www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

DESDE ULTRAMAR

Daño político a la educación española

jueves 13 de septiembre de 2018, 20:10h

Cada semana nos enteramos en ultramar de nuevos escándalos de los políticos españoles, llevados a un plano hasta cierto punto novedoso, mas que nos suena familiar en México a raíz de un escándalo que fue local, de 1995. Consisten en destapar, evidenciar, denunciar la carencia de tal o cual título académico que inscribieron tales políticos en sus currículos –públicos, difundidos, utilizados, sobre todo, para apuntalar candidaturas o que con tales grados académicos supuestamente avalados, pudieron aspirar a cargos públicos detentados– pues la cosa es exhibir y meter en un brete al susodicho, deshaciéndose el evidenciado en explicaciones ante los medios y las más de las veces, siendo incapaz de mostrar el título aludido, configurando un fraude y proyectándolo a la renuncia fulminante al encumbrado cargo y con ganancia política para sus oponentes.

El incendio acaecido en Río me impidió abordar el asunto la semana anterior, retomándolo porque esta que termina se sumaron la renuncia de la ministra Montón por tales motivos de inconsistencias académicas, más las acusaciones previas al líder del PP, el señor Casado, y ahora hasta al presidente del gobierno Pedro Sánchez, conminándole a que muestre urbi et orbi su tesis doctoral. Y hay más. Contar y no acabar. Ya sea al señor Sánchez o a su mujer o a la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Cifuentes –por citar a alguien de la acera política de enfrente– y a otro y uno más y el que falta, pero todos los implicados en conjunto han movido a una clase política a andarse con pies de plomo si se trata de difundir sus méritos académicos. No sea que se sepa que carecen de los grados y títulos que dicen poseer. El plagio académico de copiar sin citar en las tesis, es otra modalidad. Hasta ahí la cosa puede ser local.

¡¿Qué se les exhibe para “quemarlos”, para truncar su carrera o frenar sus apetencias políticas? va, de acuerdo, solo que…también en ese camino de mezquindades y justos reclamos, se están cargado el prestigio de la educación española. Así como lo está usted leyendo. Es un daño acaso colateral, pero real y parece que no han pensado en ello. Y porque no es un caso aislado, tal pareciera que ya la cosa es grave. La recurrencia levanta sospechas y pone en duda la credibilidad del sistema educativo universitario español y le explico las razones, pues enloda a los protagonistas y también a las instituciones involucradas, que aparecen permisivas y acaso, corruptas. Por eso alzo la voz. ¿Qué el exalumno carece del título? Bien ¿y por qué mostró documentos con membrete de una universidad o la refiere? Supongo que el fraude debiera ser hasta un tema penal. Pues no solo hay grados académicos inexistentes, sino presuntos papeles o títulos oficiales aludidos. Ya el solo hecho de usar el nombre de una institución académica ostentándose con algún mérito académico relacionado con ella, sin existir o dispensado de forma irregular, pues los hay, era para que aquella reaccionara, procediendo jurídicamente. Ya el desaguisado se supo en el extranjero, como que se lo digo desde México.

Y la afectación descrita posiblemente no la han calibrado o visualizado sus protagonistas, porque, como es natural, no quieren enterarse, metidos en sus enjuagues que parece aportarles tanta ventaja, creyendo que ganan mucho con ellos a costa solo de sus detractores y rivales. Craso error. Están mancillando más cosas. Deshonran y ultrajan el esfuerzo educativo español. La cosa no para en ellos y sus chapuzas escolares. Infaman un prestigio nacional e internacional.

Sabemos que no es solo el escándalo de no detentar títulos, acaso no obtenidos ni solo no haber cursado el programa que conducía a ellos, habiendo dicho que sí lo hicieron y que se obtuvo el título correspondiente son conseguirlo. El asunto es más grave. Hay casos en que aparentemente fueron conferidos esos títulos por tales o cuales universidades o institutos, según se dijo, y resulta que jamás sucedió o lo peor, sí pero sin soporte que obre en los archivos universitarios, dando lo mismo. Ahí está el meollo del asunto y la justificación de la presente entrega. Desconozco si las instituciones involucradas están siendo investigadas por las autoridades o todo parará en cortar alguna cabeza interna y ya.

¡¿Cómo ha sido posible qué sucediera y tantas veces desde tantas instituciones diversas?! Hay nombres involucrados como la prestigiosa Complutense. ¡¿Cómo pudo suceder que detentaran tales títulos sus supuestos tenedores o al menos se dijera tenerlos, y ahora resulta que no hay constancia en los archivos académicos de las instituciones mencionadas?! Y en ese inter sucedió sin más. Eso pone el tema no en una simple chapuza del protagonista, sino que mancilla el prestigio de instituciones que también, en apariencia, pudieron prestarse a la trampa extendiendo lo que no había ni correspondía, y que sí ocurrió en apariencia, como lo presumían sus destinatarios. Gravísimo, no cabe la menor duda.

La academia española al completo, no solo la universitaria, no merece ser botín político de políticos irresponsables, trepadores. A España ha costado Dios y ayuda ganarse un prestigio académico en el extranjero, empezando por Europa que la ha tenido en la mira y se trate o no del mundo de habla hispana, como para que sus políticos se sirvan del entramado académico falseando grados, documentos y meritorios y los utilicen como escalón político para apuntalarse a ciertos puestos.

Sí, porque no hace falta. Acaso en ambos lados del Atlántico no se ha entendido que una gestión exitosa de lo público, idónea, no necesariamente pasa por grandilocuentes títulos. Un simple y ciudadano “señor” viste más que doctorados de postín si hay ineficiencia o que solo encubren sátrapas en los cargos públicos. O bueno, si nos suena fuerte lo de sátrapas, gente que por mucho título, eso nunca ha garantizado el éxito y el buen comunicado esfuerzo. La enfermiza necesidad tal parece ser, de ostentarse con tales merecimientos, solo advierte que se ha caído en el juego de suponer que tenerlos más garantías de éxito en la gestión con poseerlos. Nada más alejado de la realidad, tristemente. Los títulos, el paso por la universidad, han de servir para beneficio de la comunidad y no para pavonearse con ellos alimentado un ego o encubriendo verdaderas incapacidades. No hay que darle más vueltas, buscándole pestañas a las hormigas.

El debate de la detentación de títulos como necesaria para ser mejores en el cargo público, también lo vivimos al otro lado del Atlántico. Caso como una suerte de admonición. La nueva cámara de diputados federal cuenta con miembros carentes de título universitario en un 46%, porque la sociedad mexicana es plural y la gente se dedica a otras cosas y no solo a estudiar. Vale. Y pensemos: ya tuvimos a un presidente que poseía el grado académico más elevado entre los de su rango, doctor, que produjo la peor crisis económica que ha vivido México. Su doctorado ayudó a salir a flote. Muestra de que lo doctor no quita lo pen...tonto. Así que considero que será mucho más sano en ambas orillas del Charco, dejarse de cosas y de impostadas posturas y asumir lo que se tiene y lo que no. Al final sale peor descubrirse la verdad y encima, saberse que tales títulos no garantizan nada, después de todo. La verdad las merecen la Academia española como la mexicana, y los ciudadanos de ambos países, más.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.