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¿Vuelve la Guerra Fría?

lunes 21 de julio de 2008, 23:35h
Que el nuevo orden geopolítico no es el mismo que el de hace pocos años resulta evidente. Atrás quedan los tiempos de la Guerra Fría, que mantuvo en vilo al mundo durante tantos años. Hoy ya no existe la bipolarización en los dos bandos que antaño representasen la OTAN y el Pacto de Varsovia, toda vez que éste último, de seguir existiendo, vería mermado el número de algunos de sus integrantes que se han pasado al “enemigo”. El desmembramiento de la antigua URSS dio paso a la CEI, entelequia que apenas pudo sostenerse, una vez que el Muro de Berlín había dejado de ser barrera de contención de libertades. Rusia debía digerir setenta años de comunismo sin perder el tren de la modernidad, y lo que era más importante, sin apearse de su papel preponderante en la escena política internacional.

Los problemas a los que ha tenido que hacer frente Moscú desde entonces son de una complejidad extrema. Putin -sigue siendo el que manda, por mucho que se esfuerce en esconderse tras Medvedev- ha echado mano del orgullo nacional y los símbolos de la vieja Rusia para devolver a su pueblo un orgullo herido por un mundo entregado al capitalismo. A Rusia no le hace falta consumir tanto petróleo como a Estados Unidos, y además, posee ingentes reservas energéticas. De hecho, se permitió dejar sin suministro de petróleo a la República Checa, una vez que ésta hubo emplazado en su territorio bases del llamado Escudo Antimisiles. Rusia ve con recelo cómo su rival americano se ha apresurado a atraerse hacia sí a países del antiguo Telón de Acero -la propia República Checa y Polonia son dos ejemplos palmarios-, y empieza a mover ficha. Escocida aún por la independencia de Kosovo, en un claro triunfo de la diplomacia de Washington frente a la moscovita, reacciona con una jugada que recuerda a la crisis de los misiles cubanos en 1967. Así, las autoridades rusas estudian el regreso de aviones militares a Cuba, como respuesta al ya mencionado Escudo Antimisiles. A día de hoy, no parece probable una escalada militarista, cuyos costes económicos y de otra índole a ninguno convienen. Aún así, parece atisbarse una tensión que muchos creían superada. Ojalá las reminiscencias de la Guerra Fría se queden en los libros de John Le Carré e Ian Fleming.
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