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GARRIGUES EN EL TEATRO

sábado 04 de agosto de 2018, 18:01h
¿Es la muerte el silencio de Dios? Jacques Maritain, en Apporoches de Dieu...

Este artículo de Luis María Anson en el diario El Mundo ha sido reiteradamente comentado y reproducido en las redes sociales. Lo publicamos a continuación.

¿Es la muerte el silencio de Dios? Jacques Maritain, en Apporoches de Dieu, desasosiega su pensamiento para responder a este interrogante cruel. En El baile postrero, Antonio Garrigues expone la cuestión desde la fuerza del teatro. Tres personajes desgranan sobre el escenario el pensamiento del autor: Ay, qué larga es esta vida, qué duros estos destierros, esta cárcel, estos hierros en que el alma esté metida.

Antonio Garrigues, insustituible presidente del Valle-Inclán, premio de referencia del teatro español, estrena cada verano una comedia, enfrentándose con los problemas de la sociedad que vivimos. Delante de ella ha puesto el espejo de su sabiduría y su experiencia. Asistí a la representación primera de El baile postrero. El Actor 1 quiere que le escuchen “con inquietud interior”. El Actor 2 habla del silencio, “del silencio final, del silencio absoluto, es decir, del único silencio verdadero”. La Actriz detesta “a los que dramatizan con el silencio”. El Actor 1 siente asco de sí mismo y cree que el alma es un puro artificio, un refugio para la indignidad. La Actriz afirma que en la cara y en el cerebro “está toda la inmundicia” y que “lo único importante es el baile postrero” porque “la vida siempre sabe cómo ocultar el tiempo entre sus páginas y entreverlo en el cieno del olvido”. El Actor 1 espera descubrir un nuevo baile que se pueda bailar en las cercanías del acabamiento. El Actor 2 cree en “la posibilidad de gozar el glorioso silencio”. La Actriz piensa como Ovidio, que “ofrecer amistad al que pide amor es como dar pan al que se muere de sed”. El Actor 2 replica que “lo infinito y lo eterno son conceptos absolutamente inhumanos”. La Actriz se lanza: “Los hombres son pura mierda. Una mierda inservible, inodora, insípida”. El Actor 1 concluye que, al bailar el baile postrero, ya no tiene que sentir nada, “ni ser nada”. Se acerca así al ser para la nada, al ser para la muerte de Jean Paul Sartre. Y el interrogante permanece temblando sobre el escenario: “¿Es la muerte el silencio de Dios?”

Garrigues adelanta con paso firme al teatro del absurdo de Becket, de Ionesco, de Arrabal, y siente a ráfagas el aliento de Kafka. Carlos Rodríguez Braun, el Actor 1, trabaja como un profesional. Tomás Gaytán de Ayala, el Actor 2, hace una eficaz representación. Y Sofía Palazuelo, la Actriz, pasa la batería como un misil, vocaliza a la perfección, cuida del énfasis y mide con justeza la expresión corporal. Cautivó a los espectadores.