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TRIBUNA

La vuelta del malón o barbarie versus civilización

martes 27 de noviembre de 2018, 20:20h

Más o menos para la misma época (fines del siglo XIX), dos artífices del arte argentino, uno de la palabra, el otro de la forma y el color, conmovidos por el avance de la barbariesobre la civilización, ofrecieron desde sus perspectivas estéticas un punto de vista coincidente. Paul Groussac, escritor, historiador, crítico literario y bibliotecario, aventuraba la sospecha de que la civilización puede ser una etapa transitoria y apenas episódica de la azarosa evolución del género humano y que este puede recaer en su antigua barbarie. “Es probable que el hombre pierda toda sensibilidad y vuelva a su estado salvaje”, conjeturaba. Algo de eso parece cumplirse.

En 1892, Ángel Della Valle, artista plástico del realismo pictórico argentino, exhibió en la vidriera de un comercio de Buenos Aires (en esa época no había galerías de artes) la obra titulada La vuelta del malón, donde muestra el agresivo saqueo de distintas tribus indígenas, que consistía en el ataque rápido y sorpresivo de una nutrida partida de guerreros a caballo contra indefensas poblaciones, fortificaciones o estancias de criollos, con el objetivo de matar adversarios y saquear para hacerse con ganado, provisiones y prisioneros; sobre todo mujeres jóvenes y niños (consultar a José Hernández y su Martín Fierro y a otros poetas de la literatura gauchesca, puesuna precisa y nutrida literatura abunda al respecto).

Pero, sin duda, el antecedente más eficaz y controvertido se dio a través del implacable Domingo Faustino Sarmiento, que sostenía que el gran problema de la Argentina era el dilema entre “la civilización y la barbarie”. Como muchos pensadores de su época, el autor de Facundo, entendía que la civilización se identificaba con la ciudad, con lo urbano; es decir, lo que estaba en contacto con lo europeo, o sea lo que era el progreso. La barbarie, por el contrario, era el campo, lo rural, el atraso, el indio y el gaucho. Este dilema, según Sarmiento, sólo podía resolverse con el triunfo de la “civilización sobre la barbarie”.

Ha corrido demasiada agua bajo el puente y nos preguntamos si el propósito de Sarmiento se cumplió; y, de ser así, si la civilización desplazó definitivamente a la barbarie. Aún nos queda la duda; aunque no demasiada, ya que una idéntica furia o maldición parece cernirse sobre la contemporaneidad argentina. Con variantes, por supuesto, la historia se repite con un eterno retorno que hace de Zaratustra un personaje redivivo dispuesto a someternos a otra prueba.

Veamos. Al horror de la década del ‘70 se han ido sumando sucesos que nos espantan. En aquellos días fue el terrorismo de grupos civiles o paramilitares que castigaron a la República; luego, el terrorismo de Estado y la guerra en unas islas lejanas, y siempre, siempreen los estadios de fútbol y adyacencias, la violencia grosera de los barrabravas que hacen de un deporte como el fútbol una guerra circense o medieval, que atenta contra la calidad de vida de las personas, pues las agendas familiares, sociales y deportiva se convierten en rehenes de las indecisas decisiones que se programan y desprograman en horas, en función de las confrontaciones. Acaso no es disparatado decir que el fútbol influencia con su peso específico el ritmo de vida de los argentinos. En este resumen entran todos aquellos que, un día por lluvia y otro por “la vuelta del malón”, esa violencia desenfrenada que por un grupo de intolerantes hizo que los hinchas tuvieran que ir dos veces a la cancha (o directamente no ir) porque el desquicio organizativo del fútbol argentino, ya no tiene en cuenta al resignado simpatizante, reemplazado por el fanático o el energúmenos, apodado “barrabrava”. Por consiguiente, nada cuesta imaginar que esta final River-Boca, cuya metáfora competitiva arrasa con toda apreciación lógica, pueda ser encauzada y ambos contendientes se enfrentendeportivamente como corresponde. O se resuelva en un juzgado, en un tablero de ajedrez o en una partida de truco al más ridículo estilo bolichero.

