No deja de ser curioso que acuse a la oposición de deslealtad alguien que se ha hecho famoso en política por un eslogan tan poco constructivo como es el reconocido “no es no”. Y no es menos llamativo que Pedro “hola, soy el presidente del Gobierno” Sánchez mandara a Bruselas unos presupuestos que no han sido avalados por el Parlamento y que no son creíbles.
Y es que las cuentas no cuadran: ¿Es posible contemplar el mayor gasto público de los últimos 10 años y al tiempo ajustar el déficit como nos piden en la UE cuando, además, el propio Gobierno ha rebajado el crecimiento de la Economía para este año y el siguiente?
Si ya saben en el Ministerio que la economía no va a crecer como se esperaba, que las exportaciones tampoco van a ser las mejores y, sin embargo, quieren recaudar 11.724 millones de euros extra para poder hacer política en tiempo electoral, queda claro a quiénes van a exprimir, una vez más, con nuevos impuestos. Los que echan números en el Gobierno del PSOE están haciendo gala del mismo optimismo antropológico de Rodríguez Zapatero que llevó a España a una de las crisis económicas más duras que se recuerda. Y eso es preocupante.
Las dudas se ciernen sobre unas cuentas que todo el mundo sabe son de dudosa credibilidad por la forma en la que se han gestado, es decir, con las exigencias de Podemos, que nunca se ha caracterizado por el comedimiento y la austeridad. Pedro “presidente del Gobierno” Sánchez quiere fiarse –lo necesita– del ciclo económico para aumentar la recaudación en 6.413 millones, a pesar de que las noticias del exterior, con el Brexit, el petróleo disparado y la guerra comercial entre EEUU y China, no ayudan. Cree igualmente que las nuevas tasas le proporcionarán también 3.811 millones. Bueno, pues aún así, con estas dudas, el amigo del Falcon y del Puma ha calculado que otros 1.500 millones llegarán para su dispendio en concepto de ingresos no tributarios.
Los que saben de esto ya han dicho que este nivel de recaudación es improbable, que hay serias dudas de que se pueda ingresar lo previsto porque los ricos ya saben lo que tienen que hacer para no pagar más de la cuenta. Lo más triste es que ya se está avisando y el Gobierno haciendo caso omiso de que queda claro que las nuevas obligaciones tributarias van a provocar el efecto contrario al esperado por el Ejecutivo, esto es, menos beneficios y más paro.
Y digo yo: ¿Alguien duda de que el plan de Sánchez con los presupuestos supondrá más deuda y luego recortes y luego austeridad y luego manifestaciones y, finalmente, un parecido tremendo con la época dura y menos conveniente de Mariano Rajoy?
El presidente del Gobierno pide lealtad y los partidos de la oposición le reclaman responsabilidad. Zapatero no fue responsable, así nos fue, y Sánchez lleva el mismo camino. Pero es difícil hacer cambiar de opinión a quien no sabe gobernar de otra forma. El PSOE solo funciona en el Gobierno si hay dinero en las arcas que gastar. Sin dinero no sabe gestionar. Será fácil ver a Sánchez y sus ministros prometiendo dádivas y propuestas absurdas con los que engañar a la gente para arrancar el voto en las próximas elecciones.
Las verdaderas cuentas son las que Pedro Sánchez está echando para ver el rédito político que le proporcionará la subida del Salario Mínimo Interprofesional y la aplicación del IPC en las pensiones o el aumento del permiso de paternidad. ¿Cuántos millones de voto calcula?