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DESDE ULTRAMAR

Vergonzoso: Khashoggi por petróleo

jueves 22 de noviembre de 2018, 20:15h

Ha sido asaz vergonzoso el tuit de Trump antes de marcharse al puente por el día de Acción de Gracias –ya que se marchó mucho antes, cansino como está de la presidencia, pues ya se le nota– conmemorado este jueves 22 de noviembre, felicitando a su incondicional aliada en Oriente Medio, Arabia Saudita, por contribuir la baja de los precios del petróleo, luego de meses de forcejeo en los mercados mundiales con el costo del crudo.

Trump con ello ha reconocido que dejará pasar en lo que le toque, el asesinato artero del periodista disidente saudárabe, Jamal Khashoggi en el consulado de Arabia Saudita en Estambul y pasan página sin más. Mucha libertad de prensa de los yanquis alardeándola y jurando que , pero el negocio es el negocio. Su hipocresía apertya y por eso es denunciable. El también articulista ha sido asesinado por su postura beligerante contra la casa real de Arabia Saudita y su muerte vale menos que un barril de petróleo a un precio al gusto de los yanquis, dispuestos a no cuestionar a su aliada en la región. Es vergonzoso y deleznable.

Lo del petróleo que vale más que un periodista descuartizado aún vivo en el consulado saudiárabe, como le sucedió a Khashoggi, acontece en el marco de las rivalidades entre Estados Unidos e Irán llevadas también a ese plano, por la subida de los precios este año y precedentes, que nos lleva recordar que la primera reserva petrolera del mundo la posee Irán. Justo allí a donde Estados Unidos, sí, cree que hay que llevar más democracia, luego de apropiarse de manera gansteril de la reserva petrolera del lado iraquí. Y que es la misma que posee la vecina Irán, casualmente.

Deshonroso y pusilánime el tuit como su autor. El tuit de Trump felicitando a Saudiarabia es aborrecible porque enmarca una suerte de mirar hacia otro lado en las acusaciones directas a ese país por el asesinato del Khashoggi. Su muerte es una vergüenza y una afrenta al periodismo mundial. Para más inri, The Wall Street Journal revelaba que Trump desestimó las conclusiones que la CIA formuló imputando al príncipe heredero saudiárabe en los procederes que terminaron con la vida del articulista, cual si solo se tratara de un simple gacetillero y no, no lo era en ningún caso, porque estamos hablando de un sujeto que alzó la voz contra excesos cometidos en su país de origen.

Estados Unidos ha zanjado el debate acerca de si el régimen saudiárabe está o no detrás de la muerte del periodista incómodo. Pesó más su alianza militar y petrolera con el segundo productor y primer exportador mundial del hidrocarburo. Se trata de un excelente mercado para venderle armas, es poseedor de grandes contratos militares y tiene una influencia religiosa sobresaliente al ser su soberano, guardián de La Meca.

El tuit como el retractarse de sancionar al país asiático son actos condenables porque se troca nuevamente su alianza por un asesinado, jugando EE.UU. otra vez a irredento malabarista sosteniendo en una mano aquella monarquía autócrata y en la otra a Israel –los extremos se juntan, después de todo, ante los intereses económicos de la superpotencia– y ambos países van como dos mujeres del cacique, que oficialmente no se soportan, mas se toleran, sabedores de la impresentable alianza que sostiene aquel con cada cual.

Así que se quedan en un segundo plano las pesquisas para descubrir en definitiva qué sucedió con el periodista saudí; una indagatoria de la que el dictadorzuelo turco Erdogan se ha valido para retar en buena medida el nombre y la influencia del reino saudita, siempre en primer plano encabezando liderazgos del Oriente Medio.

El intríngulis va por dos vertientes: el sube y baja de los precios del petróleo y el asesinato del personaje de marras. Quede para la historia el otro atrabancado y descerebrado tuit del verano pasado en que Trump exigía a la OPEP que bajara los precios del petróleo. Tan groseras maneras solo podían esperarse de un desquiciado. Y como a Europa Occidental, chantajeando a aquellas naciones, Trump escribió con su incontinencia digital característica justificando su orden: “Protegemos a los países de Oriente Medio, no estarían seguros por mucho tiempo sin nosotros, y sin embargo continúan empujando más y más alto los precios del petróleo” en un tono cual si le hablara a su sirviente, esclavo o a su muchacho. Por eso el régimen iraní le reviró de inmediato calificándolo de descaro y obtuvo de forma indirecta un apoyo la OPEP a no incrementar la producción petrolera para inundar el mercado, incidiendo en reducir los precios y de paso, frenar así a las exportaciones iraníes. Trump había fracasado en ese tándem avieso. Semanas después amagaba al propio rey saudí Salmán bin Abdulaziz, un aliado incómodo en apariencia, con palabras mezquinas: “Rey, te estamos protegiendo, no estarías ahí ni dos semanas sin nosotros. Tienes que pagar por tu Ejército". Los sauditas se han aplicado a secundar las intenciones de Trump de reducir el precio del crudo.

Así que la muerte de este periodista disidente que el 2 de octubre entró al consulado de su país en Estambul y nunca salió, pese a decir Arabia Saudita primero que sí y luego que algo salió mal en el interrogatorio aplicado y que murió por “un error enorme”, importó menos que los millonarios contratos con Estados Unidos. Y pese a los informes de Al Jazeera, de que fue descuartizado vivo en 7 minutos por un forense, mientras oía música con audífonos y era ayudado por un escuadrón de 15 sicarios, de los que algunos están ya condenados a muerte y punto.

Ver para creer.

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