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Migraciones delictivas: ¡Vamos a robar en España!

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
miércoles 08 de agosto de 2018, 20:02h

Desembarca el barco Open Arms en Algeciras: el tercero o cuarto –pierdo la cuenta- que se rescata por razones humanitarias –en acción conjunta con las ONG, 87 personas a bordo- en aguas internacionales frente a Libia. El buenismo, la inocencia, la candidez melosa y almibarada, copan los medios. La literatura –lo sabían dos golfos maravillosos: Valle Inclán y Emilio Carrere- consiste en juntar dos palabras que jamás hayan estado juntas. No se habla de migración delincuencial, de migración delictiva (da lo mismo inmi- que emi-). No es un mero problema gramático o filológico: se habla, sí, de migración ilegal, que es estar de modo fraudulento en un territorio específico, pero no a lo que yo me refiero. Hablo de estar en un país con el ánimo de delinquir de forma deliberada, terca y sin remisión. No de trabajar sino de robar. Me decían jóvenes rumanos, senegaleses y marroquíes, con una sonrisa de dientes perfectos entre oreja y oreja, como una blanca y relampagueante rodaja de sandía: “Nosotros no venimos aquí a seguir de pobres. ¿Ganar ochocientos euros? Eso es una mierda. Nosotros venimos aquí a dar un pelotazo, a cambiar de vida, a enriquecernos. Y nadie se hace rico trabajando: el oro, que nunca se abandona por parte de la clase media, coches y propiedades caras, aparatos electrónicos… todo tiene una vida de segunda mano. Europa, además, no puede pasar sin droga”. ¡Toma ya!

Lo mismo vino a decir Rafael Chirbes antes de fallecer: “No hay riqueza inocente”. Existe, claro que existe, un tipo de migración (emi- o inmi-) que no quiere un bocadillo y un botellín de agua al llegar a la costa. Que no viene aquí a vender bolsos de imitación o discos piratas por los bares. Que no quiere ochocientos ni mil euros. Buscan el triunfo, salir de la pobreza, el gran salto, y hay quien tiene agallas para llegar a donde se ha propuesto por encima de la Ley, por supuesto. Los datos ya los sabemos y podemos cantarlos o contarlos en plena barbacoa veraniega: el 38 % de la inmigración a Europa entra por España. Hasta el 25 de julio, casi 55.001 migrantes, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). En estos siete meses las costas españolas han sido el destino de 20.992 migrantes llegados en patera a través del estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán. La cifra constituye el 38.61 % de los inmigrantes que han alcanzado Europa y es tres veces mayor que la del mismo periodo en 2017 (llegaron 6.513). En este mismo periodo de 2018, murieron o desaparecieron 304 personas en el mar, más del doble que el año pasado (124 fallecidos) según estimaciones de la OIM. El bocadillo, el agua, las atenciones médicas... todo lo tenemos claro, nadie lo duda, pero ahora viene la gran pregunta: ¿Y luego, qué?

La llegada masiva de migrantes ha provocado que el Gobierno habilite 30 millones de euros (vía Jean-Claude Juncker) para un plan de emergencia. 602 personas saltaron la valla en Ceuta de un solo embate. Diez guardias civiles, en la hazaña pasada, tuvieron que ser atendidos por trastornos respiratorios, quemaduras y otras lesiones leves al haber sido rociados con una sustancia tóxica. Cinco subsaharianos permanecen con profundas heridas y desgarros ocasionados por las cuchillas de las vallas. El hacinamiento, el colapso, las situaciones límite crecen ante los sudores de las ONG, voluntarios y representantes de las administraciones públicas junto a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Salvamento Marítimo ha tenido jornadas de rescatar a 864 personas en las zonas más calientes: Valencia, Cartagena, Mallorca, Almería, Tarifa y el Estrecho. El dinerito para asistir a los “sin papeles” se agota, las comunidades autónomas no se ponen de acuerdo para pactar el reparto de menores inmigrantes y, si seguimos con datos, los resultados son espeluznantes: refugiados (es decir, solicitantes de asilo, 31.731 en 2017, doble del año anterior), la llamada “nueva vía” (9.866, 220 diarios, solamente el mes de junio pasado) y las plazas o camas (8.000 en todo el territorio nacional, en su mayor parte centros de acogida, cantidad insuficiente frente a demanda).

¿Y luego, qué?, era mi pregunta. No olvidemos que el grueso del problema anterior son los africanos, pero quedan mucho más pueblos, mis amigos del principio: rumanos o marroquíes, por ejemplo. Solo creo en una migración: la que sigue los trámites de la Ley, la que concursa por documentos y no impone ninguna presencia física, la que es integración y no agresión. Se habla de 50 millones de africanos que están recabando dinero para poder hacer las rutas en las que las mafias les cobran entre dos mil y cuatro mil euros dejándolos a la deriva en ataúdes flotantes. Solo cabe una vía: la devolución express, en caliente, y blindar fronteras. ¿Es impopular? ¿No compra bolsas de votos sociales como es habitual en el populismo? Policía Nacional y Guardia Civil son insuficientes para la avalancha masiva, y Europa (también por la misma vía Jean-Claude Junker) ya dice que, ojito, porque no saben si van a poder intervenir. El problema de los malos sentimientos, venir a hacer el mal, es algo que no se ve, pasa igual que con los buenos, y hacer la criba no está a nuestro alcance. Les hablé a mis dos amiguitos de buscar, en mayúsculas, un Trabajo Digno, hacerse una Vida sin peligros añadidos, el más pequeño me lo dijo entonces mientras me daba palmaditas en la espalda: “¡Eso os lo dejamos todo a vosotros!”.

Diego Medrano

Escritor

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