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LETRAS DESDE MEXICO

Mariguano, ni se siente

viernes 09 de noviembre de 2018, 20:27h

Todos lo sabemos en cualquier parte del mundo, México lleva la macabra contabilidad de 200 mil muertos en los últimos años por el desencadenamiento de la violencia entre bandas criminales, entre ellas de narcotraficantes.

Y ahora; imaginativos como somos para resolver los efectos cuando no podemos con las causas, los mexicanos hemos dicho de la mano de un nuevo líder: para evitar la violencia causada por traficar con sustancias prohibidas, mejor le quitamos la prohibición y todos seremos felices.

O por lo menos todos andaremos mariguanos, o como se dice aquí, bien pasados, bien “pachecos”.

En fin, hace mucho tiempo nos debatimos entre los pretextos y las falsedades.

Los efectos sicosociales del consumo de mariguana, determinaron su prohibición generalizada en México, a partir de los años 20 del siglo pasado.

Hoy se retira la prohibición, pero los efectos son, químicamente, los mismos. Los cambios en el mecanismo cerebral, no dependen de la Suprema Corte de Justicia.

El investigador Jose Domingo Schievenini Stefanoni señaló que las hojas de marihuana, “fumadas o aún mezcladas con tabaco como la usan los árabes y aquí en la República principalmente los presidiarios de la isla de Mescala y Cárcel de Guadalajara, se emplean para procurarse una especie de embriaguez particular acompañada de sensaciones voluptuosas en que se ve lo que no es real”.

Quince años después fue prohibida en Estados Unidos. Hoy la liberalización se realiza en sentido inverso, primero ellos; después nosotros, obedientes y colonizados.

Allá, en Estados Unidos, donde la mariguana fue prohibida en los años treinta, hay una historia notable:

“…Harry Anslinger, “Primer zar antidrogas”, “un tipo egoísta, autoritario, enérgico, brutal, suspicaz y sin escrúpulos, fue el comisario de la Narcotics (Oficina Federal de Narcóticos) en los E.E.U.U de 1930 a 1962. Trató de idear una estrategia para sintetizar toda la evidencia negativa en torno a la marihuana y promulgar una ley prohibitiva sin que esta propuesta fuera declarada anticonstitucional.

“Para ello se basó en la Ley Nacional sobre Armas de Fuego, ley con la que el Congreso buscó reducir el número de ametralladoras usadas por los gánsteres estableciendo que tales armas solamente podrían traspasarse mediante el pago de impuestos de transferencia. Fue declarado legal por la Corte”.

Pero más allá de la obvia “gringuización” de nuestras decisiones políticas hay una pregunta perdurable: ¿necesitaron los canadienses, los uruguayos o todos los abolicionistas del veto, una guerra como la mexicana para persuadir a sus habitantes del gusto por tatemarle las patas al demonio?

Baste esa pregunta cuya respuesta nadie ofrecerá, para regresar a los hallazgos maravillosos del maestro Schievenini, quien nos dice:

“…Durante la semana en la que se discutió́, casi en secreto, el proyecto de ley de 1937 en contra del cannabis se afirmó que la marihuana era el opio mexicano. El doctor Fred Ulsher se atrevió́ a comentar que “cuando un peón en un campo traga unas bocanadas de esa cosa se figura que acaba de ser elegido presidente de México, así́ que les da por ejecutar a sus enemigos”; también afirmó que después de “un par de chupadas de marihuana” a los mexicanos, además de matar gente, les da por “representar imaginarias peleas de toros”.

Pelea de toros le llaman los ignorantes del norte a las corridas de reses bravas, las cuales --dicho sea de peso--, están a punto de extinguirse en este país, gracias a un contubernio entre “animalistas” y desastrosos promotores de la cultura tauromáquica. Pero eso será para otro día.

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