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TRIBUNA

Luis G. Montero: ya está bien que la poesía quede entre amiguetes

domingo 05 de agosto de 2018, 19:23h

Hace unas semanas el gran crítico y teórico literario Diego Medrano, que escribe, como yo mismo, para esta casa, abría un artículo titulado Ese bluf llamado García Montero. Estoy con lo de bluf y sobre todo en la frase principal y verdadera de su prestigioso y valiente honorabilidad a la hora de encararse con este Parnaso español que por ridículo ya suena demasiado a esta pléyade de sin vergüenzas: puede meterse todos los premios de Visor por el culo y catequizar a pájaros desorientados con las cacas prodigiosas de la grey y rebaño. Qué forma más culta y quevediana –Quevedo fue el gran poeta del Ano- de dejar bien clarito en este país de monjas prensiles y de bujarrones a sueldo lo que está pasando con la poesía y sobre todo con los premios literarios en esta Hispania, que, según ya nos avisó Catulo, sigue siendo sólo una Tierra de Conejos.

Luis García Montero, que del comunismo izquierdoso unido de Llamazares y sus medallitas políticas según el aire trotskista o neomarxista o engelsiano o hegeliano sonara, ahora –en una nueva manera de concertar el amiguismo- su amiguita del alma querida, Carmen Calvo, taurómaca, hermanita de José Calvo Poyato, catedrático de la Universidad de Granada -vaya hombre, como lo fue Montero, Luis, el poeta de las habitaciones separadas, cátedra a la que renunció por puyas y peleas que otro día comento- ah, y vicepresidenta del Gobierno socialista, le ha ofrecido la dirección del Instituto Cervantes en Madrid. Toma currículum de finolaína en la borrachera de los salones palaciegos de los aristócratas pulposos y fraternos y revolucionarios a nóminas millonarias. Eso es hacer carrera, no te jode.

Algunos estamos ya un tantito cansados de muchas cosas, de demasiadas quizá, por ejemplo de la otra sentimentalidad. Decía nuestro Larra sobre el sentimiento: El sentimiento es una flor delicada; manosearla es marchitarla. Luis G. M., hijísimo pródigo de Alberti, lorquiano sin Lorca –nunca he leído en él una metáfora surrealista-, el que quiso levantarle una Fundación a Ángel González y se topó con la hostia en su rostro bonachón de la mujer de aquél, Susana Rivera, quien le dijo de manera sospechosa algo así como: A mi angelito dejarlo en paz, que vosotros sólo hacéis que poesía entre amigos, sabe muy bien lo que es la amistad como forma de ir descartando a los que no ponen el Ano quevediano –escribió el gran don Francisco: Cágome en el blasón de los monarcas / que se precian, cercados de tudescos, / de dar la vida y dispensar las Parcas-.

Es curioso que casi todos los premios que edita Visor recaigan sobre los mismos perros pero con distintos collares. Ah, la amistad, qué bien se escribe con los cuatro whiskies de las cuatro mismas bocas. Dice un proverbio jamaicano: Si quieres saber cómo es tu amigo, túmbate al borde de un camino y simula que estás borracho. Dice un proverbio mongol: El victorioso tiene muchos amigos, el vencido, buenos amigos. Dice un proverbio serbio: No es en los banquetes, sino en las cárceles donde se puede saber si un enemigo es un buen amigo. Dice un proverbio turco: quien cae no tiene amigos. Dijo Publio Siro: Más amigos granjea la mesa que la inteligencia. Dijo Ramón y Cajal: O se tienen muchas ideas y pocos amigos, o muchos amigos y pocas ideas. Dijo Napoleón: El hombre no tiene amigos: los tiene su felicidad.

A Luis G. Montero, como nuevo jefe del insti Cervantes, no se le ha ocurrido otra cosa que la feliz idea casi primordial de abrir un centro en Washintong. Joder, pero si Trump es un globofóbico. Con Trump es imposible globalizar el idioma español, que en cuanto lo hablas te mete en jaulas como a los niños mexicanos, coño, a ver si empezamos a pensar con racionalidad y no con la otra sentimentalidad.

