Se impuso al maratoniano estadounidense para acceder a su primera cita por el título en el All England Club.
Wimbledon ha vivido este viernes el segundo partido más largo de su historia y la semifinal de mayor duración jamás jugada en el All England Club. En total, Kevin Anderson y John Isner batallaron durante seis horas y 36 minutos. El sudafricano, de 32 años y 58 días, vencería al estadonidense por un maratoniano 7-6 (6), 6-7 (5), 6-7 (9), 6-4 y 26-24. De este modo épico el verdugo de Roger Federer facturó el billete para su primera final en el Grand Slam británico.
Anderson, finalista del US Open, fue el jugador con más fortaleza mental en un ajedrez de exigencia antómica extrema. El competidor de Johannesburgo se enfrentará el domingo al ganador del duelo entre Rafael Nadal y el serbio Novak Djokovic en base a un juego algo más versátil en el peloteo que su contrincante. Entendiendo que la paragidmática igualdad fue tal por la amestría de los dos tenistas en la suerte del saque. Se trataba de un intercambio de cañonazos.
El de Johannesburgo, primer surafricano en alcanzar la final de Wimbledon desde Brian Norton en 1921, tuvo que neutralizar los 53 saques directos que le asestaría Isner. El estadounidense amontonaría 214 aces en el torneo, batiendo el récord del croata Goran Ivanisevic, de 212, instaurado en 2001 cuando ganó el título convirtiéndose en el primer y único campeón que lo lograba como invitado especial. Esa exihición desde el servicio no fue suficiente ante el rocoso veterano.
La agonía se dipararía en el quinto set, cuando la norma del campeonato inglés que prohíbe el tie-break en esas circuntancias confeccionó el paisaje para que los dos jugadores defendieran su saque para sobrevivir a la falta de fuelle. Los plátanos y las chocolatinas que devoraban en cada parón entre juegos, aliñados con todo el líquido que pudieron ingerir, supusieron la gasolina de dos guerreros que se negaron a darse por vencidos y perder una oportunidad de tocar la gloria.
Acabarían siendo amenazados por la tormenta y rociados de una lluvia débil. Ese fue el marco por el que fluyeron los latigazos continuados, juegos en blancos al saque y algún que otro punto sensacional, como el que salvó Anderson en el tramo final del envite. El sudafricado se resbaló y cayó, pero tuvo la agilidad para, tras seis horas de sudor, levantarse con la celeridad suficiente como para devolver la siguiente bola y ganar el punto.
La tribuna se entregó, vibrante, al dramatismo. La pista central sabía que estaba viviendo un día histórico. Como el también protagonizado por Isner. El estadounidense fue uno de los dos comparecientes que estuvieron dando raquetazos 11 horas y 5 minutos, en la primera ronda de la edición 2010 de Wimbledon. El otro era el francés Nicolas Mahut. En aquella ocasión el marcador disparatado fue de 6-4, 3-6, 6-7 (7), 7-6 (3) y 70-68, Un total de 183 juegos. Este viernes sólo se disputaron 99.
El norteamericano declinaría en el juego 49 del quinto set, cuando daba señales de sufrir calambres en sus piernas y su gesto se resignaba a dejarse ir por salud. Tras el partido, declararía lo siguiente: "Estoy de acuerdo con Kevin. Creo que es una idea sensata utilizar el desempate. Es una larga discusión, pero yo estoy a favor de cambiar esa regla. Creo que es necesario". "Mi talón izquierdo me está matando. Tengo una ampolla terrible en mi pie derecho. He tenido días mejores. Unos días de descanso, quizás algo más y me habré recuperado", confesó.
Anderson, por su parte, no pudo celebrar su hito personal por puro agotamiento. Reflexionó ante la prensa que "el desempate en el quinto set protege la salud de los jugadores". "A lo mejor hay un término medio en el que podemos incluir un 'tie break' en el 12 iguales. Creo que sería un balance justo. Si un partido llega hasta ahí no creo que sea necesario continuar. Las veces que se llega hasta ese punto son muy raras. Creo que sería una manera de proteger la salud de los jugadores. Estar ahí fuera tanto tiempo puede ser perjudicial para la salud", sentenció, aunque saliera triunfal.