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Los tanques inquietos de Putin resoplan al galope

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
viernes 31 de agosto de 2018, 19:59h

Trump nunca ha sido el peligro, su laca es la del fantasma, su corbata roja la del foco de los medios, sus andares y formas las propias de quien gallea y busca notoriedad, pero es un niño pequeño que acaba firmando acuerdos con todo el mundo (la prueba, el último con Méjico). La astucia, la amenaza, el peligro, la bala del silencio y de la discreción, los planes insondables o herméticos siempre han estado en Putin, animal incognoscible y al acecho. Estados Unidos quiere ocupar las portadas de medio mundo pero Rusia prefiere perderse entre la muchedumbre o desconcierto para estar más a salvo. El sabio señala con el dedo la luna, según la fábula, y unos se fijan en la luna (Trump), capaz de acaparar focos y portadas, pero muy pocos en el dedo insignificante (Putin), que es ya el gatillo siniestro de media Europa.

El petardo anda suelto: Rusia realizará en septiembre las mayores maniobras militares desde la Guerra Fría (desde 1981). El ministro de Defensa, Seguéi Shoigú, explica que tendrán lugar del 11 al 15 de septiembre, sí, y discurrirán en Siberia oriental y el Extremo Oriente ruso: despliegue de casi trescientos mil soldados y la participación de unidades de los ejércitos de China y Mongolia. El señor ministro hace el anuncio en Abakán, capital de la república de Jakasia, en Siberia. ¿Hace falta plantear la ecuación? ¿Qué va a hacer Estados Unidos o Europa frente a una Rusia aliada con China y Mongolia? El efecto puede ser devastador. No es ninguna broma. En este operativo, casi aperitivo de platos mayores, participan más de mil aviones y helicópteros junto a dos de las flotas rusas. Treinta y seis mil vehículos militares (tanques, tanquetas, blindados de transporte e infantería) en condiciones –no se oculta- muy cercanas al combate. Vostok-2018 es el nombre del operativo que el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, califica de “esenciales”. Peskov no se muerde la lengua y avisa por donde puede saltar la liebre: “La capacidad de defendernos en una coyuntura internacional que a menudo es agresiva y nada amistosa hacia nuestro país, hace que los ejercicios estén justificados”. Un cuento muy bonito…

El Kremlin teme –y lo dice- el despliegue desproporcionado de la OTAN en su flanco occidental, de Polonia a los países bálticos, algo con lo que Moscú no traga. En el 2017, bajo un operativo similar, se desplegaron 12.700 soldados entre Rusia y Bielorrusia, siempre según Moscú, aunque la OTAN rechazó siempre esta cifra y apuntó que el volumen se acercaba a los cien mil. El máximo de soldados que permite un acuerdo de la OSCE para no invitar a observadores internacionales a las maniobras es de 13.000 efectivos. Satélites artificiales, radares, ordenadores muy avanzados… estudian día y noche una quimera, el potencial militar con el que cuentan los ejércitos de Rusia y Bielorrusia, uno de los aliados del Kremlin. Polonia y Lituania ya el año pasado se quedaron con la mosca detrás de la oreja por los ejercicios militares exhibidos, mucho más modestos pero tal vez anacrónicos: 700 vehículos militares, 250 tanques, sistemas reactivos, etc. Hubo alguien que no se quedó callado, Raimundas Karoblis, ministro de Defensa lituano, que ya señaló cómo Moscú hizo un simulacro de ofensiva contra los países del Báltico. Nadie le hizo caso. Moscú y Pekín, sí, habían participado antes en maniobras militares conjuntas pero a mucha menor escala. Es la forja pública y desinhibida entre dos gigantes y nadie lo ve. Peskov se hace el tonto, dice que es simplemente una muestra más de la cooperación entre dos países en diferentes áreas, incluida la militar.

Putin mueve tanques en el extrarradio y en Europa central, según el profesor John A. Tures, comienza a financiar a partidos populistas. El acontecimiento es el cincuenta aniversario de la Primavera de Praga donde Moscú quiere ser protagonista. ¿Qué es todo esto? ¿A qué suena? Prefiero no decirlo. Vamos a preguntarlo de otro modo: ¿Cuál es la influencia de Moscú en Europa? Durante la Guerra Fría –hagamos historia- Moscú ya había demostrado en 1953 en la República Democrática Alemana y en Hungría, que no iba a tolerar ninguna apertura hacia Europa en los países que se encontraban bajo su bota militar. Rusia siempre se pasó el Pacto de Varsovia (organización de países socialistas opuesta a la OTAN) por el forro y quiso ir por libre. Rusia, Hungría, Polonia, Bulgaria, más algunas fuerzas de la extinguida RDA, tuvieron ansias de conquistas conjuntas. Seiscientos mil soldados tuvo aquel lance. ¿Vuelve todo aquello? ¿Se mueven los tanques de Putin solo por hacer deporte? El financiador del gran discurso antioccidental –según Tures- es Putin. Blanco y en botella, como se decía antes.

Diego Medrano

Escritor

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