman a su antojo!

El libro estudia a un Mengele convertido en fugitivo buscado por la justicia europea y el Mossad que lucha a diario por mantenerse en el anonimato y al mismo tiempo conservar algo del poderío que los años del Reich le habían otorgado. Supone además un recordatorio de la laxitud con la que algunos de los estados sudamericanos trataron a los nazis que huyeron tras la Segunda Guerra Mundial, y la pasividad con la que contemplaron cómo se creaba una red de criminales que se ayudaban entre ellos y se regocijaban en la atrocidad a la luz de la luna bonaerense.

Según cuenta Guez, el exilio de Mengele, lejos de ser fácil, convirtió las últimas décadas de su vida en un infierno adornado únicamente con breves destellos de felicidad que compartió con criminales de su calaña, viejas glorias nazis y simpatizantes del régimen. La lectora va viajando a través de la vida de un hombre y en cada página que la acerca al término de la novela espera encontrar el párrafo que detalle el arrepentimiento final del asesino, su entrega voluntaria a la justicia o incluso su captura a manos de los servicios secretos israelíes. Nada de esto ocurrirá. Mientras tanto, la Muerte persigue al doctor, se le aparece en sueños encarnada en sus víctimas, que gritan amenazando con arrebatarle la cordura. Es un ser odioso, abyecto y egoísta, pero está sufriendo, y el dolor siempre humaniza.

La condena mediática, el rechazo de su familia y allegados, el estado de paranoia que lo consume… Igual que sucedió con el alto mando nazi Adolf Eichmann, Mengele se convierte en un misterio, en una figura mítica que todos luchan por cazar. Los medios teorizan y especulan sobre paraderos espectaculares y riquezas sin fin mientras el verdadero desgraciado se pudre en un cuchitril de mala muerte sin nadie a quien confesar su desasosiego. El mar, que suele ser una alegoría poética de la purificación, se convertirá en la tumba de Josef Mengele. Pero no bastarían ni todos los océanos del mundo dispuestos en horizontal para limpiar su espíritu.

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