Los problemas y escándalos del Gobierno se producen a pares. La mesa del Congreso, dominada por el PP y Ciudadanos, ha tumbado la treta de Pedro Sánchez para aprobar los Presupuestos saltándose al Senado. Al tiempo, unas grabaciones han desvelado que la ministra de Justicia mintió sobre su relación con el excomisario Villarejo, en prisión preventiva acusado de pertenecer a una organización criminal, cohecho y blanqueo de capitales.
La trampa del Gobierno, animado por Podemos, de enmendar en la Ley de Violencia de Género la reforma de la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria ha quedado bloqueada por la mesa del Congreso, por lo que el Senado mantiene el derecho de veto a la hora de aprobar el techo de gasto, primer paso para aprobar las cuentas del Estado. Se calcula que tras esta maniobra del PP y Ciudadanos, el Gobierno no podrá aprobar los presupuestos antes del verano de 2019, pese a su intención de hacerlo en febrero, antes de las elecciones municipales y autonómicas. Todo un impedimento para las pretensiones de Pedro Sánchez de prolongar la legislatura hasta 2020, si es que mantiene su promesa de no prorrogar las cuentas de Rajoy. Claro, que nada le costaría rectificar por enésima vez.
Al tiempo, la crisis del Gobierno parece interminable. Después de la temprana dimisión de Máxim Huerta como ministro de Cultura por defraudar a Hacienda y de la reciente de Carmen Montón, como ministra de Sanidad por haber plagiado más de la mitad de su trabajo final de máster, Dolores Delgado se encuentra en la cuerda floja por haber mentido sobre su relación con el excomisario Villarejo. Aseguró la ministra que no había tenido relación alguna con el polémico expolicía, pero se han conocido unas grabaciones que demuestran que Delgado almorzó amistosamente con él, con Garzón y otros policías, algunos de ellos acusados también por corrupción. Al final ha tenido que reconocer que había tenido tres encuentros con el excomisario. Esto es, que mintió. Las grabaciones, además, dejan en mal lugar a la ministra por sus comentarios racistas y homófobos. Al ministro de Interior, Grande-Marlaska, le llamó “maricón”.
De momento, Pedro Sánchez, aterrado de que se produzca la tercera dimisión en su Consejo de Ministros en los poco más de tres meses en el poder, le ha pedido a Dolores Delgado que aguante. Pero conviene recordar que también a Huerta y a Montón les apoyó públicamente y a las pocas horas se veían obligados a dimitir.
El presidente, sin embargo, sigue empeñado en prolongar la legislatura. El Gobierno, bloqueado en el Congreso por sus 84 escaños, parece incapaz de sacar adelante ninguna iniciativa, pese a ceder en todas las exigencias de Podemos y de los separatistas. La credibilidad del Ejecutivo se resquebraja por los escándalos de sus ministros o las numerosas rectificaciones, como la protagonizada recientemente por Margarita Robles que se tuvo que tragar cual sapos las 400 bombas que se negaba a vender a Arabia Saudí. Ni a trancas y barrancas funciona el Gobierno. Pero Pedro Sánchez se pasea por el mundo presumiendo de los éxitos de su gestión “progresista y feminista”. En Nueva York, acaba de alardear de encabezar el Gobierno con más mujeres del mundo. Todo un récord, sin duda. La situación resulta cada día más grave y surrealista. Pero nada indica que vaya a cambiar de rumbo ni que se le pase por la cabeza convocar elecciones.