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TRIBUNA

Del pasado al porvenir

Juan A. Hernández Les
sábado 28 de julio de 2018, 19:31h

A vueltas con la educación y con la ética para las que sí hay bibliografía aunque las coetáneo- ministras no se enteren. Nos encontramos ante una situación que parece una prolongación de tiempos anteriores, Lo veía Unamuno, y después lo vio Ortega, Marías y Garagorri, La misma huella que podemos sentir algunos entre lo que hemos hecho y lo que aún quisiéramos hacer, pues la historia de una vida, decía Paulino Garagorri, que no sea un azaroso montón de acontecimientos, es la más sistemática de las realidades; esa huella digo, enuncia a su vez el hueco inmaterial de posibilidades que toda vida tiene

Es verdad, cada vida implica una doble trama: los hechos y las posibilidades. Hay ahí un problema ético, es decir, un problema de equilibrio que Kierkegaard resolvió por medio del concepto de expectativa. La expectativa sería el hilo entre ambos extremos, pues la muerte no es la cesación de la vida, sino la privación de nuestra existencia restante, Deberíamos entender esta ligazón entre el pasado y el porvenir que la educación actual no resuelve. Como decía Karl Kraus educación es algo que reciben los más, que muchos transmiten y pocos tienen.

La pregunta que podemos hacernos tiene que ver con Camus: ¿a qué viene ponerse a escribir en el mundo de hoy? Si nuestros absurdos y menudos editores hubieran leído a Blanchot, sólo a Blanchot, no nos preguntarían por qué queremos escribir, se lo preguntarían a aquellos que difunden, sin que hayan presentado previamente una frase, una palabra, convincente.

Yo empiezo por aceptar la tesis de Garagorri: todo lo que está por delante está abierto a que yo lo pueda coger. Con uno no puede acabar más que la muerte. Mi mundo feliz aún lo he de procrear. Esto es lo ético. Quizás sea Los justos lo primero que hemos olvidado de Camus, la vuelta de los inquisidores, que amenazan con restablecer el reino de la muerte. Están tan seguros de sus juicios que se arrogan esa responsabilidad, esa fascinación por la violencia que ha vuelto al discurso político, sea populista o nacionalista. Hace más de sesenta años Camus cuestionó el relativismo, y el relativismo ha vuelto.

La rebelión de las masas ya ha producido la toma del poder, de ahí que el individualismo, después de una rampante persecución, haya sido derribado en aras de una feliz socialización que lo ha inundado todo. Estos derechos del hombre de los que tanto se vuelve a hablar ahora fueron históricamente individuales, y ahora sólo pueden ser colectivos. A los jóvenes ya se les determina de antemano qué van a ser. Muchas vidas, escribía Garagorri, son tristes caricaturas de sí mismas, de sus efectivas posibilidades, y uno de los ingredientes de ese común fracaso es el imperfecto o nulo conocimiento que de sí mismos obtienen los individuos de sí mismos. Un hombre que no se conoce bien es un ser deficiente en la índole de su vida misma.

Unamuno, escritor básicamente religioso, observaba el mundo contemporáneo con tristeza. La gente de hoy debería retomar a Schleiermacher si quiere saber qué es lo que se dilucida hoy en el aula. Para él la experiencia religiosa es el sentimiento de una relación de dependencia con algo superior a nosotros, y el deseo de establecer contacto con esa misteriosa potencia, resultará que la religiosidad es una parte integrante de la cultura, y su presunta omisión en la vida contemporánea delata torpeza y falta de vigor mental. Y, además, ignorancia respecto del estado científico de la cuestión.

Juan A. Hernández Les

Historiador

JUAN A. HERNÁNDEZ LES es historiador.

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