Es el requisito fundamental del amor: cultiva el enigma. Es el secreto de la pareja para llegar a los muchos años: cultiva el enigma. Es la única receta para no morirse pronto: cultiva la curiosidad y el enigma. No existe conocimiento sin enigma, desenredar el hilo de Ariadna es la fuente del placer y la sabiduría, destejer el manto de Penélope el goce supremo. Tira, tira del hilo, no tengas miedo, la inmortalidad de aprovechar el momento o el tiempo presente como ningún otro está garantizada. Cuando tu mujer te pregunte a dónde vas, dispara: “A mis cosas”. Cuando tu madre se interesa por su paradero, dispara: “Estoy lejos”. Cuando un amigo quiera quedar esta tarde, dispara: “Hoy va a ser imposible por culpa de unas gestiones ineludibles”. Cultiva el enigma. Te llamarán más y mejor.
Lourdes Gómez Martin, extremeña del año 89, licenciada en Periodismo por la Universidad de Sevilla, lleva el enigma tatuado en su piel y de ahí sus secciones en publicaciones como “Enigmas”, “Año Cero” o “Guardia Civil”. Tampoco le hace ascos a la radio en “Espacio en blanco” (RNE) o “La Tarde Contigo” (Canal Extremadura) e incluso la televisión es su imán de ambrosía y néctar superlativo (labor en informativos de TVE en Extremadura o programas como Escrito en el aire y Tras el mito). Lo digital no se le queda atrás, pagina web y canal propio en Youtube: “Periodismo&Misterio”. Recorre el mundo en busca de lo desconocido, por increíble que parezca, y tras su primer libro de relativo éxito (Las Hurdes. Frontera con lo desconocido) llega ahora el segundo que promete todavía más: La Iglesia y sus enigmas (Luciérnaga). Es guapa, no es rara, su prosa relampaguea y refulge en cotos insólitos y adjetiva, de sopetón, como si bautizara a alguien sin remacharlo.
Sus temas en este texto son: el Grial, el cáliz de doña Urraca, el santo cáliz de Cádiz, el sagrado mantel de Coria, la santa espina de Mula, la sábana santa, la Virgen de Guadalupe Extremeña, la Virgen de Guadalupe de México, los milagros en profundidad, los prodigios de Jesús de Nazaret, la milagrosa misa del Padre Cabañuelas, el milagro del arroz de Olivenza, los santos y sus enigmas, San Pedro de Alcántara y sus misterios, las almas en pena y el purgatorio, Fray Pedro de Villacreces, el diablo, exorcismos del siglo XXI, el manuscrito de Villafranca y el bebé envenenado, la aparición de Fátima, Moctezuma y sus oscuros presagios… el café se me enfría, el sombrero y la baba se me caen, río en otro idioma, la piel se me eriza en compañía de Lourdes Gómez y los misterios fascinantes del cristianismo.
Diez años, confiesa haber invertido diez años de su vida en esta criatura cómoda, playero, de doscientas cincuenta páginas, muy plegable y maleable junto a la toalla. Se distancia del esoterismo y su propaganda lo deja claro: “Conviene aclarar que cuando se habla de enigmas o misterios en el contexto de este libro, se hace alusión a aquellas prácticas religiosas que se sustentan sobre creencias cuyo pilar es la fe, o fenómenos que a día de hoy no tienen una explicación científica. Esta aclaración es pertinente porque en muchas ocasiones, estas palabras, enigma y misterio, tienen connotaciones negativas en la medida en que se considera que están asociadas a aspectos oscuros de lo esotérico. Nada más lejos de la realidad. La autora considera que son términos adecuados para referirnos a realidades cuyos mecanismos últimos desconocemos. Esta es una obra que no defiende ni condena los temas que se exponen”. No es beatería, no, sino periodismo, ya está dicho, intriga y resolución por medio de letras.
Periodismo, enigma, credo espiritual pero también investigación científica asociada a cada cuestión, historias, asombro, realidad mágica hacia lo que siempre nos han contado y discernimiento lógico con todos los flexos encendidos. Reliquias (Grial, Sábana Santa), santuarios (Guadalupe, Fátima) y milagros, ánimas y luminarias. Tomemos un solo ejemplo:en Coria, pueblecito donde escribía Sánchez Ferlosio, provincia de Extremadura, se conserva el sagrado mantel sobre el que Cristo habría instruido el sacramento de la eucaristía. Los caballeros templarios lo llevarían hasta allí. Tras esconder el mantel en la catedral, aparecería en un arca tras unas reformas. Consta documentado que durante los siglos XV y XVI llegarían a Coria más de cuatro mil personas para venerarlo. El fervor perjudicó a la tela. En año 2000 alguien devolvió el último pedazo que consta, bajo secreto de confesión. No otorga milagros pero, sacada en procesión, puede traer laslluvias necesarias. Lino de Arabia, antigüedad superior a dos mil años, según un estudio realizado en 1960.
Díganmelo en serio: ¿Pueden ustedes seguir viviendo sin acercarse a Coria a contemplar el mantel donde Cristo partió el pan con su navaja de campo, echándose la melena hacia atrás y mesándose la barba, mientras se atizó un gran vaso de vino hasta el borde por él y todos sus compañeros? ¿Pueden pasar este verano ajenos al misterio? ¿A qué están esperando para comprar el libro de Lourdes Gómez y preparar la mochila en busca del prodigio abracadabrante, híspido e incognoscible? El miedo adelgaza. “¿Hijo mío, ¿qué estás haciendo?”. “Mamá, en Coria, viendo el mantel de Cristo”. “Déjate de bobadas y te espero para cenar”. “Mamá, Coria está muy lejos”. “¡¿En qué andarás tú, pedazo de granuja?!”.