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TRIBUNA

Protocolo

Juan José Vijuesca
miércoles 17 de octubre de 2018, 20:15h

Lo de saber colocarse en relevante situación es una cuestión que va ligada al estar mejor o peor entrenado e incluso bien asesorado. Es una de esas máximas que no consiguen romper con la ley de Murphy, ya saben, lo de la tostada que siempre cae al suelo del lado de la mantequilla. Por consiguiente resulta inevitable, ya sea por un malentendido o una situación sobrevenida, a que la imagen de lo que no se quiere que trascienda valga más que mil palabras. Pues lo del protocolo es algo parecido, pero más delicado.

“Todos estamos hechos del mismo barro pero no del mismo molde", según un proverbio chino. Lo que sucede es que hay situaciones que a cualquiera de nosotros nos pueden sobrepasar. Me pongo en el lugar de Pedro Sánchez en el besamanos de los Reyes y pienso en lo indigesto de ese mal trago por no haber estado bien colocado o bien asesorado. Un apreciable amigo, hecho a sí mismo, solía decir que en los actos de mayor notoriedad había dos cosas a tener muy en cuenta: no comer repollo ni brócoli el día de antes y gozar de mucha suerte en los actos protocolarios. Se hace comprender que lo primero sería para evitar una distensión abdominal de ingrávidas consecuencias. Lo segundo, una mera cuestión de azar, como veremos a continuación.

El protocolo, sin ser yo maestro en estas cuestiones, se me antoja como un dechado en saber estar, ser dueño de una exquisita cortesía, pero sin caer en el empalague y tener una pizca de buena suerte por si acaso el jefe de protocolo está atendiendo a otros antes que a ti. Y esa es la cuestión del meollo, que si pierdes el sitio pues vas y te pones al lado de la Reina y a ver qué pasa, que no es otra que dar la nota porque la instantánea ya ha cruzado los hemisferios de las redes sociales.

Como se suele decir en estos casos, lo peor es la cara que se te queda. Y a fe que a Pedro y Begoña se les vio con un rictus como de reburbuje intestinal. No es para menos. La máxima de actuar con naturalidad, siendo uno mismo, no siempre va acompañada del éxito porque no es lo mismo un acto de encorsetado protocolo real que una jet set décontracté de variado ambiente social en donde lo atemporal o la crítica rosácea pueden crear tendencia e incluso convertirte en un ejemplo a seguir. La alta sociedad tiene eso que se llama “estilo recurrente” Lo de la realeza es otra cosa, se tira más a lo sobrio aunque la Casa Real española por suerte tiene poco de rancia, todo sea dicho.

Parece que Pedro Sánchez ha sido víctima de un mal entendido protocolario, según dicen, pero es que tampoco él está en lo que está. Llegó a la Moncloa de aquella manera y desde entonces no atiende a razones. A mí me preocupa y es por las amistades que tiene. Le están utilizando y al final le estropean del todo. El caso es no estar nunca tranquilos, si no es por unas cosas lo es por otras. Esto del protocolo ha sido precisamente por las malas compañías y a mí no hay quien me lo quite eso de la cabeza. Como digo, no está en lo que tiene que estar. Si es que lo ha visto todo el mundo. Si es que hasta Ana Pastor, que es del Partido Popular, sabía que el matrimonio monclovita estaba fuera de sitio y les saludó con un risueño gesto como de “No es No” para evitarles el sonrojo.

Menudas son las redes sociales y ni te cuento las cotillas del barrio, porque estas cosas se saben, vamos que si se saben. Qué necesidad tiene este chico de firmar nada con los de Podemos en vísperas de protocolos tan señalados. Y luego va y lo cuenta para que se entere bien todo el mundo, incluso los autónomos a los que no les arriendo las ganancias (pérdidas, mejor dicho). El pequeño comercio se va a enterar de lo que vale el salario mínimo y las cotizaciones, porque una cosa va ligada a la otra. Y los pensionistas para qué contar. Subidas del IPC en pensiones, pero lo será a costa de aumentar impuestos o sacar otros nuevos porque ya me dirán de donde sale el dinero si la Seguridad Social está en números rojos. En fin, zanahoria para hoy y palos para mañana. Para mí que Pedro ha perdido el sitio a pesar del elegante “capotazo” echado por Zarzuela. Puede dar gracias a que Felipe VI es un buen tipo. En fin, convocatoria urgente de elecciones o Pedro acaba por no encontrase ni a sí mismo. Al tiempo.

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