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Varoufakis, motero de la economía, dijo no

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
miércoles 04 de julio de 2018, 20:15h

Es para muchos Yanis Varoufakis, ministro de Financias de Grecia, el economista de la moto, alérgico a las corbatas, con especial querencia por las camisas blancas e iconoclasta en lo que a números refiere. Durante la primavera del 2015 ocurrían las negociaciones para renovar los programas de rescate entre el recién elegido gobierno griego de Syriza, partido izquierdista radical, y la Troika (término ruso que designa a un carruaje tirado por tres caballos y que en el marco de la crisis europea engloba a la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional). El pulso era fuerte entre Syriza y la Troika, fue entonces cuando Chistine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, pidió a ambos públicamente que se comportaran como adultos. Varoufakis saca ahora una crónica pormenorizada de todo aquello bajo ese marbete: Comportarse como adultos. Mi batalla contra el establisment europeo (Deusto).

El libro ha sido calificado por The Guardian como: “la mejor autobiografía política de todos los tiempos”. Su libro anterior sobre la evolución del capitalismo en las últimas seis décadas tuvo igualmente numerosas ediciones en España donde se negaba el mito de la “financiarización”, la regularización ineficaz de los bancos y la globalización como causas de la crisis, poniéndose de relieve y en negrita el flujo incesante de tributos enviados por todos a Estados Unidos y Wall Street: El Minotauro global. Estados Unidos, Europa y el futuro de la economía global (Capitán Swing). Vaorufakis, punto de arranque de Comportante como adultos, fue claro a las instituciones que negociaban con Grecia: la deuda acumulada por su país era impagable y lo sería aún más si se continuaba implantando la austeridad que exigían sus acreedores. De nada servía acumular un rescate tras otro con más recortes y subidas de impuestos. Lo que debía hacer Grecia era más radical y pasaba por alterar las ideas económicas del establishment europeo. El libro, veloz y fascinante, con mucho protagonismo de nombres propios y reuniones veladas, tiene como objeto mostrar el funcionamiento de las instituciones europeas y sus dinámicas de negociación. Finalmente, como en las mejores fábulas, la rendición griega se produciría tras su salida del gobierno.

El texto o autobiografía, realmente, es una novela negra: viejas, nombres, negociaciones, espías, misterios sin resolver. La austeridad, impuesta a los griegos por la eurozona, no era la respuesta, el grueso de la deuda griega debería haberse cancelado sin dudar, la situación fue mucho peor. Otro título del autor está en muy sintonía con el presente: ¿Y los pobre sufren lo que deben? (Deusto): allí se encuentra la explicación histórica de por qué Europa se encuentra inmersa en el proceso, forjado durante décadas, de perder su integridad y renunciar a su alma. Dicho de otro modo: la eurozona que quieren los grandes nada tendría que ver con una eurozona de todos donde se protegiesen a los menos favorecidos o más pequeños del club. Varoufakis fue lo que todos sabemos: un modesto profesor de universidad, con gran pasión por las motos, que se convierte en ministro durante unos meses y decide, tiempo después, denunciar lo corrupto del sistema por escrito y a doble espacio, sin tiempo por acabar el libro y con mucho refresco de piña por medio. El cuento de un país pequeño y completamente arruinado que decide enfrentarse, con tal de escapar de prisión por sus deudas, a un montón de chicos muy majos: Angela Merkel, Mario Draghi, Wolfgang Schauble, Christiane Lagarde, Emmanuel Macron, George Osborne o Barack Obama, entre otros muchos.

No, no firmó el papelito que le exigía Jack Lew, secretario del Tesoro de Estados Unidos en su despacho. El funcionario que le acompaña a la reunión, a su salida, se lo dice muy bajito: “Ministro, tengo la necesidad de advertirle que dentro de una semana tendrá que enfrentarse a una campaña de difamación orquestada desde Bruselas”. Varoufakis no entiende nada: “Mi firma había adquirido una vital importancia porque, curiosamente, no es el presidente o el primer ministro de un país en quiebra quien firma la solicitud de rescate ante el FMI o la Unión Europea. Ese privilegio envenenado recae sobre el desdichado ministro de Finanzas. Por eso, los acreedores de Grecia pensaban que era imprescindible que yo me plegara a sus exigencias, que me decidiera a colaborar”. Varoufakis dijo no a los 110.000 millones de euros (el mayor préstamo de la historia) que la Unión Europea y el FMI ofrecieron a Grecia. Lo que nadie cuenta: se pretendía reducir la renta nacional del país cargando la mayor parte de la deuda sobre los ciudadanos más pobres. La respuesta de Varoufakis fue simple: “Si nos echaban los sistemas bancarios francés y alemán, y por tanto toda la eurozona, saltarían por los aires. Así que nunca lo harían. Pero incluso si se atrevieran a hacerlo: ¿qué sentido tenía formar parte de una unión monetaria que se dedica a machacar a las economías que la componen? A diferencia de los contrarios al euro, que veían en la crisis la oportunidad de llegar al “greixit”, mi posición defendía que la única forma de preservar la sostenibilidad de Grecia dentro de la eurozona consistía en desobedecer las directrices de sus instituciones”.

Varoufakis dijo no. La plaza Sintagma fue un hervidero de hostias y gases lacrimógenos. Los cañones de agua y la violencia policial dejaron las inmediaciones y zonas colindantes reducidas a un páramo baldío. Alexis Tsipras siempre creyó en él hasta que Merkel le engolosinó y propuso negociar separados del Grupo de Bruselas y del Eurogrupo, sin la presencia de Varoufakis ni la de Schäuble, donde se ofrecían unas condiciones B, imposibles de recitar en voz alta. ¿Europa, ese club de ricos? ¿Responsabilidad criminal del FMI por la situación de Grecia? Abran, abra páginas. Andando el tiempo, el primer pago de la deuda eliminó el grueso de las arcas griegas, y el acuerdo del segundo rescate (1.500 millones de euros) se llevó, definitivamente, por delante el país. Tremendo.

Diego Medrano

Escritor

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