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CICLISMO

Tour de Francia. Una moto policial arrolla a Nibali, que tiene que abandonar

EL IMPARCIAL
viernes 20 de julio de 2018, 01:25h
Actualizado el: 20/07/2018 02:54h
El corredor italiano, uno de los reclamos de la prueba, sufrió una lesión en una vértebra.

Cada año se masifica más la subida a Alpe d'Huez. Las estimaciones más aproximadas y concienzudas a este respecto hablan del millón de espectadores agolpándose a ambos lados del estrecho pasillo que dejan a los corredores en buena parte de los 14 kilómetros que dura la dura y emblemática subida del Tour de Francia, con su icónico curveo. Además, el miedo por la amenaza terrorista ha generado una mayor presencia policial en esos arcenes improvisados en los que el espectador tiene una cercanía con su ídolo inusitada en otros deportes.

Pues bien, aunque casi siempre se registran maniobras que rozan la tragedia, movimientos del ciclista en máximo esfuerzo y del aficionado que quiere seguirle a plena carrera, en paralelo, son pocas las ocasiones en las que la efusividad global que emana esa carretera en los días grandes concluye en un perjuicio real para el profesional. Le ocurrió a Guerini, cuando un espectador se agachó para tomarle una foto cuando iba escapado y terminó por tirarle al suelo. El ciclista del Telekom acabaría ganando aquella etapa. Y entrando en la particular leyenda de este tipo de escaramuzas.

El caso es que en la ascensión al afamado coloso, prevista para la duodécima etapa del Tour de 2018, ha dado para paladear la peor cara del furor que coloca al Alpe d'Huez como un lugar más turístico por el aficionado ciclista que concurre cuando el clima afloja que por aquellos que gustan de los deportes de invierno. Y lo ha hecho con consecuencias terribles para la carrera y, en concreato, para uno de los nombres llamados a protagonizarla.

La cronología comienza con un episodio lamentable. Chris Froome viajaba como la tercera pieza del todopoderoso (y abucehado) Sky, por detrás del colombiano Bernal y del maiollot amarillo Geraint Thomas, comandando el grupo de favoritos, cuando un individuo de avanzada edad ha saltado de la masa agolpada en el lado derecho de ese pasillo para tratar de golpearle. La velocidad del ritmo marcado por el cafetero y la falta de pericia del señor mayor ha dejado la cosa en un ligero empujón. Y en una detención efectuada por lo gendarmes.

Pero no quedaría ahí la cosa, ya que cuando faltaban cuatro kilómetros Vincenzo Nibali fue arrollado por detrás, por una moto policial. La estrella del Bahrain Merida, que ya había tacado y tenía piernas para volver a hacerlo y complicar la papeleta al tren británico y a Tom Dumoulin -como se demostraría en su remontada que le dejo a sólo 13 segundos del vencedor-, sufrió un fuerte traumatismo costal. En el momento, con la adrenalina como analgásico, se subió a la bicicleta hasta cruzar a meta.

Allí atendió a los periodistas, que, entre la curiosidad y la estupefacción, le preguntaron por lo ocurrido, ya que la transmisión televisiva no dejaban claro lo acontecido. "Había dos motos de la policía en un punto de la carretera donde no había ninguna barrera. Cuando Froome atacó, fui tras él, luego nos alcanzaron y caí. No sé lo que pasó", describió el Tirurón, uno de los gallos que tienen el cartel de animadores de cualquier prueba por su estilo atacante cuando la carretera se empina. Todo se desarrolló en medio de la nube roja causada por las bengalas.

Nibali, que, resignado, señaló que "estas cosas pasan porque hay mucha gente y la carretera se estrecha", sería cuestionado entonces por si su equipo iba a pedir que asimilaran su tiempo al de los primeros, como ocurrió con Chris Froome en 2016. En aquel año, al británico le pasó lo mismo y tuvo que echar a correr, bicicleta en mano, por el Mont Ventoux. La organización decidió que el ganador de cuatro Tours no perdiera tiempo y le apuntaron el crono del ganador de la etapa. Consideraron que no era un lance de carrera natural.

El Bahrain Merida tocaría la puerta de la organización para poner una reclamación similar a la efectuada por el Sky hace dos años, pero no fue atendida. "Me levanté y me puse a perseguirles porque me sentía bien y mi estado de forma es bueno. Había atacado para probar a los demás, pero quería atacar de nuevo", arguyó Nibali para, a continuación, subrayar que no tenía claro que interpretaran su situación como hicieron con el inglés, "porque Froome iba entonces con el maillot amarillo". Acertó.

Mas, lo que no esperaba en ese momento fue la gravedad confirmada de la dolencia que le ocasionó la moto policial. Porque los dolores se multiplicarían al enfriarse y bajar las revoluciones corporales. Tanto que fue trasladado al hospital de Grenoble para ser sometido a un estudio radiológico y confirmar si tenía lesionada alguna vértebra. En efecto, el resultado arrojó una fractura en la décima vértebra. El final de su participación en este Tour. Con la sensación del pelotón, una vez más, de los privilegios del Sky, que ni se plantearon esperar al italiano tras el brete sufrido. Ensanchando la animadversión que les persigue desde que la UCI absolvió a Froome días antes de la salida de la Grande Boucle.

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