Somos lo que somos, una farmacia de guardia siempre abierta, una urgencia por el lenguaje más que por la vida, sintaxis como facultad del alma, verbo en llamas, el arte combinatorio de las palabras en el mejor juego, donde espíritu y cuerpo son solo uno. Ante la felonía de los nuevos planes terroristas, siempre viejos, cinco libros de urgencia y a gollete. Primero la crónica desde dentro del Islam por Morten Storm, islamita radical los primeros años y agente de la CIA los ulteriores: Mi vida en Al Qaeda (Península). Segundo, la cata de Gabriel Albiac en el terrorismo reciente francés: Alá en París (Confluencias). Tercero, el deslumbrante libro de Ignacio Cembrero sobre los musulmanes en territorio nacional: La España de Alá (Esfera de los Libros). Cuarto, la garra de la periodista española Alexandra Gil acerca de las madres de los criminales y sus testimonios letales: En el vientre de la Yihad (Debate). Por último, un plato fuerte, un premio Pulitzer, el verbo del periodismo radiado de velocidad y prospectiva/perspectiva de acontecimientos: Los años del terror. De Al Qaeda al Estado Islámico (Debate). Cinco libros, cinco tragos, toda la información sobre la problemática ingente y sin solución estatal que nos ocupa.
Sabemos ya lo gordo: se pretendían tres atentados simultáneos, el Camp Nou, Torre Eiffel y una discoteca gay de Sitges. Seguimos obviando lo fundamental: no son islamitas sino españoles, es el puro islam criado aquí y a todos los efectos de aquí, pero solo como disfraz social, callejero, porque la verdad va por dentro y en la coraza o bunker de sus cuartos íntimos. La solución no es tratar el problema desde fuera sino desde dentro, ese es el mensaje de Cembrero en sus páginas insustituibles y visionarias. Están aquí, no lo parecen, y eso es muy difícil de combatir con los medios a disposición. ¿Riesgo de repetición de un nuevo Bataclan? Por supuesto. El mensaje de uno de los terroristas felones y frustrados no da lugar a dudas: “Somos los soldados del Estado Islámico”. La enfermedad está latente, la semilla está implantada y ha crecido, es cada vez más difícil derribar la planta, si salimos a la calle y somos todos ojos, tras el tiempo más demorado del mundo, resolvemos que no sabemos quiénes son. Puede ser cualquiera. Son españoles a todos los efectos, y ese que va con ellos, aunque no sea de aquí, no destapa la liebre, puede ser un amigo, un familiar, un estudiante nuevo en el colegio, el primo que viene de lejos, el tío del hermano, etc.
La prevención es aún más peligrosa que la solución. Exige paciencia, ir piso por piso, ir individuo por individuo, edificio por edificio, separar las lentejas en la mesa dedo a dedo, inmunes a la pereza o lasitud, y así igual encontramos algo, pero es muy difícil. No queda otra que seguir trabajando, redes sociales, filtros telefónicos de toda categoría, labor lenta de espionaje, persecución ordenada sin apurar los pasos; tener claro un axioma, la realidad auténtica, que buscan lo mismo que en las Torres Gemelas: simultaneidad de atentados y que el mundo se entere de quiénes son. Hay, por debajo de todos los males, lo que es una llamada general de atención y, por medio de tal llamada, es la única manera de que caigan en el cepo. La clave es la notoriedad, ese boom gigantesco al mundo entero, que al mismo tiempo les sirve a ellos de martirologio honorífico, honorable, heroico.
Simultaneidad y notoriedad son los vehículos para atrapar a quienes son una amenaza para todos. El enemigo somos todos: América y Europa. Y están cerca, no lejos. Y a todos los efectos, como demuestra Cembrero en su magnífico libro y no me canso de repetir en estas letras, son de aquí. La pista no puede ser asediar o ir tras lo foráneo, no tiene sentido. La dirección debe ser lo contrario: en lo nativo vive y arde en la oscuridad, sordomuda en la penumbra, la viña enferma y purulenta para el resto de uvas. No tienen prisa, ni beben ni toman drogas, la paciencia con el Corán es exigencia de vida a cada instante, la templanza es su riqueza. Los nuevos soldados de Alá son los mismos de siempre y se les puede dar caza si, por fin, somos otros.