Digamos que la primera pregunta que deberíamos hacernos es de primer curso de carrera de Ciencias de la Información en cualquier universidad tanto nacional como más allá de lo que algunos dicen que es lo nacional: ¿Qué es periodismo? Chi lo sa, poteva anche esserepane di banane.
Seamos serios, periodísticamente correctos, mantengamos el sentido común, apliquemos el dolce stilnovo del estilo del periodista. Es que estoy escribiendo esta crónica o reportaje o fábula o bocadillo o como se le quiera definir recién llegado de un huerto de Níjar en donde a doblón aro la tierra como jornalero. Volvamos a la racionalidad.Si bien es de todos conocido que Goya en un aguafuerte dijo aquello de “El sueño de la razón produce monstruos”
No pongo en duda que el periodismo actual y más sensatamente el articulismo o la opinión en los diferentes medios de comunicación sean altamente independientes, tanto en la gallagada pública como en la privada. Incluso estoy casi seguro de que eso sea cierto. Recuerdo una tarde de primavera en que yo mismo realicé una entrevista a Ignacio Ramonet (Redondela, Pontevedra, 5 de mayo de 1943), por entonces director de Le Monde Diplomatique en París y actualmente director del mismo periódico en español. Su última obra conocida y editada titula La explosión del periodismo -2016-. Recuerdo la penúltima pregunta: “¿Usted habla últimamente de que el periodismo se ha convertido en el quinto poder?, ¿no habíamos quedado que era el cuarto?”. La respuesta creo que es de todos conocida. Quizá ingenuamente este gallego no acertó ante la duda siempre infalible del destino. Ramonet creció en Tánger, de padres republicanos huidos de la dictadura franquista, doctor en Semiología e Historia de la Cultura por la École des Hautes Études en Sciences Sociales -EHESS- de París y catedrático de Teoría de la Comunicación en la Universidad Denis Diderot, cofundador de la organización no gubernamental Media Watch Global y, tras un editorial en Le Monde Diplomatique en 1997, progenitor del movimiento antimundialización ATTAC, cuya más importante medida a tomar a nivel terrenal era la defensa de la tasa Tobin. ¿O sí conocía ya el futuro del periodismo? Según me contó, Ignacio Ramonetya intuía que el periodismo usado como herramienta a través de las distintas plataformas tecnológicas iba a revolucionar la comunicación global de forma exponencial y a conseguir de manera contundente y a gran velocidad una nueva travesía del mundo con la intención de rehacer lo ya fallado, es decir, comunicar como un acto de regular los errores políticos, económicos, el nuevo capitalismo, todos los errores, de un lado y otro. Internet nos iba a dar el soporte adecuado para exponer ideas diferentes sin ira ni coacciones, una forma de combatir todo tipo de escándalo en la entera civilización, de dialogar, de contrastar noticias unas tras otra hasta convertirse en ese quinto poder que hoy, pasados los años, parece ser que sí se ha convertido en una forma de poder, pero no el quinto -ah, la ingenuidad de los gallegos-, sino en el primer poder. Un poder que nos conmueve ante su capacidad de captación de todo tipo de ideologías, y cuando digo todo tipo es Todo.El poder, con o sin Internet o con o sin medios de comunicación, nos acecha desde ese gran arma que es el miedo. Todo miedo puede ser revolucionario o contrarrevolucionario, pero ante todo lo que es se resume en estos sinónimos: vocero o vox o hacedor de fake news o lo que al lector se le ocurra añadir. La prensa es libre, por tanto, debe ser libre la libertad de expresión -Torrone di merda, me ha salido una onomatopeya-.
Decíamos, decía que no pongo en duda que los medios de comunicación públicos o privados o concertados por tierra, mar y aire en estos mismos momentos en que todos empezamos a darnos cuenta de los merecidos 10 premios Goya cinematográficos que obtuvo la película Blancanieves, dirigida por Pablo Berger, propulsen con el debido motor la que yo considero aconsejable o rigurosa independencia. He ahí la cuestión. La independencia. Pero ¿a qué nos referimos cuando hablamos de independencia? La respuesta se puede encontrar en el libro de Germán Arciniegas El invento de la Independencia, Planeta. 2001. Mi conclusión final es que el periodismo será independiente o no dependiendo de cuánto dinero se acumule por royalty cuando cada uno de los ciudadanos o jornaleros o articulistas o adoradores del vellocino de oro o de todo tipo de incienso pero sobre todo de toda acumulación de mirra (Mt 2, 11) escuchemos o compremos o bajemos de Youtube o simplemente cantemos como nuevo himno de la alegría aquel tema creo que ya olvidado de Jarabe de Palo de 1998 que a todos se nos ha grabado en la memoria, Depende.
Si no me equivoco, el autor de este himno internacional, Pau DonésCirera, decidió, tras regresar de Cuba con su primer álbum La Flaca, continuar dependiendo del éxito y darle cumbia y ritmo sabrosón a la música, la única forma de combatir desde la independencia a todas las fake news con que cada mañana nos despertamos tras el beso del enano enamorado a Blancanieves para regresar a la vida. Pau Donés se está muriendo de cáncer de colon -siempre queda la esperanza y ojalá así ocurra que no se nos vaya- retirado en la isla de Formentera. El año pasado se puso en marcha la gira de su último disco 50 Palos, cuya única canción inédita -con libro y película incluida- a veces suena a humo.Y es que hay tanto humo en todas partes, humo que es ruido y viento y frío y climas y clímax.
Digo esto porque a veces sigo leyendo al escritor fallecido Cristóbal Serra nacido en Mallorca. Cristóbal Serra nos cuenta en su Itinerario del Apocalipsis que no será el agua la que dé paso a un Nuevo Mundo y a un Nuevo Tiempo, sino el fuego. ¿Estará escuchando este viajero eterno de Cotiledonia la balada chamánica The End? Cristóbal Serra, que ejerció de periodista en algún momento, siempre creyó que el Matrimonio en el Cielo y el Infierno nos conduciría al infinito. ¿Cómo? El escritor hoy enterrado en Andratx rumiaba que eso sucedería en el caso de que la independencia de todas las puertas de la percepción fuera posible. Pero para ello debía ser imprescindible abrirestas orejas de asno que sigue siendo el ser humano con el objetivo de poder escuchar la última trompeta, cuyo sonido de forma irrefutable anuncia las grandes noticias de la escatología.
Pero no nos pongamos melodramáticos. Al final, depende, todo depende. ¿De qué? Francamente, querida, me importa un bledo, seguimos oyendo cada vez que abrimos cualquier medio de comunicación en la voz de Clark Gable. Aunque sólo unos pocos comunicadores amanecen con el final yo creo que salvífico y con happy end de Lo que el viento se llevó: “Después de todo, mañana será otro día”.