Sospecho dos Españas en liza, al menos moral, en el día de hoy y en el todavía presente más contrito debido a plurales amenazas. Una, sí, la de Martin Scorsese, que recoge el Premio Princesa de Asturias en el Teatro Campoamor de Oviedo, y sigue creyendo en la cultura, proteger las salas de cine, seguir trabajando, no achicarse frente a los desafíos sino mantener la llama encendida. Otra España, la de Miguel Bosé, también en el papel moaré tras su marcha del país al haber aparecido en la lista de morosos de Hacienda, instalarse en México y ahora separarse del escultor Nacho Palau, con mucho azumbre de hostias frescas por el medio y llama a la parrilla.
¿No es esa segunda España, la del irse de Bosé, también la del gigante Alcoa, tercer productor mundial de aluminio, que este mismo año ha recibido 130 millones de euros –no contemos lo anterior- y todas las sospechas van encaminadas a que colocará el tenderete en otra localización, esa China donde ya están construyendo nuevas instalaciones? La explicación es el incremento de la luz que ha multiplicado por tres las pérdidas previstas. “Hemos perdido cien millones en dos años. El año pasado nuestros números rojos fueron de 26 millones de euros y este año la previsión es que alcancen los 74 millones”, explican los mandamases. ¿Y no contáis en la libreta lo dado? Callan, callan, callan, hasta abrir otra caja de Pandora. “El modelo energético en España es pura incertidumbre por culpa de sus precios. Pedimos un modelo energético estable y pactado entre todas las fuerzas políticas que evite los vaivenes y parches regulatorios en torno a la factura”, parecen decirnos, sin perder sonrisa, con las maletas hechas.
Scorsese dice para sí de cada trabajo que es el último, cada vez las dificultades financieras son más arduas, las técnicas, la producción, los presupuestos, la sociedad no va al cine y hoy hay que montar el tinglado desde la calderilla. ¿No pasa lo mismo en literatura, pintura, música o artes escénicas? ¿Quién compra hoy un CD musical de su grupo favorito? Con su dinero, con sus beneficios, a sus años, Scorsese ha destinado una partida a recuperar el patrimonio cinematográfico africano, restaurar películas y dar a conocer otras que de otro modo se hubieran perdido. Es aficionado a la mirada africana, distinta de la europea o americana, y lo ha puesto todo él en un país ajeno a laboratorios, dinero o medios profesionales. Su verbo es sucinto y evita meandros: “Si no conservamos las películas de los sesenta y los setenta de países como Mali, Uganda, Senegal o Chad, la gente, los ciudadanos no sabrán quienes son ni de dónde vienen, la historia se perderá”. Sin Cultura –acierta Scorsese- no tenemos memoria. No hay más.
Bosé se va, Bosé se desenamora, Bosé anda en contenciosos con su novio, el despacho de abogados de familia Ortolá Dinnbier vela por los derechos de los hijos menores. ¿Habrá algo más español que Bosé? Se puede construir la historia sentimental de este país con sus actuaciones en la televisión, aparte de discos y demás jaranas callejeras, coreadas por todos. Ahora descubrimos más capítulos que no sabíamos: sus amores con Nacho Duato, la Valencia del diseñador Francis Montesinos donde conoció al escultor, etc. El intérprete no explica nada y sigue blindado en Ciudad de México. ¿Espantada tras la publicación por parte de la Agencia Tributaria de 1.869.000 euros que se encuentran en débito? No sabemos nada, su aterrizaje en la megaurbe con dos de sus hijos y once maletas, urbanizaciones privadas y aún más secretas. Silencio, silencio, silencio.
La España de la espantada (Bosé/Alcoa) irá a más y la España del esfuerzo de mantener la llama encendida y su cuidado (también su curato) irá a menos (Scorsese).Los Premios Princesa de Asturias señalan con el dedo índice la excelencia allá donde se produce y la Agencia Tributaria el hurto con la misma contundencia, ambas instituciones son hoy imprescindibles en la España oscura de la clase media hecha migas. Dos creadores (Scorsese/Bosé) en mitad de una España donde cada uno de ellos es emblema de una polarización muy diferente. Scorsese sabe cómo el cine que hace no interesa a los estudios y así produce con Netflix, plataformas nuevas de esperanza. Bosé, de una forma u otra, viaja en el asiento trasero de Taxi driver, gracias a ese Toro salvaje por el que el ocio se convierte en negocio y la vocación, tal vez, en la más horrorosa ficción. Pagar a Hacienda, Miguelito, es sano, gracias a eso tu país, que te lo dio todo, construye hospitales, carreteras, escuelas y lo que ya te sabes de memoria. Piénsalo, con una ranchera de fondo: ¿Te dio más tu tierra a ti o fue al revés? ¿Fue poco todo?
Scorsese es y será el futuro de la cultura mismo: Háztelo tú mismo. La abundancia, que igual era gula y llamábamos bonanza, no volverá. Nos espera la paz del artesano, Lope o Cervantes emborronando pliegos duros bajo las ráfagas por los cielos del candil débil, poca tinta y ninguna pluma de repuesto, como la mejor purga de alma y cuerpo. Lo crucial es no dejarse corromper por la ausencia y seguir en la presencia del don recibido; esa entrega que, ocurra lo que ocurra fuera, es siempre y dentro la vocación ajena a toda venta o prostitución. Así –lo creo de veras- la vida arde. Lo dice Lope en el poema Ir y quedarse: “Creer sospechas y negar verdades,/ es lo que llaman en el mundo ausencia,/ fuego en el alma y en la vida infierno”. La verdad es cuanto mana de adentro y no puede sepultarse. Quedarse (Scorsese) es mucho más satisfactorio que irse (Bosé): el primero no dejó la tierra de su profesión y para el segundo, tal vez, su muda es completa (obra, casa) por culpa de los números de la cuenta corriente. Morir con las botas puestas es permanecer: Arder como la vela y consumirse,/ haciendo torres sobre tierna arena;/ caer de un cielo, y ser demonio en pena,/ y de serlo jamás arrepentirse. Quedarse siempre será pagar; en los mejor casos con la vida. ¿Y la Tercera España? La de irse con lo puesto, sí, en busca de futuro, sin haber defraudado un solo euro, pobre como una rata de dos patas.