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TRIBUNA

Arrieta y Estrella Gutiérrez, poetas de dos orillas

martes 25 de septiembre de 2018, 19:59h
Actualizado el: 25/09/2018 20:35h

Poco más de tres líneas dan cuenta del poeta Rafael Alberto Arrieta en la recurrente enciclopedia digital Wikipedia. En ellas se informan someramente sobre quién era este ilustre argentino y los libros que publicó. Su contemporáneo Fermín Estrella Gutiérrez, también notable poeta y educador, lo excede en algunos párrafos que cautelosamente aportan más información biográfica; no demasiada. Ahora bien, ¿Quiénes fueron estos dos artistas de la palabra nacidos (uno en la penúltima década del siglo XIX, en la provincia de Buenos Aires y el otro en el primer año del siglo XX en Almería, España) y qué obra dejaron para la posteridad?

Sabemos que Rafael Alberto Arrieta fue un escritor, poeta y crítico literario argentino. Su estilo, heredado del modernismo, tiene una reminiscencia a la poesía de escritores nórdicos de fines del siglo xx. Sus versos siguen una línea limpia sin excesos, con palabras sugestivas​ y una métrica tradicional, reflejando principalmente el estilo de vida cotidiano.​ También fue autor de varias obras en prosa, ensayos literarios y glosas. Arrieta publicó pocos libros, pero todos esenciales. En poesía podemos citar: Alma y momento (1910), El espejo de la fuente (1912, Las noches de oro (1917), Fugacidad (1921, Estío serrano (1923) y El tiempo cautivo (1947). Entre sus ensayos caben destacar: Centuria porteña (1943) y La literatura argentina y sus vínculos con España (1947)

De don Fermín, informa Wikipedia que fue un escritor, poeta, profesor y académico español residente en la Argentina. Unas pocas líneas de rigor y concluye: Aunque español de nacimiento, adoptó a Argentina como patria. Fue maestro, profesor e inspector de enseñanza, subsecretario del Ministerio de Educación en 1955, vocal del Consejo Nacional de Educación de la Argentina y profesor de literatura española en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Afirmaba don Marcelino Menéndez y Pelayo que la biografía de un poeta son sus versos; de manera que la brevedad cuenta muy poco. Por otro lado, nada más cierto. Basta con evocar unas pocas líneas inmortales de Arrieta y Estrella Gutiérrez, que justifican todo. Dice don Rafael en este breve como mágico poema:

Mi corazón, maduro

para la maravilla y el milagro.

Si una estrella cayese,

tendería mi mano…

Alguien que logra tres líneas así ya tiene ganado un estrado definitivo en el parnaso literario.

Rafael Alberti, cuando vivía en el Trastevere de Roma con María Teresa León y yo era asiduo visitante de la pareja, me confesó una vez:

-Roberto hubiera yo querido lograr unos versos como los de Arrieta. Ese poeta ya no necesita escribir más; está justificado en la historia de la poesía.

Y repitió, alargando su brazo y abriendo la mano como si cazara una estrella:

Si una estrella cayese,

tendería mi mano…

-¡Qué belleza, hombre, qué belleza! Fuimos muy amigos con María Teresa de mi tocayo Rafael y de don Fermín. Yo también recuerdo de memoria aquel otro no menos memorable y afectuosamente entrañable de Arrieta, que se titula “Lied”:

Éramos tres hermanas. Dijo una:

"Vendrá el amor con la primera estrella..."

Vino la muerte y nos dejó sin ella.

Éramos dos hermanas: Me decía:

"Vendrá la muerte y quedarás tú sola..."

Pero el amor llevóla.

Yo clamaba, yo clamo: "¡Amor o muerte!

¡Amor o muerte quiero!"

Y todavía espero...

Fermín Estrella Gutiérrez, maestro de las formas, inicia con versos puros y celebratorio su “Soneto a la vida”:

Vida, aquí vengo al final de la partida

a darte gracias por lo que me has dado

por la flecha clavada en mi costado,

por la esperanza y la ilusión perdida…

Ambos poetas, sin recurrir a vanguardias, legaron una poesía pura, armónica, reveladora. Ambos fueron profesores universitarios y formadores de escritores. Vivieron ambos entregados al mundo de la literatura. Tuve la felicidad de conocerlos y tratarlos, de nunca dejar de leerlos y de aprender de ellos un poco más de este arte que difícilmente nos permite sobrevivir, pero que nos encanta la existencia.

Nadie ignora (o mejor dicho, la mayoría olvida) que el rasgo diferencial de esa corriente poética fue la disciplina a las formas; ambos, contrarios a las vanguardias exaltadas por Oliverio Girondo, o el Borges ultraísta de la década del ’20. Tampoco que todos, casi sin excepción, fueron sacrificados a la mayor gloria de estos dos artífices.

La relación de Arrieta y Estrella Gutiérrez con España fue decisiva. Arrieta, hijo de padres vascos, nació en Buenos Aires, pero vivió hasta la adolescencia en el país de sus progenitores. Cuando regresó a la Argentina, con un libro bajo el brazo, ya era un poeta formado bajo la corriente del modernismo. Darío, Lugones y Antonio Machado eran su Homero; también Baudelaire y Verlaine. Fue miembro de la Academia Argentina de Letras y un destacado profesor de Literatura Hispanoamérica.

Recuerdo también una conversación con Neruda en Isla Negra. Mientras caminábamos a orillas del Pacífico, hablamos y citamos versos de poetas argentino y españoles. Y Pablo recordó este soneto de don Fermín:

Este es el campo que adoré en mi vida,

Los árboles, el cielo, la distancia,

Los pastos, el ganado, la fragancia,

La soledad, la tarde adormecida.

Próxima ya la hora de partida

Vuelvo a vivir el campo de mi infancia,

Las faenas viriles de la estancia,

El tiempo que se fue, la fe perdida.

Todo pasa y se va, todo se esfuma

Infancia, juventud, la vida entera,

Todo vuelve a vivir, ola y espuma.

Las nubes pasan en veloz carrera,

El dolor de vivir ya no me abruma,

Sólo el campo es mi patria verdadera.

Y repitió, abriendo las manos:

El dolor de vivir ya no me abruma,

Sólo el campo es mi patria verdadera.

¡Precioso soneto! -exclamó con emoción-. Fermín es uno de los grandes poetas que tiene la Argentina. Yo espero que se lo considere como corresponde. Es, además, un gran maestro de vida y un amigo entrañable. La maldita política a veces nos separa, pero la poesía nos une entrañablemente.

Más allá del hospitalario y abarcativo internet estos dos poetas siguen estando presentes de este y del otro lado del Océano. Sus voces viajan en la maravilla de su poesía. Rafael Alberto Arrieta nació en Rauch, un pueblo rural del centro de la provincia de Buenos Aires, en 1898 y murió en esta ciudad en 1968. Fermín Estrella Gutiérrez nació en Almería, España, en 1900 y murió en Buenos Aires en 1990.

Tuve el honor de conocerlos a ambos. Don Fermín era vecino mío y lo visité muchas veces en su domicilio de la calle Beauchef al 200, donde ahora, en su memoria, funciona un restaurante muy de moda, que se llama La Casa del Poeta o El solar de don Fermín.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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