Y es que esto de la otra sentimentalidad es una chorizo de cantimpalo que se le ocurrió allá en los 80 a tres granadinos un tanto aburridillos de no saber qué coño inventar cuando ya todo está inventado. Vamos a ver, ¿a qué viene tomar como suyo una cosa que ya se hizo en los 50 por poetas con mucha más fe y testiculario a la hora de entender la poesía de la experiencia como algo que en esos momentos en que reinaba Paca la Culona –así llamaba Queipo de Llano, borrachito de anís, al Generalísimo- debía imponerse con urgencia desde el compromiso social, incluso como delito autobiográfico? Biedma, Barral, Marsé –éste para la novela- y así todo seguido, se quedaron estupefactos cuando Gabriel Ferrater, en aquellas borracheras barcelonesas, les dijo que a los 50 se suicidaría. El 27 de abril de 1972, Gabriel Ferrater se suicidó en su piso con una mezcla de barbitúricos. A lo Sócrates o a lo Séneca, con un par. Eso sí que es La otra sentimentalidad. Lo demás, niñerías de granadinos con hastío o complejos, como fueron L. G. Montero, Javier Egea y Álvaro Salvador, que se lanzaron con la tontería de lo ya escrito desde Safo con manifiesto y todo en El País.

Ay, si desde su panteón en Collioure levantara la cabeza don Antonio Machado y se cerciora que su Juan de Mairena, que tanto le costó hacer entender al gentío, a la basca, a los narcos de la literatura, fue tomado por estos tres granadinos que, pobrecillos con cátedra y todo y que no sepan diferenciar La nueva sentimentalidad de Mairena de su coitus interruptus. Ya el profesor Juan Carlos Rodríguez Gómez, quien según intuyo se le fue la idea a pescar camarones, enseguida dio vuelta atrás diciendo que la otra sentimentalidad murió al día siguiente por ultraje a las machadianas. Pero por ahí pululaban gentecilla inocente como Inmaculada Mengíbar, Aurora Luque o Ángeles Mora, todo muy andalusí y alumnado del maestro cojo y de Valladolid Dióscoro Galindo González, asesinado junto a Federico y dos banderilleros anarquistas. Ah, la amistad, el vino y los toros. España es Tierra de Conejos, que lo dijo Catulo.

Larga es la lista de los premiados que coinciden en amistades, lugares, jurados, premios, cenas de mesa camilla, erotismo literario como fetiche de ir dando por culo a los que no son del mismo pueblo, etc. etc. Si escribiera aquí la larga lista de Visor y los que coinciden como amigos y lameculos, esto no sería un artículo sino una nueva Crónica de una muerte anunciada.

Sólo un caso que fue sonado: en el Premio Ciudad de Burgos de 2012 dos preseleccionadores –que son los que se curran los 200 manuscritos- con un par de narices y cansados de todo lo que tanto Medrano como yo y muchos más que callan estamos alzando ya voces para que todo esto acabe, Ricardo Ruiz y Pedro Olaya, denunciaron la actitud que tanto la editorial Visor como algunos acreditados miembros del jurado, que presumen de ética, han puesto en práctica para premiar un trabajo que, dada su escasa calidad, no había sido seleccionado previamente y que no dudaron en incluir entre las obras finalistas para, sin recato ni pudor alguno, otorgarle el reconocido premio poético. ¿Saben ustedes ese año en Burgos quién era y de dónde era ese ganador del premio de poesía que ni siquiera había pasado la preselección y que el Magical Mystery Tour, haciendo trampas trampujosas se sacó de la manga? Hombre, otro jovencito granadino, un tal Daniel Rodríguez Moya, que con anterioridad ya había publicado en Visor y relacionado con la Universidad de Granada.

¿Te das cuen? Fistro. ¿Comorr? ¡Cobarderr¡ Eres más falso que el flequillo del Dioni. Eres más peligroso que un tiroteo en un ascensor.

Queridos lectores: ésta es sólo mi verdad –que no digo que sea la verdadera- y lo que pienso sobre lo que continúa pasando en este país en relación con la literatura, más especialmente con la poesía, y el amiguismo, la mamada, la violencia ética y una injusticia que algunos creemos que se debe detener lo más pronto posible. Por el bien de España. Y por el bien del Ano de Quevedo. Hasta luego, Lucas.

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