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Las libaciones funcionariles de Ernesto Colsa

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
viernes 06 de julio de 2018, 20:38h

En la España megaeditada e hiperpublicada merece ir en busca del diamante desapercibido. El absentismo funcionaril, con sus hordas espirituosas por bares y tabernas, estados de lasitud que embriagan y desbragan a las señoras en eso de llenarse con compras y más compras, horas y más horas de asueto públicas y remuneradas quedan a la perfección tratadas y retratadas en la novela de Ernesto Colsa: Cieno (KRK Editorial). Jordi Sevilla, experto del Gobierno para la reforma de la Administración, lo dijo ayer muy clarito: “Hay que evaluar el desempeño de los funcionarios y que cobre más el que cumpla objetivos. No todos trabajan igual y, por tanto, no todos merecen lo mismo”. Se acabó la tarifa plana, se acabó el cafelito de tres horas a media mañana, se acabó fichar y me voy a caminar en chándal veinte kilómetros. Muchos jóvenes quieren todavía hoy ser funcionarios por eso mismo: la bicoca de no dar un palo al agua, los ingresos fijos y no sujetos a imprevistos, la silla caliente para leer el periódico a primera hora de la mañana, antes con el cigarrillo colgando del labio leporino y hoy todavía con las uñas sucias y los mocos feos. “Vuela usted mañana”, etc.

Vergonzosas fueron las grabaciones por toda España, desde Valencia a Barcelona o Madrid, de funcionarios en régimen de golfemia floreal durante el periodo laboral. No les controla nadie, fichar es algo antiguo y puede hacerlo cualquier sombra por ti, el golfo si es funcionario lo pasa de rechupete. Jordi Sevilla ya lo intentó poner en práctica con Zapatero pero le echaron antes de permitírselo, ahora va muy en serio, hay que cortar esta barra libre y despendole donde no faltan la peineta y castañuelas. Se necesita un baremo, un metro de medir, no puede ser que un señor que no rinde, y se prueba que así sea, cobre a fin de mes como el que se esfuerza hasta la excelencia desde su modesto puesto de trabajo y centinela del bien común. Sevilla habla de una minuciosa regulación de la función pública para que la profesionalización esté asegurada a nivel de hasta, al menos, una dirección general. Reducción de las cargas administrativas, en lo que a ciudadanos refiere, mayor digitalización, puede poner en marcha el tren funcionaril sin más impedimentos y a la brava, porque la lepra tiene nombre propia y Jordi Sevilla, lobo áspero y todavía más astuto, no deja de ponerle nombre por los largos pasillos del Congreso de Los Leones Traviesos: “El absentismo en la Administración pública es mayor que en el sector privado”.

Hojea y ojeo la novela de Ernesto Colsa (Cieno), que yo prologué, y me río con sus disparates: funcionarios borrachos a los que la rutina dispara y no obliga, asuetos que son fiestas y orgías, la barra libre del pueblo sujeto a directrices y ordenamientos como antifaces o enmascaramientos de otras dejaciones mayores y albañales donde el corto disimulo apenas ordena la maquinaria general de la regadera municipal. Es prosa rocosa, es sátira y tiene el lejano perfume del Valle-Inclán que huía de la pompa pública, del birrete y las bandas municipales adobadas de ignominia, burricie y mucho tocino. Aleixandre despreciaba de Gil de Biedma la risotada, tampoco le hacía ninguna gracia el rostro que era “como una patata recién sacada de la tierra” de Miguel Hernández, en palabras de Neruda, y eso que le quiso mucho, yo ahora que lo pienso jamás he conocido a un funcionario amigo del buen tono, los silencios elegantes, ajeno a la chapucería y el acabar rápido a la hora de corregir desaguisados, torpezas y mamposterías varias en frustradas y mendaces faenas de aliño ajenas a todo decoro. Meritxell Batet, ministra de Administraciones Públicas, habla de crucial la Oferta de Empleo Público para el año en curso, una vez aprobados los Presupuestos (tanta mayúscula es para intimidar): “Venimos de una época de crisis y de tasas muy limitadas que, si no queremos que se descapitalice nuestra Administración, pues tendremos que ir normalizando”. Da risa esta señora.

¿Qué se descapitalice la Administración? La sangría del Estado son las Autonomías, los gobiernos en minúsculas, y todo ese tinglado de funcionarios y más funcionarios que llaman a su madre por teléfono y están tres horas, otras tres con el pincho de tortilla y el vinazo, y tres más revoloteando por las rebajas a hora y pico de la garita de trabajo. Lean Cieno, no se asusten, llamen la atención al funcionario que no vean converso, el último que me hizo unas fotocopias con motivo del censo merece orlar sus palabras al final de este modesto articulito de final de semana: “Esto te lo hago yo en un periquete, rey… ¡Para chulo chulo, mi pirulo!”. ¿Seguiremos pagando vedettes semejantes con el dinerito de todos? ¿No será mejor, digo yo, que se lo pague su pirulo? Ya verán como sube el ahorro a plazo fijo, porque esa es otra, no meten la mano en el bolso ni en festivo.

Diego Medrano

Escritor

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