La política no es una ciencia exacta. Soraya Sáenz de Santamaría se defendía así...
La política no es una ciencia exacta. Soraya Sáenz de Santamaría se defendía así cuando, citando sin citar a Romero Robledo, aseguró: “En la aritmética política, dos y dos no son cuatro”. Prolongaba así Sáenz de Santamaría su gestión pública, presidida por un indeclinable voluntarismo político. En la votación pepera, dos y dos han sido cuatro. Y por eso ha resultado ácidamente derrotada. El Congreso del Partido Popular decretó la gran victoria de Pablo Casado, el dirigente que, entre constantes ovaciones, encandiló a los compromisarios con un discurso certero y convincente. Entre la paloma y el halcón, el candidato expresó con claridad lo que la mayor parte de los compromisarios querían escuchar de su boca.
“El éxito no son los hombres -escribió Montesquieu al defender El espíritu de las leyes- sino la unión de los hombres”. Pablo Casado ha integrado ya a los sectores más relevantes del Partido Popular, desde María Dolores de Cospedal a García-Margallo. Debe sumar ahora, si quiere consolidar su éxito, a Soraya Sáenz de Santamaría y a los que a ella siguen. El Partido Popular no puede prescindir de nadie y, aunque Soraya represente lo que unió a la mayoría del Congreso de los Diputados que no votó en favor de Pedro Sánchez sino en contra de Mariano Rajoy, Pablo Casado se apuntará su segundo gran triunfo si consigue atraer a los políticos anclados en la lealtad a Sáenz de Santamaría.
“Daría la mitad de mi imperio a la persona que me ayudara a gobernar la otra mitad”, dijo Pedro I, el gran zar de Rusia. El nuevo líder del PP reflexionará sin duda sobre esta afirmación reveladora. Los compromisarios del PP no le han ungido como César, sino como presidente democrático al que se exige el diálogo y la concordia, la mano tendida y la humildad.