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WIMBLEDON

El resurgir de Serena Williams no basta: Kerber es campeona

sábado 14 de julio de 2018, 18:27h
La irregularidad de la estadounidense permitió volver a tocar la gloria a la alemana.

La final femenina de Wimbledon acogió dos renacimientos paralelos de dos jugadoras que llegaron a la cima de la WTA en algún momento de su carrera. La de Serena Williams fue la historia que más focos acaparó, pues la estadounidense, una de las mejores tenistas de la historia, no jugaba una final de Grand Slam desde hace año y medio. Pasado su embarazo había vuelto a jugar, peleando por sus derechos como madre que se incorporaba a su trabajo. El caso de la alemana se ceñía al ascenso y desplome mental de una jugadora talentosa.

Pues bien, en ese intercambio de trayectorias saldría victoriosa Angelique Kerber. Y lo hizo ofreciendo a la tribuna del All England Club su mejor versión. Dibujó un clínic de seriedad y consistencia que relegó a la Williams con celeridad al rol de sujeto pasivo. No obstante, rompió el saque de su oponente con velocidad, colocándose 2-0 a las primeras de cambio. La clase y el orgullo de la jugadora de EE.UU. no le permitió rendirse de forma precoz y reaccionaría.

Empató esa brecha, pero su nivel de juego no la permitió mandar en el compás del enfrentamiento en ningún momento. El ejercicio de autoridad de Kerber fue absoluto y resultó admirable. Domó a un gigante hambriento por medio de la concentración que la llevó a ganar a la menor de la Williams en el Abierto de Australia y el US Open de 2016. En aquella temporada, precisamente fue derrotada en la final del grande británico por Serena.

En esta ocasión no le dio oportunidad para crecer y la favorita jugaría incómoda hasta caer por 6-3 y 6-3, en sólo 65 minutos. El tercer título del Grand Slam catapulta su confianza y su fe en la reconquista del número 1, amén de convertirla en la primera alemana en triunfar en el All England Club después de Steffi Graf. "Es simplemente increíble. No puedo describir este sentimiento porque cuando era una niña siempre había soñado con este momento. Ganar Wimbledon es algo verdaderamente especial en mi carrera", confesó.

La jornada sabatina, por ende, supo a gloria a una Kerber que no pudo esconder su emoción cuando acabó el esfuerzo. "Después de 2017, creo que nadie esperaba que volviera tan fuerte, por eso, hacerlo de la manera que lo he hecho, ganando mi tercer Grand Slam, en Wimbledon, que ha sido siempre mi sueño, ha sido impresionante. Creo que hace dos semanas nadie podía pensar que llegara tan lejos", reivindicó una tenista que oficialmente está de vuelta.

Recordó la ganadora ver a Steffi (Graff) ganar muchos partidos". "Mis primeros recuerdos aquí son de ver a Steffi, ganar todos esos partidos, ganar en dos sets. Creo que se llevó siete títulos. Recuerdo verla jugar aquí de blanco. Wimbledon es especial, es tradicional. Ganar aquí es para siempre. Nadie puede quitarme el título ahora", expuso la jugadora de Bremen, que cuenta con 30 años y una convicción de la que había adolecido en su descenso a los infiernos.

Serena, de 36 años, que dio a luz hace 10 meses, a su primera hija Olympia, no tuvo fuelle para poder acometer la gesta de ser la cuarta madre en ganar en Wimbledon. Una relación que acaba con Evonne Goolagong, hace 38 años. La estadounidense asumió su derrota con deportividad y elegancia. Abrazó a Kerber y le mostró su admiración por la manera en la que ha recuperado su tenis. Una suerte de deja vu de lo vivido en esa cancha con Djokovic como protagonista. Quedó al borde de su octavo título individual en el torneo británico y de igualar a la australiana Margaret Court, con 24 majors.

El relato estadístico cuenta que Serena, considerada como la mejor sacadora que ha exisitido, perdió su servicio cuato veces. Sólo le dio para concatenar cuatro aces y arrancar un break a la germana. Quiso responder y fracturar el dacantar arriesgando más, yendo a la red con la intención de presionar. Allí ganaría 12 de las 24 incorporaciones, pero la losa de las imprecisiones fue demasado: amontonó 24 errores no forzados. Perdió con justicia ante una tenista que autografió cinco errores no forzados y asestó 11 ganadores.

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