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TRIBUNA

Sin pasado ni patrimonio

Natalia K. Denisova
sábado 14 de julio de 2018, 19:29h

La historia de España está en permanente cuestionamiento. Las instituciones la escriben y reescriben en los manuales, mientras que los medios de comunicación promueven la vigente visión del pasado. Nunca podemos estar seguros de que nuestro conocimiento o la interpretación de la historia coincida con la “permitida” por el poder central. Y con el nuevo gobierno de Sánchez menos que nunca. Dolores Delgado, la ministra de Justicia, anunció hace unos días la reforma de la Ley de Memoria histórica. Resulta sumamente alarmante su propuesta para impulsar “desde lo público” las exhumaciones y para crear una “Comisión de la Verdad” compuesta por “intelectuales” próximos al ministerio. Su papel consistirá en averiguar la verdad y poner el “sufrimiento de las víctimas” frente a la historia divulgada por el régimen anterior. Este es el anuncio inequívoco de que estamos sometidos ya a una dictadura de corte totalitario. Los que no están cercanos al gobierno pueden prepararse para lo peor, porque cualquier disidencia estará castigada si no por la expulsión, sí por el aislamiento. Lean o relean el Archipiélago Gulag de Solzhenitsyn porque la maquinaria empieza a funcionar aquí.

Por un lado, tenemos un enorme aparato que quiere remover las entrañas de la memoria personal e imponer una visión de la historia colectiva. Por otro lado, muchos lugares de interés cultural y que son patrimonio universal de la civilización europea yacen en el olvido y desolación. La política cultural íntegra y eficaz está ausente en las comunidades autónomas. Hay en Plasencia un convento de Santo Domingo convertido en el Parador nacional, que goza de buen estado de conservación. No se puede decir lo mismo del templo cofrade que está a su lado está totalmente deteriorado. Las bóvedas están dañadas por humedad y parece que después de la Francesada ha sido apenas retocado. El órgano del maestro Benito Baquero, quien ya en su tiempo, el año 1815, siguió la tradición anticuada del barroco, ahora es una pieza única que está en ruina. Se esperan las obras para la reconstrucción, pero estás no llegan.

En Coria hay otra pieza de gran valor histórico y simbólico. Su catedral alberga un valioso museo donde entre las obras y documentos únicos se encuentra la mayor reliquia del mundo cristiano que es el Mantel que cubría la mesa de la Última Cena. Además, va acompañada por la bula de Papa Luna, Benedicto XIII, donde la reconoce como auténtica reliquia. Siguen las disputas en torno a la autenticidad de este mantel, pero si conocemos las vicisitudes que sufrió, tendremos que reconocer su actual estado como el auténtico milagro. El mantel fue el epicentro del culto desde 1495. Una vez al año, el 3 de mayo, se le exponía al público frente a la catedral de Coria, con esta ocasión se organizaba la fiesta y la feria. Los devotos se frotaban con la tela y hasta la desgarraban, por lo cual se decidió cubrir con ello el altar, pero en 1791 lo retiraron y su culto decayó. Del fervor se pasó al olvido.

No ayudaron a la recuperación del interés ni siquiera el examen realizado por el Museo de las Ciencias Naturales de Madrid en la década de los 1960 que demostró su antigüedad, el siglo I, y que la tela coincidía con las que se elaboraban en Palestina en tiempos de Jesús Cristo. En el año 2006 se realizó otra investigación utilizando las últimas tecnologías para compararlo con la Sábana Santa de Turín. El resultado sorprendió porque el tamaño de ambas reliquias coincide y podrían haber sido utilizadas en la última cena siguiendo una costumbre judía según la cual se utilizaban dos manteles: uno para los alimentos y otro para protegerlos de arena o de los insectos. El sabio técnico del museo Óscar García Ballestero explica la historia de las piezas del museo con entusiasmo y fruición. No obstante, el Mantel pueda que existe en su integridad los últimos días. Las condiciones de su conservación no son nada adecuadas para la tela con esta historia. No hay apenas visitantes, en el mes de julio, porque nadie ideó algún programa de promoción turística, ni los pocos que vienen quieren pagar la entrada de 2 euros. Las autoridades que están informadas sobre la posible pérdida de la reliquia no se reconocen responsables y no conceden la financiación de una cámara especial.

Así poco a poco, entre la maldad y la mezquindad, perdemos un legado histórico y cultural único. Ni siquiera tenemos derecho a una memoria, el recuerdo personal, porque ahora todo debe pasar por las “comisiones de la verdad”. Un país que desprecia su historia se merece el gobierno totalitario de Sánchez, que hará bueno al contable Rajoy.

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