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NOVELA

Benjamín Prado: Los treinta apellidos

domingo 02 de septiembre de 2018, 19:15h
Benjamín Prado: Los treinta apellidos

Alfaguara. Barcelona, 2018. 375 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 8, 99 €.

Por Adrián Sanmartín

En 2006, Benjamín Prado (Madrid, 1961) había publicado ya numerosas muestras en los géneros que cultiva. Así, entre otros títulos, las novelas Dónde crees que vas y quién te crees que eres, Nunca le des la mano a un pistolero zurdo, Alguien se acerca; la colección de relatos Jamás saldré vivo de este mundo; los poemarios El corazón azul del alumbrado y Asuntos personales; y los ensayos Siete maneras de decir manzana -interesante y personal indagación en la creación poética y sus claves-, o A la sombra del ángel. Trece años con Alberti, donde Prado rememora su estrecha relación y amistad con el gran poeta de la Generación de 1927 en un libro que es acercamiento y homenaje a su figura.

No obstante, en ese año, 2006, el autor madrileño da a la imprenta una novela, Mala gente que camina, comienzo de una serie llamada a conseguir el aprecio de los lectores. Sobre todo porque en ella Benjamín Prado da vida a un singular personaje: Juan Urbano, quien a sus tareas como profesor de Lengua y Literatura, amante de Calderón de la Barca, y escritor de biografías por encargo, suma otra que parece en las antípodas de estas: detective privado ocasional. Aunque quizá no esté tan lejana, pues escribir, y en cierta medida también enseñar, encierra no poco de investigación en el mundo y en el ser humano.

Tras Mala gente que camina, llegaron Operación Gladio (2011), Ajuste de cuentas (2013), ahora Los treinta apellidos. Y a juzgar por lo que ha apuntado el propio escritor no será la última vez en la que Urbano salga a la palestra. Benjamín Prado ha dicho que la idea es que la serie incluya diez entregas y que cada una bordee un género diferente: el histórico, el de espías, el policiaco… y hasta el de ciencia-ficción.

En las cuatro que hasta ahora han visto la luz, ciertamente predomina un enfoque genérico, si bien Prado logra un ponderado cruce entre varios, sobre todo entre el histórico y el noir, género este que Prado entiende de manera amplia, como bien explicó en cierta ocasión: “Siempre he pensado que toda novela que merezca ser leída es una novela negra. Puede cumplir con todas las características del género o no, pero si no tiene un misterio que resolver, una dosis, algo que desenterrar que haga que el lector avance, a mí me suele interesar menos. Casi todos los relatos que te atrapan tienen algo de misterio. Billy Wilder decía que hay una manera buena y otra mala de empezar una película: en la mala, se ilumina una habitación, se abre una puerta y entra Cary Grant. En la buena, Cary Grant entra por la ventana. Ahí ya hay un misterio”.

En la serie protagonizada por Juan Urbano, lo decisivo es adentrarse en un asunto oculto, manipulado o escasamente conocido de la reciente historia española. Así, en Los treinta apellidos, al peculiar detective le contrata un no menos peculiar cliente, Lluís Espriu i Quiroga. Se trata del verso suelto de una poderosa y ambiciosa familia catalana enriquecida por turbios procedimientos y negocios, que se remontan al tráfico de esclavos en la Cuba colonial. Espriu i Quiroga quiere que Urbano localice a los descendientes de uno de sus tatarabuelos que llevaba una doble vida entre España y Cuba. Naturalmente, otros miembros de la familia no están por la labor.

España (Las Rozas en Madrid y El Masnou en Barcelona), La Habana y Dar es-Salaam, la ciudad más poblada de Tanzania, son los escenarios de una historia para la que Prado ha realizado una considerable tarea de documentación. Su título, como ha explicado el mismo Prado, obedece a que algunos al Ibex-35 lo llaman Ibex-30, porque son cinco los que salen y entran, pero los otros treinta son fijos y se refieren a las treinta familias que mandan en España desde hace doscientos años. “Detrás de cada gran fortuna hay un crimen escondido”, sentenció Balzac, y está divisa es la guía de Los treinta apellidos, si bien Prado ha matizado en varias declaraciones que existen riquezas lícitas. No obstante, en la nueva aventura de Juan Urbano -con bastante de roman à clef- se pone el acento en las que no lo son, conectando pasado y presente, y denunciando también lo que considera el neocolonialismo.

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