Desde los tiempos de Gento y Collar ya no hay extremos derechos puros en el fútbol. Ni siquiera químicamente puros, según don Miguel de Unamuno. Tampoco extremos izquierdos como Amancio y Ufarte. Con las nuevas tácticas, los extremos han sido desplazados por las figuras del carrilero, medio centro y delantero exterior, todos al servicio del falso 9, que es al fútbol lo que Pedro Sánchez a la Universidad. Hoy parece haber más prestigio en los terrenos de juego que en los másteres y en las tesis doctorales. Poco queda en el Gobierno de España, en donde cabría aplicarse lo que Sánchez Mazas pone en boca de la diosa Fortuna en Cuatro lances de boda, “muchos de los hombres llamados a gobernar el mundo han adorado a la Fortuna, menospreciando a la Virtud. Para evitar los grandes cataclismos en el curso de la historia humana, a todo incremento de velocidad y altura en el propósito tendría que corresponder un incremento y un seguimiento de la Virtud”. El drama de Sánchez es que se pirra por surcar los aires en falcon y helicóptero y no tiene tiempo para practicar virtudes.
En su afán por prestigiar a la Corona, el presidente del Gobierno soyyo se descolocó a la derecha de Sus Majestades en el besamanos regio. ¿Qué les ocurre a estos aprendices de socialistas que llegan a presidentes de la nación? Ignorancia o chulería, pero lo cierto es que con ellos el protocolo sale malparado. Zapatero ofendió a la bandera de EEUU permaneciendo sentado ante ella. Luego presumía de ser amigo de Obama. Lo es más de Maduro. Animado por un edecán de Zarzuela, Sánchez se recolocó a la extrema derecha o, al decir de la Notaria Mayor del Reino de Trapisonda, “a la extrema extrema derecha” de los Reyes. El desliz hubiera recordado a una hilarante escena del mejor Mr. Bean, si el protagonista hubiera esbozado al menos una sonrisa, tomándoselo con buen humor. Pero el gesto desabrido evidenció que aquello se trataba de una provocadora afrenta contra él. Y salió trasquilado cuando creía ir a por lana. En ese instante, nadie en su sano juicio le hubiera pedido ni la hora. A los españoles nos inquieta esa mirada de pendenciero camorrista de “te vas a enterar”, que dirigió a Albert Rivera cuando éste le preguntó por la tesis, o esos ojos de pérfido vengador con que insultó a Mariano Rajoy, llamándole indecente en un tenso debate electoral. Ojala, Iván Redondo sea también psicólogo.
Conociendo la mentalidad de nomenclatura soviética de Sánchez y sus aliados, no es de extrañar que la diatriba más repetida en clave electoral contra sus rivales será la de extrema derecha, aderezada con adjetivos como xenófobo y racista. Según Carmen Calvo, todos los que no están con Sánchez son de extrema derecha, o sea, fascistas. Olvidan que el extremo derecho está dentro del juego. En cambio, los golpistas y terroristas se sitúan a extramuros del sistema y el graderío pide tarjeta roja para ellos.