Un extraño diálogo
lunes 21 de julio de 2008, 22:51h
Nadie desde el Gobierno ha explicado a la opinión pública la razón de ser de esa extraña Conferencia sobre el diálogo religioso que se celebró en Madrid la semana pasada. Organizada por Arabia Saudí -uno de los más intolerantes países islámicos, si no el que más- no puede por menos de llamar la atención que, con su rey al frente, los saudíes se vengan hasta la hipertolerante capital de España a fomentar un “diálogo” del que allí no hay ni la menor traza. Tampoco se puede entender que el Gobierno español se pliegue a estas extrañas iniciativas que, conocida la trayectoria de aquel país, tiene todo el aspecto de un ejercicio de hipocresía diplomática. La reunión, además, implica, de entrada, aceptación de las dogmáticas premisas islámicas, que niegan la separación entre política y religión. En nuestro mundo occidental el diálogo interreligioso corresponde a los líderes eclesiásticos y se concreta en lo que los cristianos llaman ecumenismo, que ya no se limita a las diferentes confesiones cristianas sino que se extiende, al menos desde Juan Pablo II, a otras religiones, especialmente a las monoteístas. Al aceptar la celebración en Madrid de esta conferencia en la que han participado reyes y políticos, se acepta la idea musulmana, que no diferencia entre religión y política. Esto debe ser lo que se entiende desde el Gobierno como Alianza de Civilizaciones.
Resultan poco creíbles algunas informaciones que atribuyen la elección de la sede madrileña al deseo de la familia real saudí de distanciarse del intolerante clero wahabí. En aquella familia real, compuesta por más de mil príncipes, hay de todo y algunos de sus componentes son bien conocidos por sus vinculaciones con los sectores islamistas más radicales, a los que financian generosamente y que serias investigaciones han conectado en ocasiones con Al Qaida. Estaría muy bien que el rey Abdelaziz tratara de superar el intolerante y represivo wahabismo tradicional pero para ello no hace falta que venga a Madrid. Es en su país donde tiene que afrontar la tarea. Pero, además, si la conferencia hubiera sido una manifestación de eso que llaman “el islam moderado” no se habría invitado a algunos de los intelectuales musulmanes residenciados en Europa y bien conocidos por sus posturas radicales.
Quienes están a favor de estos extraños diálogos deberían leer algunos de los libros que analizan con detalle las tácticas de penetración islámica en Europa y los definidos objetivos que persiguen. Sigue siendo del máximo interés la documentadísima obra Eurabia. The Euro-Arab Axis del que es autora Bat Ye’or. Pero acaba de aparecer en España un libro muy accesible Islamistas y buenistas. Escrito de acusación (Ed. Gota a Gota) del que son autores la ministra danesa de Bienestar e Igualdad, Karen Jespersen, y su marido, Ralf Pittelkow, columnista de de un periódico de Copenhague. A partir de una obra de Max Frisch, que (con el nazismo al fondo) es una reflexión sobre cómo una sociedad puede dejarse dominar por los que no tienen más objetivo que destruirla, los autores analizan cómo el islamismo va ganando posiciones en una Europa incapaz de defender sus valores tradicionales por una mal entendida bondad “que no responde a profundos principios morales sino a la voluntad de evitar conflictos”. El resultado es una Europa que renuncia a hacer efectivas sus normas, que establecen la igualdad de todos los ciudadanos antes la ley, y que cede ante la presión creciente de unos islamistas cada vez más organizados y más crecidos. Europa se equivoca si cree que el único peligro es el que representa el terrorismo islamista o yihadista. Más peligroso es ese otro islamismo, erróneamente etiquetado como “moderado”, que persigue los mismos objetivos aunque lo haga de un modo aparentemente más pacífico. El análisis detallado del caso de las caricaturas de Mahoma, que hacen los autores de este último libro, descubre el verdadero rostro del islamismo que utiliza la amenaza y de violencia cuando lo estima oportuno y que va ganando posiciones en muchos países europeos. Por cierto, que estos autores señalan el papel fundamental que desempeña Arabia Saudí en este proceso: “Prestó apoyo a actividades islamistas en muchos países y su propaganda a favor de un islamismo estricto en forma de wahabismo contribuyó a la formación de una identidad musulmana transfronteriza”. ¿Qué diálogo puede establecerse con quienes prohíben en su país el menor atisbo de libertad de culto (no ya edificar iglesias, sino portar una cruz al cuello o una Biblia en la maleta), mientras aquí reclaman cada vez con mayor exigencia e impertinencia un privilegiado reconocimiento?
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Catedrático de la UCM
ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular
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