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DESDE ULTRAMAR

Bolsonaro

Marcos Marín Amezcua
sábado 03 de noviembre de 2018, 19:14h

Los embates de la democracia nos recuerdan que su péndulo es un vaivén que gracias al voto popular después de todo, se desplaza de lado a lado. Lo normal. Supone una sucesión de tendencias y partidos. Prolongarse una sola opción política solo es posible con el sufragio mayoritario que implica el consenso mayoritario. Así funciona tal. A los de izquierda en Sudamérica a veces les cuesta admitir ese flujo, justo como a los priistas mexicanos verse echados del gobierno por ladrones y por inoperantes, como lo fueron en su peor sexenio, el de Peña Nieto. Y a estos últimos les arde oírlo decir, que no vea.

Así que yo no aprecio como un terremoto ni como la debacle lo acontecido en Brasil, planteado de forma melodramática al ver que la ultraderecha gana, porque hace más de una década celebraban las izquierdas su empoderamiento continental, sin recibir por tal el manotazo de Estados Unidos, entretenido cual metomentodo en otras regiones del planeta, usurpando soberanías, ultrajando derechos y robándose el petróleo iraquí, la segunda reserva mundial. Nada nuevo. Y pese a tal ascendente recordemos que Hugo Chávez en su cacareado liderazgo, jamás articuló un bloque anti-Estados Unidos. Hubo roces, pero nada más.

La verdad es que de momento el subcontinente latinoamericano está gobernado casi por partidos moderados o de derecha. Brasil entra en esa secuencia. Lo normal y si la democracia no se traiciona, lo será por un tiempo, nada más. México es una de las grandes excepciones, pues viró a la izquierda. Y es importante porque la izquierda en México no tiene apetitos de expandir su ideología, una que además es más recalcitrante que socialdemócrata, por ejemplo. Así que no temamos en la región una injerencia grosera mexicana como la chavista. Y no hace falta.

¿Qué Bolsonaro gana? Pinta para impresentable y punto. Antes de tirarse de un quinto piso preguntémonos qué hizo la izquierda en Brasil, para perder. Pues lo que hizo al final de cuentas fue fallar en un proyecto de país y los electores lo han cobrado en las urnas. Con ella en tiempos recientes, Brasil prometía esta década prodigiosa y quedó a deberle, pese a los avances sociales. Y no fue a más esa izquierda porque no alcanzó, no compensó su actuar al peso de los errores cometidos por sí; no obstante que hubo un rescate desde la pobreza y el trabajo. Los seguidores de esa izquierda brasileña deben reflexionarlos. La izquierda pasará a la banca a meditar sus excesos y equívocos. Lo que no sé es si aprenderán. Mire usted al PRI, regresó voraz al gobierno y no aprendió, no entendió y no mejoró. Por eso perdió otra vez. Haber si ahora aprendemos, mexicanos.

Eso sí, desde las Naciones Unidas, Michel Bachelet, su alta comisionada en Derechos Humanos, ha manifestado que vigilarán de cerca el proceder de Bolsonaro en esa asignatura. Lo veo muy adecuado advertírselo.

Lo más que podemos atisbar desde México es a identificar que ni la izquierda aquí irá a más que a cumplir un expediente, porque recibe un país de cabeza de manos del PRI y con poco margen económico de acción, escasísimo, ni Brasil vea a un ultraderechista con capacidad de explayarse en sus más torcidas ideas, que, expresadas, nos ponen las cejas alacranadas. Menudo es Bolsonaro. Y desear que no emprenda una confrontación con sus adversarios ideológicos, como lo es López Obrador. Un choque México-Brasil no conviene a la región en su conjunto. Hay que aguardar a que ambos gobiernos entren en funciones y ver el desarrollo de sus relaciones bilaterales.

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