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SAO PAULO

Horror en el fútbol de Brasil: "Fueron a castrarlo y a dejarle a la intemperie"

EL IMPARCIAL
miércoles 14 de noviembre de 2018, 20:35h
El Estado investiga la tortura y asesinato de un futbolista de 24 años.

No son pocos los problemas relacionados con la violencia que atraviesan a Brasil. Desde la refriega retórica de la vida política hasta los 'escuadrones de la muerte' que asesinan a niños que viven en las calles de las regiones del interior del país, la nación carioca sigue viviendo sumida en la latente conflictividad en casi cada faceta de la realidad. Y, como no podría ser de otro modo, el fútbol no ha escapado a esa circunstancia tenebrosa. Es más, parecería que ha subido la apuesta dentro de esa lógica perversa.

La historia que trae a colación el balompié con la tragedia del día a día tiene como protagonista al futbolista del Sao Paulo Daniel Correa Freitas. Este deportista profesional, de 24 años y que estaba cedido en el club Sao Bento, de la Segunda división brasileña, fue asesinado y castrado el pasado 27 de octubre, según ha determinado al investigación que están llevando a cabo las autoridades policiales y judiciales brasileñas. Destapando un caso de horror sin parangón.

El epsodio, según narra el relato que reconstruye lo ocurrido, coloca a Correa en uan fiesta celebrada en la región metropolitana de Curitiba. En ese evento, el jugador fue sorprendido en la cama con la esposa del empresario Edison Brittes Júnior, principal sospechoso del crimen, ya arrestado. En ese momento se habría desencadenado la barbarie que ha compungido a los ciudadanos, por más ración de violencia que desayunen cada jornada.

Las pesquisas han llevado a detener a seis personas por el atropello al sentido común perpetrado. Y las informaciones siguen brotando a partir de fuentes de la investigación. De ellas se ha extraído la confesión de uno de los sospechosos de haber participado en a paliza y matanza que acabó con la vida del futbolista contratado por el Sao Paulo. En su argumentación, publicada esta semana, aclaró que "fueron con el objetivo de asegurarlo, hacer la castración y dejarle a la intemperie para que buscase ayuda, pero no matarlo".

Eduardo Henrique da Silva, de 19 años, es el que ha comentado este extremo a los medios de comunicación locales. Y una de sus presuntas compañeras en el homicidio de Correa, una joven de 19 años que estuvo en la casa en la que se cometió el crimen, corrobó la infidelidad que desató el infierno. El empresario Brittes ordenó a esta testigo y a los otros invitados de la fiesta de su hija Allana, que cumplía 18 años y también ha sido detenida, que limpiaran las manchas de sangre consiguiente a la paliza dada al jugador.

"Incluso el colchón del matrimonio fue cortado en la parte donde había sangre. Ese pedazo fue quemado junto con los documentos de Daniel (el jugador de fútbol asesinado)", ha manifestado esta joven testigo en el auto que ha conseguido el diario brasileño GloboEsporte. "¡Desgraciado! ¡Quién te mandó estar con una mujer casada, en mi cuarto, con mi mujer!", gritó el empresario, presuntamente antes de extirpar los genitales de Correa y asesinarle con un puñal. Así lo atestiguan las pesquisas oficiales.

Lo que no se ha podido esclarecer es si el jugador del Sao Paulo abusó sexualmente de la esposa del empresario, que también ha sido detenida en calidad de cómplica del caso de homicio y tortura. De lo que sí hay testimonio gráfico es de su encuentro con el jugador, pues éste envió a sus amigos por Whatsapp fotos en las que aparecía en la cama con la mujer de Brittes. Según la testigo mencionada con anteriordad, el empresario confesó lo ocurrido cuando regresó a casa, toda vez que se deshizo del cadáver de Daniel Correa -al que había metido en el maletero de un coche-.

La reconstrucción que han brindado los testigos presenciales desenmaraña y acusa a Brittes de haberle cortado el cuello al futbolista cuando vio las fotografias de Daniel con su esposa en la cama. Fue de camino al local en el que se desarrolló el asesinato. En ese viaje ya le apuñaló mortalmente, tras abrir el baúl en el que le habían metido. El empresario ha alegado que hizo todo lo narrado con el fin de proteger a su esposa de un intento de violación. Mas, la Fiscalía no ha dado veracidad a esa tesis. Y, por último, se han publicado imágenes de la familia Brittes y los otros tres detenidos en una reunión en un centro comercial, dos días después de la muerte del joven. Allí habían acordado dar una versión única de los hechos ante la Policía.

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