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Primero husmea, luego araña y siempre zorrea

jueves 13 de septiembre de 2018, 20:14h

Zorrear no tiene nada que ver aquí con ir de putas. Zorrear no consiste aquí en buscar el farolillo rojo y encendido del lenocinio nocturno y liberador (castigador, según hora y condiciones). Zorrear es lo que hicieron Napoleón, Maquiavelo y Julio César. Zorrear, políticamente, militarmente, es obrar con cautela y astucia, las dignas del animal del mismo nombre, en este caso nuestro zorro de la estepa rusa, Putin. Ayer vimos sus alianzas en Oriente con la pareja de moros blancos (Endorgan, Rohaní) en busca del petróleo y la fuerza bruta cuya alianza (Irán/Rusia) todavía no ha llegado a la categoría de leyenda pero llegará. Hoy veremos su plan para Occidente, esa lejanía vasta e interminable de Rusia alejada de Bruselas donde, empujada por China sin una sola grieta en su renovado entusiasmo, y doblegados de rodillas los Estados Unidos, se convertirá en la primera potencia mundial.

Irán es protocolo, firma de folios más o menos sobre asuntos de poca monta y, sí, posicionamiento, estrategia, geografía. Putin metió el hocico, vio cuál era la postura de Trump con respecto a Siria, siguió el arañazo internacional (con la firma de los acuerdos del tripartido), todo envuelto en el brumario indescifrable del zorreo, sin precisar demasiado qué intereses tiene él allí. Con Xi Jinping hay otro rollo, vodka gratis y muchos blinis de caviar, la deseada coalición Pekín/Moscú contra Washington, brindis y platos rusos, puesta en común de héroes a nivel privado y sus revoluciones rojas (Stalin/Mao), mucho cacao maravillao y, lo que aquí importa, la unión ya, desde la medio rueda de prensa del Foro Económico Oriental de Vladivostok, de ambos ejércitos (hubo un aperitivo en dicho espacio: 3.200 soldados, 24 helicópteros, seis aviones de combate y 3000.000 uniformados rusos). Rusia no necesita más, sus dos brazos están ya ocupados: Irán en uno, China en el otro. Cabe la pregunta demoledora: ¿Y si se unieran los tres?

Todo son intoxicaciones ideológicas. El mensaje de Rusia a China es que Estados Unidos es el enemigo, y China, de vodka hasta las cejas, más amarilla que nunca, dice que sí. Llevan reuniéndose en tres ocasiones durante los últimos tres meses, nadie sabe de lo que hablan pero no dejan de beber. Xi Ping no se cansa de la fiesta y así se lo manifiesta a los medios: “Tendremos otras reuniones en lo que queda de año para reforzar más nuestros contactos”. Los de la calculadora dicen que el intercambio comercial entre ambos países (Rusia/China) alcanza el valor de 87.000 millones de dólares y podría alcanzar los 100.000 millones. Empresas chinas (Alibaba) ya se unen con otras rusas (MegaFon, Mail.Ru) con fines electrónicos. Por ahora, económicamente, Rusia está en el puesto 12 en sus relaciones con Pekín, hay otros que facturan más, pero no deja de subir escalones, que es de lo que se trata, y más blinis y más vodka. En una de estas borracheras, recordatorias de las trompas alcohólicas de Yeltsin a lo mamut, pensaron, cómo no nos metemos en Asia, y ya marean a Corea del Norte, diciendo que aquí tienen unos compatriotas, sí, y más blinis, porque estos no se acaban, y que cojan el avión que hay más botellas enfriando.

El zorreo, el brumario, las nieblas de otoño, no están en todo lo anterior, que también, sino en una nueva intoxicación (no hay zorreo sin veneno verbal, sin promesa de humo, sin empujón inesperado), que es la de Hungría. También se cuenta por lo superficial en otro artículo mío anterior (Los tanques inquietos de Putin resoplan al galope) pero no en la actual frecuencia modulada. Hungría, señores, reta a la Unión Europea: Viktor Orbán, primer ministro húngaro, azote de socialistas, liberales, verdes y rojos, pesadilla para el Partido Popular Europeo, avisa que pueden salir del Club, con mayúsculas. Que el Club no es nadie para reglamentar la posición de cada país con respecto a los refugiados, y que cada cual, en esta materia, puede hacer lo que le dé la mismísima gana. La Unión Europea levanta el artículo 7 del Tratado, la suspensión del derecho de voto en el Consejo Europeo para los países que violen los valores fundamentales de la unión, pero a Orbán le da igual. Va por libre. Y tras la cortina de macramé, junto a la ventana y la lluvia, está Putin con el rostro desencajado por la risa y la bebida fría, sabiendo que detrás de Hungría vendrá Rumania o Eslovaquia, donde es imposible poner orden ni aunque se lo expliquen con tanques.

El zorro de la estepa es lento en los movimientos primarios, Manfred Weber tiene en Alemania el mapa completo de lo que está ocurriendo y si el informe contra Hungría sale adelante por parte del Club por su desacato (precisa dos tercios de la cámara a favor con un mínimo de 376 votos) asistiremos a la fractura del Partido Popular Europeo, de la izquierda, de los rojos, con lo que, sí, más carbón para Ultraeuropa, más Ultraderecha, más hostias a Estados Unidos y que la locomotora no pare. Acabamos todos los artículos igual pero no es estribillo, créanme, sino la absoluta realidad: el fascismo vuelve en mimbres nuevos, Putin no descansa y con los dos brazos ocupados (China/Irán), incluso con el bracito más pequeñito bajo el ombligo ya pensando en lo más goloso (Corea, Asia) será muy difícil por parte de todos los demás echarle el freno. Será tarde para detener la máquina de matar. No sabemos lo que hablan borrachos ni la traducción mineral de tanta risa ajena a la razón y coloradota como la pasión más desatada.

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  • Primero husmea, luego araña y siempre zorrea

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    8586 | Carla - 14/09/2018 @ 19:05:50 (GMT+1)
    Y nosotros perdiendo el tiempo con masters y doctorados ….. Supongo que se agitó el tema catalán para desestabilizar a España y Europa. Aunque no sé muy bien por quién. Es que antes del atentado del 11 M se firmó el Pacte del Tinell. No acabo de entender la jugada o las jugadas.

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