www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

FRACASÓ EL SECESIONISMO, TRIUNFÓ EL REY DE TODOS LOS CATALANES

viernes 17 de agosto de 2018, 11:34h
El secesionismo pretendía organizar la marimorena contra el Rey, es decir, contra España, con motivo del...

El secesionismo pretendía organizar la marimorena contra el Rey, es decir, contra España, con motivo del aniversario del atroz 17 de agosto del año pasado. Los independentistas querían impedir que el Rey pisara suelo catalán. Estaban dispuestos a ocupar las calles. Les importaban un pito las víctimas del terrorismo. Aspiraban a que el 17 de agosto se convirtiera en una fiesta del secesionismo. Durante semanas desencadenaron una gigantesca campaña de propaganda con el fin de provocar una gran reacción popular.

Y bien. El Rey de España, el Rey de todos los catalanes, el Conde de Barcelona, asistió con toda normalidad a los actos conmemorativos. Ondearon las banderas de España y la muchedumbre gritó con intensidad ¡Viva el Rey!, atronando los oídos del presidente marioneta Quim Torra. Fracasó, en fin, el secesionismo y triunfó la normalidad constitucional.

Felipe VI, acompañado de la Reina, estuvo, como siempre, sereno y tranquilo, demostrando un completo dominio de la situación. Cumplió su deber institucional conforme a lo que le solicitó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Los histerismos secesionistas se centran en el Rey porque es el símbolo de la unidad de España. Atacan al Rey para atacar a España. Y han encontrado respuesta en la ciudadanía catalana y en el buen sentido de un pueblo harto de las desmesuras secesionistas, harto de unos dirigentes manejados por el prófugo felón Carlos Puigdemont, que en muchos casos se envuelven en la bandera del independentismo con la pretensión de eludir la acción de la Justicia que les acusa por las mordidas, el 3%, las comisiones, las trampas y las corrupciones.

En plena canícula, el acto conmemorativo de una jornada atroz, protagonizado hoy por las víctimas del terrorismo, constituyó un éxito para la España constitucional y para la normalidad de una convivencia que jamás debió alterarse.