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ENSAYO

VV. AA.: Anatomía del procés

domingo 07 de octubre de 2018, 16:47h
VV. AA.: Anatomía del procés

Edición a cargo de Joaquim Coll, Ignacio Molina y Manuel Arias Maldonado. Prólogo de Manuel Valls. Epílogo de Josep Borrel. Debate. Barcelona, 2018. 312 páginas. 17 €. Libro electrónico: 12,34 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

La obra coral que tenemos entre manos, Anatomía del procés. Claves de la mayor crisis de la democracia española, analiza, doce meses después, los acontecimientos que condujeron, como bien refleja el subtítulo, a la mayor crisis de la democracia española. El 1-0 supuso el desenlace de cinco años de provocaciones y radicalismos perpetrados por el independentismo catalán, vinculados aquéllos a conceptos de sobra conocidos (derecho a decidir) y a mantras de dilatado abolengo (“España nos roba”).

Los autores escrutan las diferentes partes y caras del procés, al mismo tiempo que ofrecen teorías, más complementarias que antagónicas, sobre su origen. Cabe apuntar al respecto que rechazan una de las que más peso ha cobrado en el imaginario colectivo: la que vincula el crecimiento del independentismo con la sentencia del Tribunal Constitucional de 2010 sobre el Estatuto de Cataluña, entendida aquélla por el nacionalismo catalán y por sectores nada minoritarios del PSC como un ataque a la aludida comunidad autónoma.

En efecto, antes del estallido procesista (otoño de 2012) existía una semilla previa, la cual había sido plantada y convenientemente regada durante los gobiernos de Jordi Pujol (1980-2003) a través de sus políticas renacionalizadoras. Como resultado de las mismas se había producido un desprecio de la pluralidad (social, ideológica, cultural…) y a considerar catalán solo a quien se comprometía con el ideario nacionalista.

Junto a ello, la crisis económica desatada a partir de 2008 fue percibida por el independentismo como una ventana de oportunidad para propulsar su proyecto de arcadia feliz, cuyo rasgo principal radicaba en la ruptura con España y la consiguiente creación de un nuevo Estado al que se dotó de propiedades taumatúrgicas. En este sentido, la mutación de CiU del autonomismo al independentismo es el rasgo más sobresaliente, si bien trató de enmascarar tal cambio a través de un léxico deliberadamente ambiguo.

Una de las virtudes de la obra es que los autores no caen en la equidistancia a la hora de identificar culpables y responsables. Dentro de la primera categoría nos encontramos a los partidos nacionalistas catalanes y a todo el entramado institucional edificado para perpetrar el proyecto rupturista (Asamblea Nacional de Cataluña, Consejo Asesor para la Transición Nacional, Asociación de Municipios por la Independencia… sin olvidar el campo mediático). En cuanto a los segundos, el constitucionalismo español representado por el PP y el PSOE recibe una obligada imputación, sin olvidar de una manera más concreta el comportamiento del PSC durante el periodo 2012-2014, cuando muchos de sus dirigentes asumieron el vocabulario (“derecho a decidir”) y los objetivos del separatismo.

En efecto, por un lado el Gobierno de Rajoy no ofreció una respuesta contundente a las provocaciones de los Mas, Junqueras, Homs… cuando disponía de los recursos legales para ello. Tampoco se preocupó en exceso por presentar batalla en el terreno de las ideas y del relato sino que optó por la solución, tan simple como poco efectiva, de considerar que bastaba únicamente con la actuación del poder judicial. Por otro lado, la actitud del socialismo español tampoco resultó de gran ayuda, optando por la receta buenista que tenía como plato principal la defensa del “diálogo” con un interlocutor cuya estrategia descansaba en el unilateralismo.

Además, la nueva izquierda populista (Podemos en Madrid, los Comunes en Barcelona) directamente rechazó formar parte del bando constitucional, apostando por una ruptura del régimen del 78, justo lo que el independentismo anhelaba. Esta actitud de Iglesias o Colau en ningún caso suponía una novedad sino que debe insertarse dentro de esa corriente ideológica que siempre ha contemplado de manera peyorativa la Transición y para la que rememorar los años de la dictadura franquista forma parte de su argumentario cotidiano.

Los autores están de acuerdo en que el procés, tal y como lo concibieron sus adalides, ha resultado un fiasco de gran magnitud. Al respecto, los indicares son notables: líderes políticos encarcelados, ausencia de apoyo de la comunidad internacional (a pesar del dispendio llevado a cabo por Diplocat), CiU ya no existe como tal y un deterioro notable de la imagen de Cataluña tanto en España como en el extranjero. Además, el soberanismo tampoco ha conseguido que en el exterior se asocie a España con epítetos negativos, como por ejemplo antidemocrática o autoritaria.

Sin embargo, esto no implica que las ideas defendidas por los procesistas hayan concluido su influencia, ni que la fractura social haya finalizado. Por el contrario, nos hallamos en un tiempo con enigmas importantes pero que también ha dejado algunas lecciones, como subraya Juan Claudio de Ramón en su capítulo. La principal de ellas es que los españoles, al salir a la calle durante octubre de 2018, demostraron amor por su país y un deseo de no transigir más con el nacionalismo periférico a la hora de establecer un proyecto de futuro.

En definitiva, una obra de obligada lectura porque radiografía de manera rigurosa unos años fundamentales de la historia de España (2012-2017). El independentismo aparece nítidamente retratado así como sus recurrentes vulneraciones de la legalidad constitucional con las que quiso imponer un proyecto político cuyas premisas principales, no obstante, aún secundan de manera fanática numerosos sectores de la sociedad catalana.

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