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TRIBUNA

Impasse

jueves 09 de agosto de 2018, 20:04h

Tras la última ola de calor que ha establecido temperaturas máximas de más de 47 grados en algunos puntos y ha abrasado el país sin distinguir hechos diferenciales, ni derechos históricos, nos encontramos nuevamente en el desierto real de nuestra existencia política. Hay por ahí un presidente árido y gris, henchido de democracia, pero que no ha querido arriesgarse con las urnas y anda de aquí para allá – como cagajón por acequia – tratando de mantener el equilibrio sin estimar el coste. Mal asentado sobre las exigencias encontradas de unas izquierdas de diverso cariz y secesionistas de lo suyo, con un partido sin otro sentido que mantenerse en el podio y que, sin atender al calor, ha decido comenzar una era histórica: España, año I. ¿España? No se engañen, el punto cero ha de ser otro: Repúblicas ibéricas, año I de la Victoria. No me digan que no tiene el valor futurista del NO-DO. No alcanza a pesadilla sino a sueño mal soñado: sobado, manoseado y viejo.

El asimismo viejo debate entre socialdemocracia y socialismo revolucionario, entre la revolución y la reforma parlamentaria se quiere resolver por las bravas mediante una revolución parlamentaria o institucional, venida de las alturas en que habitan los señores de la verdad, gobernantes de la opinión desde la prensa histórica o los nuevos medios de masas. El PSOE, desde hace tanto tan lejos del marxismo, se parece cada vez más a un partido de la revolución institucional que, auténtico conocedor de la voluntad popular, puede suministrarle lo que precisa. Así puede Sánchez afirmar sin rubor, signo de la vergüenza, que por fin “los españoles tienen un gobierno que los representa”. Habida cuenta del número de escaños que ostenta ha debido querer decir que el gobierno está dispuesto a arrastrar a la sociedad, es decir a “representarla” como su chulo o su proxeneta, para hacer con ella lo que desee y cobrarle por derecho la tasa que merece su valiosa protección. Sin duda irán así gobierno y sociedad en la misma dirección. ¿Y en qué dirección? Porque también dijo el presidente que tiene una hoja de ruta.

Nos permitirá dudar de la validez de semejante “hoja de ruta”, algo menos que un programa y algo más que una intención. Dudamos de su validez por la sencilla razón de que, en el umbral de la nueva era, estamos ante terra incognita. Es lo que tiene querer hacer un orden de nueva planta, nadie sabe qué puedan ser las repúblicas de esa federación ibérica salvo que no quieren heredar España puesto que parten de la negación de su continuidad: rechazan su tradición y pretenden instituir otro mundo posible. Nada que ver con los experimentos de Nuevo Mundo que los españoles hicieran, estableciendo – mediante los imprescindibles ajustes – las viejas formas europeas, específicamente católicas, en la materia americana. Estos no serán experimentos de Nuevo Mundo – por usar la fórmula orteguiana – sino experimentos de Otro Mundo y esto, se quiera o no se quiera, tiene un sabor inextinguible a ultratumba.

Así pues el aparente presidente Sánchez es zarandeado por sus socios de aquí para allá y él mismo devuelve el vaivén aduciendo el coco de la derecha que es, de hecho, una estantigua adornada de másteres pero de escasa potencia y poco aguerrida. Con la boca llena de España pero el corazón europeísta (no europeo), su España para lucir en el ojal es otro reclamo para atraer a un votante pánfilo, perfumado de modernidad. La situación recuerda otras de nuestra historia reciente y su punto de ignición depende, hoy como siempre, de factores circunstanciales o externos cuya condición compleja disculpará aquí cualquier comentario.

Con la radio televisión pública en manos de una izquierda vanamente libresca y el gobierno pendiente de la añagaza secesionista, con el país abrasado y necesariamente sumido en la siesta, el presidente gozará de unos días de calma en ese asombroso paraje de raíz colonial y de alto valor cinegético que es el Coto de Doñana, otra realidad presente que sería imposible sin la política de investigación y ciencia de los gobiernos de Franco. Y de nuevo Franco, el morador sin paz del Valle de los Caídos que se quisiera exhumar, porque para iniciar una nueva Era siempre es preciso reinventar el pasado, empezando por quebrar su continuidad. Sea. Y veamos en qué pueda consistir la gran federación peninsular, el apéndice sur de esta Europa de sus esperanzas y nuestras tribulaciones. Entretanto disfruten de los largos días del verano y del impasse que su severidad impone en esta tierra quemada.

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