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MENÚ DE POBRE

Los sudores fríos de Angelina Merkel en bañador

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
lunes 03 de septiembre de 2018, 20:04h

Todos tenemos a nuestras tías Josefina, Algadafina (con la que baila Jonás en la novela de Umbral), Adelina, Agrippina, Albertina, Alfonsina, Amelina, Alexandrina… la mía es Angelina Merkel, que ya no es Ángela, y así aparece primero, rolliza y menestral. Decía Naipul antes del Nobel: “Una silla no dice nada, pero si la pintas manchada de kétchup o mostaza aparece de repente”. Lo mismo pasa con mi tía Angelina, sí, en cuanto se pone nerviosa y empieza con las cañas de tres litros de cerveza y las salchichas tamaño barra de pan, es imposible no verla, cada muslo una bombona de butano y la alegría en los ojos, como el mar en los espumosos de Gerardo Diego, inolvidado y duende.

Ángela, Angelina, siente en la espalda las puñaladas que antes fueron palmaditas, achuchones y bailes agarrados. No están de acuerdo, en casita, con su política de inmigración, así su socio de Gobierno, líder de la Unión Socialcristiana (CSU), el ministro Horst Seehofer, ignora directrices de la Jefa y, por su cuenta, ordena el cierre de fronteras o la expulsión en caliente. La ultraderecha sube y sube en Europa, la eventual destitución de Seehofer es el mejor regalo envenenado: le cortan la cabeza, sí, pero el Gobierno puede caer, supone la salida de toda la CSU del Ejecutivo, dejando a Merkel con el Partido Socialdemocrata (SPD) y tres escaños, ay, por debajo de la mayoría parlamentaria. Seehofer es amigo de las ecuaciones breves y lo ha explicado en un minimalismo muy de periódicos: “No me va a echar una canciller que es solo canciller gracias a mí”. Qué poco queda en España para todo esto, el mejunje vivo de la democracia, ahora que Pedro da marcha atrás con la banca, de las putas no se sabe nada, Cataluña está que arde y seguimos en esa visión de gobierno débil, incorporado ahora después de las holidays, donde se quiere ralentizar el tiempo para ganarlo justamente.

Seehofer reta a Merkel a salir del Gobierno, no cede en un solo punto y tiene bien claro que la inmigración desbordada e invasiva es el mal de Europa. Merkel bebe, y traga, y vuelve a beber ésta vez pasando saliva además. CSU y CDU andan a palos, el oasis parece ser mantener la Presidencia de la CSU en Baviera, único cargo que mantiene Seehofer al margen de su cartera en Berlín. Seehofer está herido pero no rendido: hizo daño que le se apartara del Ejecutivo bávaro por su ministro de finanzas, Markus Söder, pero vuelve ahora con la escopeta cargada, a matar o morir, contigo porque me muero, sí, y sin ti porque me matas. Söder no está tan en desacuerdo con Seehofer y dio otro titular estupendo sobre la tumba tamaño perrito caliente de Angelina: “Frenar la inmigración es una cuestión de credibilidad”. Todo es cuestión de titulares, breves y de un solo tajo ventral.

Ambos (Seehofer, Söder) saben que tiene una cosa muy importante a su favor: la calle, el pueblo, Ultraeuropa, que ya no soporta más extranjeros sentados en la acera y a veces con un arma en el entrecejo negro de pelos. La calle es conservadora y, si Angelina se suelta de las bridas, la guillotina puede caer: “Alemania primero (guiño a Trump) sobre los migrantes y no hay más que hablar”. Trece añitos ha estado en el poder Angelina, trece añitos como treces soles y trece rosas, ahora no es plan de ponerse el bañador, porque aprieta, queda corto, tira de todas las partes, era otra la que antes cogía en este hueco y los años impiden nuevos rumbos o temperaturas. El agua está más fría que nunca, ella lo sabe, Angelina sabe que la vida política no ofrece paréntesis, se está vivo mientras se está en la silla, pero no va piensa ceder, tan peligroso sería cambiar de ideología y dar marcha atrás. La contradicción tampoco es posible en política: lo dicho no puede moverse.

El resultado también lo veremos en España, si no lo vemos ya: Angelina convence a sus socios de Gobierno para un buen paquete de reformas sociales. Socialistas y conservadores se alían para frenar a los extremistas. La Gran Coalición quiere dos cosas: demostrar que vuelve a reinar la paz en la alianza, y ganar la calle, demostrar que es capaz de actuar y ofrecer medidas tangibles a los ciudadanos. Maquillaje del bueno, rápido y barato, inmediato y conciliador, todo mentira. El paquete va en tres partes: sistema de pensiones, mercado laboral e inmigración. El bloque conservador (CDU, CSU) y el socialdemócrata (SPD) bailan la conga con tal de no tirar a la basura la tarta de su poder con trece velas, una por cada año. Pensiones, seguro de desempleo, precio de alquileres, ley de migración. Lo que saben todos jamás lo dicen: hoy no ganarían las elecciones.

La calle piensa por cuenta propia. En Alemania no cuela la llegada de más de 1,2 millones de refugiados desde el 2015. Llegan las prebendas, la rentable ceremonia de la confusión, los regalos sin motivo, pero la calle es ya extrema derecha, Ultraeuropa. No tienen ni los números claros: el SPD dice unas veces que el sistema de pensiones puede garantizarse hasta el 2040 y otras hasta el 2025. El gasto adicional, otro palo en las ruedas, es rechazado por los conservadores en el seno de la coalición. La Unión Europea se fractura por dos golpes: el Breixit, los populismos de bota militar y palo. Angelina dice que la Unión Europea es su prioridad. ¿Nos recuerda la fábula algo a España? A lo mejor solo es cuestión de cambiar los nombres y el resultado es el mismo. Pedro Sánchez: sin presupuestos y con los socios colocando ya las urnas del Independentismo. Torra cada vez más crecido, más insolente, más chulo, subrayándole a los camareros lo inaudito, que en España manda él y punto. Desde las gradas, allá donde mires, todo el mundo con el dedo pulgar para abajo y la cara roja de ira mal coagulada.

Diego Medrano

Escritor

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