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DESDE ULTRAMAR

De museos por Ciudad de México

Marcos Marín Amezcua
jueves 26 de julio de 2018, 20:07h

El sofocante ambiente político postelectoral que vivimos en México, no es óbice para que este verano los mejores museos nacionales ubicados en la capital federal acojan extraordinarias muestras, no defraudando en la espera por su apertura y en la satisfacción que provoca su recorrido. Acompáñeme, como cada año, platicándole lo que vi (porque sabe usted que los mexicanos, platicamos).

Conmemorando los primeros veinticinco años del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede, despliegan ambos un esfuerzo descomunal para montar en el Real y más Antiguo Colegio de San Ildefonso –de imperecedera impronta jesuita y reafirmado con el patronazgo de Felipe III– una magna exposición: “Vaticano: De San Pedro al papa Francisco: Dos mil años de arte e historia”. El mismo escenario acogió una similar en 1994, al iniciarse aquel acercamiento. Depara al visitante sorpresas de rica historia sacra.

Es extraordinario contemplar la excelsa tiara celebrante de los veinticinco años del pontificado de León XIII, papiros egipcios, cuadros de Tiziano y Rafael, indumentaria de la nobleza vaticana, el detallado repaso a los planos y prospectos arquitectónicos de la Basílica de San Pedro, el lucimiento inusitado de numismática papal, adminículos ligados al solio apostólico, grabados, estampados y lienzos de los pontífices, destacando dos mujeres autoras de imágenes de las más reconocibles de San Juan Pablo II y Francisco; flabelos, tronos pontificios y recamado vestuario eclesiástico de formidable hechura. El repaso es majestuoso y sumamente cautivador. El derroche va ligado a justipreciar siglos de técnica.

España está adecuadamente representada, así sea de una manera poco convencional, en los tesoros que ha trasladado al Palacio de Bellas Artes, la Hispanic Society of America. La institución hispanófila exhibe por primera vez en México un muestrario interesantísimo que nos recuerda en ultramar que ni España empezó con América y que en efecto, tales preciosos objetos hoy sería imposible venderlos a extranjeros y que abandonaran su país de origen. Claro, ahora el pasado se aprecia de manera distinta. No negaré que la expo hace mutis de cómo los estadounidenses con billetera en mano, compraron muchas piezas de incuantificable valor, tanto de arte español como hispanoamericano, lo indecible, y que fueron a parar a sus acervos neoyorquinos. Pero va, es lo que hay.

Exquisita presencia manifiesta en una hebilla visigoda, cálices segovianos, orzas poblanas o un mapa de Giovanni Vespucio, mercedes de Alfonso X El Sabio, arte romano o mudéjar, pinturas de Velázquez, El Greco, José de Ribera El Españoleto, Murillo, Zurbarán, Sorolla, Rusiñol y Francisco de Goya con una espectacular Duquesa de Alba –de un desplante y secretos mentales pictóricos, particularmente subyugante– junto con un original impreso de Sor Juana Inés de la Cruz o autógrafas de Carlos V y un carteo entre Felipe II e Isabel I de Inglaterra, que conforman con muchos más componentes, esta presentación que va junto con arte colonial de la América Hispana, y nos recuerda que parte de nuestra alma compartida está ¿indebidamente? en los Estados Unidos. E insisto: a veces no siguiendo los caminos más ortodoxos y no merece la pena siquiera negarlo.

El Palacio Nacional acondiciona un mezanine que ahora albergará objetos de la trayectoria de este importantísimo recinto, sede del poder político de México por casi 500 años. Heredero de las casas de Axayácatl, adquirido su solar a Martín Cortés, detentador de los privilegios de su padre, Hernando, en donde se dispuso los primeros órganos permanentes del gobierno de la nueva colonia española ya fraguada en virreinato, ahora presenta destacadas obras que cuentan por primera vez los anales del inmueble, ligado inexorablemente a la historia patria. Este bien montado entrepiso se suma a sus muchas áreas convertidas ya en museo de fijo.

Contiguo está el Museo Nacional de las Culturas del Mundo, que acoge una peculiar exhibición del vudú como sincretismo de la cultura haitiana, explicando de manera sencilla, vehemente, científica las características de este ritual como parte esencial de su identidad, que entrevera valores religiosos y cívicos de aquel país.

El espléndido Museo Nacional de San Carlos –receptáculo de la obra plástica y pictórica de la academia homónima (1781), hermana de la de San Fernando de Madrid– festeja su cincuentenario con una renovada museografía, reagrupando su colección y organiza sus “Evocaciones”, permitiéndome saludar de nuevo el peculiar cuadro “Felipe II como rey de Portugal” atribuido a Alonso Sánchez Coello (ca. 1581). Luminoso y extraño a los ojos de los españoles actuales, merece contemplarse, pues pertenece a los años más oscuros de El Prudente. Y posee otras joyas: retablos y tablas medievales, a Tintoreto, Berruguete, Rubens, El Españoleto, Van Dyck, Hals, Rodin, Seghers, Sorolla, Pigalle, Rivera, Gedovius, Juárez, Villalpando, Cabrera, Herrán, grabados de Goya, Pelegrín Clavé y otros autores que enriquecieron el acervo artístico de la Nación en el siglo XIX mexicano. Es una pinacoteca asentada en el Palacio de los Condes de Buenavista, el único que posee un patio oval de la América colonial hispana. Siempre recomiendo su visita. Ahora contiene también una sección temporal del Rococó, que nos acerca al siglo XVIII, incluyendo una “Vista de Aranjuez, s/f, de Giuseppe Zais. Es mi galería favorita, mientras no regrese reabriéndose, la inigualable aunque discreta, del Museo Franz Mayer, que es regocijante.

Justamente, el Franz Mayer se decantó por la Virgen de Guadalupe, conjuntando arte y devoción en torno a las apariciones de la Señora y la Insigne y Nacional Basílica que la resguarda y que inspira el fervor popular traducido en diversas manifestaciones artísticas de toda índole, de las más humildes a las sofisticadas.

El Museo Nacional de Arte rinde un homenaje a Carmen Mondragón. La artista mexicana ligada a la pintura y a la fotografía, es una expresión clara abriéndose paso en un mundo dominado por varones –Rivera, Siqueiros reivindicando a la mujer mexicana revolucionaria de principios del siglo XX. Su obra es peculiar y denota su deseo febril de abrirse paso ganándose un lugar en tan difícil ambiente. La muestra calla que su padre traicionó al presidente Madero, lo cual es inexplicable, pues la historia es lo que fue y el general Mondragón en contraste, es el inventor de un prototipo de rifle que es un aporte de México al mundo castrense.

La primavera nos dejó la expo provisoria de la artista británica surrealista Leonora Carrington, cerrando la conmemoración de su centenario en el Museo de Arte Moderno, en tanto se consolida la nueva sala permanente reestructurada del Museo de Historia Natural, poniéndolo a la altura del siglo XXI, con alta tecnología.

Termino. No obstante que la Ciudad de México rivaliza con alguna otra urbe por ser la que más espacios expositores registra en el mundo, de toda índole y características, se la señala porque no se frecuentan. Yo no lo considero así porque, sus renovaciones museísticas temporales atraen y mucho y suelen abarrotarse. De forma tal que gozan tales sitios de cabal salud en el interés del publico, ávido de novedades con calidad, que por fortuna son ofrecidas de manera constante.

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