Pedro Sánchez ha tenido que humillarse ante Quim Torra y prometerle “diálogo sin cortapisas” para asaltar RTVE con el apoyo de Podemos, de ERC y del PdCat. La siniestra alianza con los separatistas, que ya han logrado que el presidente del Gobierno traslade a los golpistas a unas confortables cárceles catalanas que gestiona la Generalidad, le han permitido al presidente del Gobierno tomar el control de lo que más ansiaba: la potente herramienta de propaganda de la radio y la televisión pública.
Sánchez pisotea la dignidad nacional con el único fin de enrocarse en el poder. Al que calificaba de racista hasta hace poco se ha convertido en su gran aliado para aprobar en el Congreso de los Diputados el nombramiento del nuevo Consejo de RTVE. Hay que esperar ahora a la reunión del día 9 de julio con el presidente marioneta de la Generalidad para descubrir qué esconde ese “diálogo sin cortapisas”. Ya se sabe que le va a regalar los 6.000 millones de euros que le ha exigido y que los invertirá en abrir embajadas en medio mundo para insultar a España.
Resulta inquietante imaginar de lo que es capaz Pedro Sánchez con tal de mantener la siniestra alianza parlamentaria con los separatistas. El presidente del Gobierno ya debe saber que los golpistas solo quieren celebrar un referéndum de autodeterminación pactado y que el Consejo de Ministros indulte a los encarcelados. Si es capaz de traspasar algunas de esas dos rayas rojas, pisoteará la Constitución, arramblará con el entero Estado de Derecho y destruirá los pilares de nuestra democracia. Es de esperar que le quede un gramo de sentido común y que le pare los pies a Quim Torra cuando el día 9 le proponga sus pretensiones golpistas. Porque en solo un mes de presidente ya se ha humillado más de lo aceptable ante Puigdemont y su marioneta.