No dudamos al puntualizar que el fútbol es una cosa de cierta importancia dentro de los asuntos menos importante. Un partido en cualquier cancha que se dispute no modifica nada y la dramatización que se hacedesde esos enfrentamientos tampoco cambia un solo ápice de las cosas que seguirán iguales gane el que gane. El fútbol es un pasatiempo más y como tal se lo debe ver. Es importante, sin duda, en cuanto a ser considerado como una forma de entretenimiento y como forjador de identidades familiares y sociales. Sin embargo, ahora se ha transformado en una molestia que interfiere en el ritmo normal de la gente. El día después no lo modifica ni el perdedor ni el ganador. La inflación seguirá su curso, los reclamos obreros seguirán adelante, los jubilados seguirán condenados a comer día por medio, la educación seguirá postergada y humillada, y la brutal decadencia que nos acosa crecerá en un día a día sin esperanzas y rumbo abajo, hacia un infinito que no encuentra fondo.

El daño mayor se le hace al país y a su pueblo, una vez más desencantado por su dirigencia, frustrante en todos los frentes. Agreguemos queEleterno retorno lo desarrolla Nietzsche en el capítulo del Zaratustra titulado “De la visión y el enigma”. Se trata acaso de su pensamiento más profundo, y también del más difícil de captar, ya que el tratamiento que da Nietzsche de este tema es bastante ambiguo. El “eterno retorno de lo mismo” no significa, al modo de las antiguas cosmologías que predicaban la doctrina del gran año, la repetición de las cosas individuales, aunque en los textos conocidos como La voluntad de poder formula su tesis como si se tratase de una doctrina cosmológica (al suponer que el número de átomos y la cantidad de energía que forman el mundo son finitos y, al ser el tiempo infinito, sólo son posibles un número determinado de combinaciones, por lo que el estado actual debe repetirse infinitas veces (algo que hunde en la desesperación). Pero más bien debe entenderse (especialmente) como doctrina moral: es “el sí trágico y dionisíaco a la vida pronunciado por el propio mundo, unido a la noción del amor fati, Esa doctrina moral o, mejor, prueba selectiva moral, que supone una importante reflexión sobre el tiempo, que Nietzsche expone de forma metafórica. Contra el sentimiento de un tiempo destructor y aniquilador (representado en el Zaratustra por un enano o “espíritu de la pesadez”) de las potencialidades de la voluntad de poder, un tiempo orientado hacia un fin que trasciende cada uno de sus momentos. Esto supone una crítica profunda de la oposición habitual entre pasado y futuro: el instante no es un simple tránsito desde un pasado hacia el futuro, sino que en él mismo se muestra el tiempo eterno. Un tiempo al que parecemos condenados los argentinos.

Es por esto que, según conjetura el brillante Friedrich Wilhelm Nietzsche,la doctrina del eterno retorno no es descriptiva, sino prescriptiva: el eterno retorno debe instituirse por medio de una decisión humana para que realmente cada momento posea todo su sentido.¡Vaya paradoja! El resentimiento y la condena nacen de la incapacidad de asumirla plenamente, y asumirla plenamente es aceptar que todo lo que fue, fue porque así lo hemos querido, es decir, querer el eterno retorno que nos hunde en un lodazal, dentro del que –como la vaca empantanada- nos hundimos cada día más.

Digamos, para finalizar con esta monserga, que estamos a un paso del G20 y que la saga futbolística de Boca-River con motivo del final de la Copa Libertadores, se suman a las debidas expectativas que trae la saga de otro acontecimientos aún más internacional, que sobre todo preocupa por la inexperiencia en seguridad y -aún más- por la suficiencia o la fanfarronería de la dirigencia argentina (dixit): “¿Pobreza en la Argentina? Nuestros índices son inferiores a los de Alemania…”. ¿La inflación? Es lo más sencillo de controlar; en mi gobierno no habrá inflación… ¿La seguridad en los estadios? Estamos organizando el G20, ¿cómo no vamos a poder controlar un partido de fútbol?

¡Cuánto daño que su dirigencia, que no brotó de la nada y es su resultante, le hace al pueblo argentino! Ahora otra vez el malón y la misma barbarie de siempre. El eterno retorno nos gobierna. Roguemos para que este fin de semana no pase nada desagradable y no tengamos que lamentarnos.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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