www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Investigación y desarrollo

jueves 13 de septiembre de 2018, 20:11h

Antiguamente, cuando hablábamos de análisis sabíamos que los especialistas se estaban refiriendo al texto. A veces he estado en circunstancias en donde los expertos se referían a los sistemas ante un opositor delante. Me parece que el análisis se ha extralimitado. Todo esto coincide con una chica que un día me pidió que le dirigiera una investigación sobre remakes, uno de los conceptos más turbulentos que se puedan estudiar dentro del cine debido a la cantidad de hipótesis que me traían al despacho, lo cual también da de lleno en el epistemológico caso de lo empírico. Es cierto, con todo, que me interesé por estos asuntos al volver a la Universidad ya como docente.

La generación de estructuralistas, acaso todavía no superada, fue una generación de teóricos. Su práctica consistió en hacer discursos y en escribirlos, pues la escritura, como diría Barthes, es ya en sí un discurso y una teoría. Quiero decir que cualquier práctica intelectual es básicamente una práctica teórica y Marx tampoco se subió a las barricadas. En la relatio con un amigo, Barthes, lo más probable, es que me hubiera dado la razón a mí, por aquello de la fragmentación, de la necesidad de que los nuevos discursos, las muevas escrituras, se realizaran a la manera de los viejos aforismos pascalianos o cioranos. La semiótica de Julia Kristeva es un libro de teoría. Teoría indica acción de observar, de contemplar, una meditación, una especulación.

Venía la chica, digo, y me traía un talego de cosas, es decir, de hipótesis, a la espalda, y yo voy y le recito aquello de y en consecuencia se ideó que siendo las Palabras simplemente nombres que se dan a las Cosas sería más conveniente que los Hombres llevaran consigo tantas cosas como necesitasen para hablar del asunto principal a discurrir. Digo que lo que me ha traído son observaciones y no hipótesis, y que deduzca una sola si quiere ir por buen camino, y que ya más adelante habrá de conducirse con una cadena de hipótesis a la manera con que Descartes desechaba sus opiniones de un día para otro cambiándolas por otras mejores. Y que esa era mi teoría. No es necesario que Sánchez Castejón nos enseñe la tesis. Basta con que nos diga qué observaciones realizó previamente al empezar su investigación, es decir lo propiamente empírico, la inducción y, a continuación, que nos diga qué hipótesis avaló el trabajo y cómo evolucionó la deducción, es decir, la cadena de hipótesis.

Veo que Barthes acabó definiendo la teoría como lo que es objeto de un conocimiento desinteresado, independiente de sus aplicaciones, un lenguaje que incide sobre sí mismo. La teoría, dice el maestro, está en un estado de prórroga permanente. Ningún teórico debería prescindir, por lo tanto, de su propia escritura. Ambos, es cierto, el especulador y yo, hemos asumido siempre esta responsabilidad. La aclaración de Barthes es muy interesante porque distingue escribancia de escritura, lo cual quiere decir que mientras muchos se sostienen en la pura perspectiva instrumental, nosotros poseemos una escritura; bueno.

Es evidente que todo ha cambiado. Ya desde Sartre, cuando a propósito de su estudio sobre Flaubert quería que su libro se leyera como una novela, porque se había inventado muchas cosas, a pesar de que éste es un país que está repleto de editores teóricos, que teorizan especulativamente, y no haya verdaderos editores teóricos del discurso fragmentado, editores aforísticos o poéticos, autores fatuos y negros que deliran.

Tampoco creo en la separación de los géneros. Quiero ver en las películas de Bergman a Bergman, al hombre; quiero ver cuando leo los versos de Borges a la persona, y quiero ver a Vermeer pintando a su chica de la perla en esas pastas que todavía se escurren por el lienzo cuando la observas. En los tribunales de tesis siempre conviene ir más allá del texto: saber quién está detrás de esa escritura, qué persona la avala, si es que es una persona.

Las tesis no sirven para nada si no es para conocer al hombre, a la persona, que hay detrás. Barthes ha escrito sobre las palabras, pero era un puro teórico, porque en el fondo no hace más que expresarse a sí mismo. Es lo primero que debería descubrir un joven investigador. Mira, lo que me has traído son observaciones: haz con ellas ahora una hipótesis y pásala por dentro de ti, como si dentro de ti sólo permaneciera tu alma. Esto es no creer en la separación de los géneros, y sí creer en uno. Quizá ahí resida la diferencia entre el espejo del especulador y el tormento del ensayista. Y llegará el día, decía Barthes, en que en tanto que textos serán teóricos que comportarán una dimensión y unos impactos teóricos.

Habría que expulsar el significado de todo lo que no tiene en cuenta la multiplicidad, la pluralidad del mundo y su organización como una jerarquía fluctuante. Sigo bajándome más trastos y veo a Kristeva como reina de la intertextualidad cuando, en realidad, debería ser una simple chica que ha viajado a los intersticios del gulliveriano Lucien Goldmann, que ya hablaba, ya teorizaba, in illo tempore, acerca del sujeto transindividual, término que prefería al de sujeto colectivo. Tesis que me parece contradictoria con otra en la que Goldmann sostiene que en el conocimiento de la realidad humana el sujeto y el objeto del pensamiento y de la acción son siempre parcialmente idénticos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.