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TOUR DE FRANCIA

Kristoff vence en París y Thomas festeja su primer Tour

domingo 29 de julio de 2018, 19:18h
Dumoulin y Thomas completaron el podio, con Sagan como maillot verde y Alaphilippe, campeón de la montaña. Clasificaciones

"Es increíble. Me tomará un tiempo asimilarlo. En las últimas vueltas tenía la sensación de estar flotando. Tenía la piel de gallina. Ver el apoyo con las banderas británicas y galesas... Es irreal. Es el Tour de Francia. Llevar el maillot amarillo es un sueño. Con los compañeros nos mantuvimos unidos en algunos momentos difíciles, pero fuimos los más fuertes", manifestó un emocionado Geraint Thomas, flamante nuevo ganador del Tour de Francia.

Este gregario eterno tuvo la oportunidad de mostrar su clase y consistencia al fin, con 32 años, cuando su jefe de filas fue acorralado por las sospechas de dopaje y erosionado por la ambición de ganar Giro y Tour en un mismo año. Entonces, este excompañero del futbolista del Real Madrid Gareth Bale en el Whitchurch High School de Cardiff despuntó en todos los terrenos para tocar gloria. Y, de paso, ampliar el monopolio de británico en la Grande Boucle, con siete triunfos en las seis últimas ediciones.

Su líder y amigo, Chris Froome, se tuvo que conformar con la tercera plaza, arrancada al valiente Primoz Rogic en la contrarreloj de este sábado. El referente del Sky, que encontró en Bernal a una perla de 21 años por explotar, naufragó en la montaña y las caídas limaron un rendimiento que sólo reultó reconocible en la postrera lucha por el crono. Esa que confirmó a Tom Dumpolin como el mejor especialista del planeta y el segundo de esta prueba.

"Conozco a Geraint desde hace diez años y vivimos muy cerca y entrenamos juntos. Ha participado en mis victorias y es evidente que si estaba en el podio iba a estar muy contento. Sabemos que cuando luchas contra el resto para ganar es importante estar unidos y ha sido increíble como lo ha hecho el equipo, aunque con la bicicleta ha sido más difícil que otros años", admitió el británico de origen keniata, que rozó el gusto de ganar una etapa precisamente en el oasis disfrutado en la mencionada crono.

Justo ese discreto gusto, el de obtener una victoria parcial, es con lo que han tenido que contentarse el Movistar y el ciclismo español. La estrategia de colocar a tres líderes en plantilla no funcionó para el ecuadrón dirigido por Unzue. Mikel Landa lo intentó, resplandeciendo en fuga pero fuera de la dinámica con los mejores (acabaría séptimo en la general). Un desempeño muy parecido al puesto en escena establecido por Nairo Quintana, que acabó entre los diez primeros con la solitaria luz del triunfo en una jornada pirenáica. El bloque navarro, en cualquier caso, subiría al podio al ser el mejor equipo.

De igual modo, el zarpazo de Omar Fraile representa la única victoria española de este Tour. El todoterreno vasco del Astana lució la astucia y las piernas que no tuvieron otros compatriotas que se acercaron al triunfo sin rematarlo, siempre en fuga. Lamieron el poste Alejandro Vaverde y los combativos hermanos Izaguirre. Estos tres peones, de responsabilidad secundaria, se unieron a Marc Soler y Mikel Nieve como los nombres destacados del ciclismo nacional.

Mejor panorama asoma para la cantera francesa. El doblete y el maillot de la montaña conquistados por Julian Alaphilippe y el maillot de mejor joven logrado por Pierre Latour lo refutan. Esta suerte de nuevo Virenque hizo las delicias de la tribuna local en una carrera en la que los problemas con la seguridad sacaron de carrera a las primeras de cambio a Vincenzo Nibali y a Richie Porte, dos candidatos a todo. También se viviría una huelga de agricultores queparó el transcurso de una etapa y el humo de las bengalas en los Alpes que confluyó en la cima de la tensión contraFroome.

Y, por otro lado, se asistiría a la detonación de la nueva generación de velocistas, con Fernando Gaviria y Dylan Groenewegen -dos victorias por barba- peleando de tú a tú con Peter Sagan -triplete y maillot verde-, John Degenkolb, Arnaud Demare y el ganador en París, Alexander Kristoff. El abanico de sprinter parecería haberse abierto, como el de gallos en pos de la victoria final. El acierto organizativo que ha significado incluir un tramo largo de pavés, una etapa explosiva de 65 kilómetros y y una contrarreloj por equipos de distancia considerable ha redundado en un spectáculo que tiende a igualar fuerzas. Si el Sky lo permite.

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