1-O de 2018. La tarde declina y miro el Monasterio-Ministerio de El Escorial. Ante ese monumento todo es menor. Relativo. El presidente del Gobierno de España aún no ha dicho nada sobre el aniversario del trágico 1-0. Uno de sus ministros, el de Fomento, le ha quitado importancia a la arenga del jefe del mesogobierno de Cataluña incitando a la rebeldía a los Comités de Defensa de la República. No me extraña nada esa actitud, pues que el partido socialista siempre vio este dramático proceso como algo normal y necesario. Los socialistas solo se preocupan y reaccionan cuando se trata de dinero. En eso se parecen a los del PP de Rajoy. Todos entregaron la nación española a los separatistas y abrieron el abismo. Las fracturas de la convivencia son diarias… El tinglado de la democracia del 78 parece que llega a su fin. El sistema político está colapsado.
Los jefes de C´S y PP han dado unos grititos contra el Gobierno para que haga algo, pero sin mucha convicción. Domina el nihilismo. Menos mal que me queda ese monumento de granito. Las piedras nunca engañan. Me permiten conllevar el presente catastrófico de un país con una casta política deleznable. Inexistente. Por fortuna, lo mejor de España no se refiere a los peligros que corremos. Se acepta con estoicismo la desnacionalización de España. Solo se habla de desastres. Sin embargo, una parte importante de la sociedad española traga con el programa de los separatistas, comunistas y socialistas. Los del PP y C´s tratan de levantar acta de las fracturas, pero no se atreven a darnos un programa, una agenda, en fin, una tarea de recuperación nacional : cómo curar el daño que le han hecho al idioma español, cómo restablecer la verdad histórica, cómo recuperar la conciencia democrática de la nación española, cómo combatir el totalitarismo separatista, cómo defender al ciudadano español de un Estado que le desprecia…
Una vez desaparecida la conciencia nacional de España, asistimos con impotencia al desmoronamiento del Estado. Es sintomático que Sánchez haya celebrado el 1-O recibiendo a las autoridades de Francia para celebrar el proceso que llevó a Zapatero a integrar a ETA en el proceso político, o sea, a intercambiar paz por territorios… El desastre es total y los partidos políticos de la Oposición tienen que darnos urgentemente s su agenda para recuperar el Estado nacional. El separatismo catalán ha instalado la violencia en Cataluña. Por fin, algunos verán con nitidez que el nacionalismo catalán es tan violento como el de ETA. Esperemos que nadie caiga en el “Barcelona es otra cosa, Cataluña es otra cosa.” La gente sencilla y los periodistas de bien caen fácilmente en la trampa y dicen: defendamos la Cataluña de la mesura, porque Cataluña es sobre todo seny. Mentira. Esa Cataluña no existe. Nunca ha existido. Es una invención ideológica, seguramente, la más terrible entre todas las que ha contado el nacionalismo separatista catalán después de la Guerra Civil. Fue en los años cuarenta y al calor de una revista del exilio, la Agrupació Patriòtica Catalana, cuando comenzó a perorarse sobre el seny. Un término que, según su divulgador más avezado, no tiene traducción. Ahí tienen la prueba del terrible nacionalismo catalán. Todo puede traducirse. Quien mantiene la singularidad de un término, es que quiere ser diferente. Superior.
Es imposible entender la conducta violenta de los actuales separatistas sin la “idea”, o mejor, ideología de seny que defendieron Ferrater Mora, en 1944, y Vicens Vives, diez años después, en Noticia de Cataluña. Si algo tiene de sensatez la idea del seny catalán es por participación en la historia de un pueblo discreto, o sea, prudente e inteligente, llamado España.