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TRIBUNA

La Nación degradada

lunes 27 de agosto de 2018, 20:46h

Los ríos de sangre que en el pasado corrieron entre los españoles no valieron para nada. El país está en ruina, sí, porque la Nación, los nacionales, o sea el pueblo llano, no es defendido por el Estado. El gobierno de España no ampara ni al juez que lleva la causa de los golpistas catalanes. Las rectificaciones del Gobierno son tan falsas como sus socios para llevarlos al poder. Otra vez, como en las peores etapas de la nuestra historia, estamos al borde del precipicio. Las pocas voces que vienen clamando, desde hace décadas, contra el proceso de degradación de la conciencia nacional han sido arrasadas por el furor, la rabia y el odio de los políticos, los intelectuales, los profesores, los periodistas y, en general, todos los que se dedican a la industria cultural y educativa. España, la nación española, desde el Gobierno hasta el más pequeño ayuntamiento, pasando por todas las melifluas Academias de la Lengua, la Historia, etcétera están en almoneda…

Nadie se engañe con los calores de agosto. Hemos perdido la segunda mayor ocasión que la Historia (sic) de España nos había ofrecido para crear una genuina conciencia nacional de carácter democrático. El desgobierno es total en Cataluña; el País Vasco y Navarra depende de los antiguos terroristas de ETA y los separatistas del PNV, y el resto del país tiene que pagar los desmanes de quienes no quieren ser ciudadanos españoles. El gobierno de Sánchez no es otra cosa que la representación de esa ruina: nadie sabe cuánto aguantará, puede caer mañana o, por el contrario, apalancarse en el poder hasta que el enfrentamiento sea total entre los españoles; las referencias nacionales de los ciudadanos son tan precarias que vivimos en estado de continua tensión, cualquier cosa puede pasarnos mañana por decir “soy español”, no digamos nada sobre lo que puede sucederle al que se atreva a limpiar el espacio público de símbolos que insultos contra España, nadie sabe si por criticar las leyes de Memoria Histórica irá a la cárcel o solo le multarán por ejercer el libre pensamiento… Nadie, en fin, sabe a qué atenerse con un gobierno que hoy dice una cosa y mañana la contraria.

El gobierno de Sánchez es el compendio perfecto de socialismo de rostro “humano”, indolencia rajoyana (de Rajoy), totalitarismo estalinista y secesionismo terrorista. Este Gobierno no tiene programa alguno, ni siquiera tiene presupuesto, sino que trata de fomentar el único designio del PSOE que no es otro, desde que Rodríguez Zapatero llegara al poder, que hacer trizas la Nación española. ¡No entiendo por qué se extrañan algunos de que el Gobierno no defienda al juez Llarena, representante de la justicia española, de los ataques de los delincuentes separatistas catalanes! Estamos ante un gobierno pseudo revolucionario que nos conduce directamente al enfrentamiento civil. El gobierno de Sánchez es la última representación del mayor proceso de desnacionalización que ha conocido un país en los últimos cuarenta años. Representa a la perfección la desaparición de una genuina Política nacional.

Sánchez ha llegado al poder para terminar lo iniciado por Rodríguez Zapatero y puesto entre paréntesis, cuando no alentado por los silencios miserables de Rajoy, durante los seis últimos años; decidan otros sobre cuál es más funesta: la indecisión hipócrita y cautelosa de Rajoy o la decisión arbitraria y al descubierto de Rodríguez Zapatero de cargarse un sistema político; pero yo siento mucha menos antipatía por los revolucionarios y golpistas que van de cara y a las derechas, que por aquellos “doctos” tecnócratas de la corrección política, dispuestos siempre a adaptarse a quien les dé mayores oportunidades de sacar provecho de la olla del Estado. El PP tiene tantas culpas como el PSOE en la destrucción de la conciencia nacional. Rodríguez Zapatero inició la demolición del sistema democrático y, ahora, Sánchez quiere terminar el trabajo con la extraordinaria colaboración de los separatistas catalanes y vascos y, por supuesto, Podemos. Acabar definitivamente con España convirtiéndola en un reino de taifas es el objetivo final de este personal. Nunca lo han tenido tan fácil como ahora…
¿Qué nos queda? Las protestas de los ciudadanos de Sanlúcar de Barrameda. Eso es lo único real. Salió Sánchez de su madriguera, acompañado de la señora Merkel, para saludar al pueblo, pero le le contestaron con unos gritos de protesta que se oyeron hasta en la luna. Tres veces quiso saludar a los lugareño y tres veces lo rechazaron . Esa realidad es inocultable. Los ciudadanos españoles, incluidos la mayoría de votantes socialistas, no le perdonará a Sánchez su traición a la nación. ¿Qué decir de la Oposición? Poco. Del PP no se fía ni Casado. Y qué decir de Ciudadanos, ay, solo me queda una pregunta: ¿tiene cuajo suficiente C´s para enfrentarse a ese designio histórico, casi un destino, del que los socialistas no se quieren apartar?, ¿será suficiente el correcto programa europeista de C´s para detener ese proceso de la desaparición de la nación española?, ¿cómo rescatará las bases de la nación en las que se asienta la Constitución?…

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