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LETRAS DESDE MEXICO

El umbral del futuro

viernes 30 de noviembre de 2018, 20:20h

Hoy es el último día de una era. Pero también de un estilo, una tendencia, una manera de vivir y convivir.

Más allá de la retórica facilona de su enunciado, hoy se inicia –indudablente-- una gran transformación nacional.

Transformar es mudar de forma, no de fondo. La maduración es una transformación. La putrefacción, también.

Hasta el día de hoy nadie ha logrado probar si por el sólo hecho cambiar se mejora. Las Revoluciones, dijo devoran a sus hijos. Y la mexicana, muerta, sepultada y olvidada hace muchos años, no fue la excepción.

La euforia del triunfo del Movimiento de Renovación Nacional, cuya propia dinámica e incipiente aprendizaje de las responsabilidades públicas (insipiente también), exhibe su inestable condición y ha dado lugar, indudablemente, a un estilo desafiante y sectario, en el cual las frases oportunas (o inoportunas, según se vea), soltadas en el chispazo de una hybris prematura, nos llevan del “no soy florero” a la vanidosa celebración de interpretar el manoseo de la ley para favorecer a un amigo, con la masiva penetración homosexual y alburera.

“Se las metimos doblada”, podría ser ahora el lema en el umbral del edificio del Ajusco donde se ubica el Fondo del Cultura Económica, así como en el dintel de los avernos, Dante leyó aquello de “Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate ("Abandonar toda esperanza, quienes aquí entráis").

Hoy la cultura mexicana, en paráfrasis de aquella jocosa humorada del gran Alí Chumacero, ya no “está en el Fondo” ni “descansa en Paz”.

Alí fue director de producción del FCE durante casi 40 años. Su talento y sus amplios conocimientos tipográficos y editoriales, le dieron a las colecciones de esa editorial un sello de calidad internacional. Los libros del FCE estuvieron bien hechos desde siempre. Ahí publiqué mi primer libro a los 25 años de edad. Otro me lo editó la UAS con Jorge Medina Viedas al frente. En paz descanse.

Pero volvamos al fondo.

Octavio Paz decía de Alí y su sabiduría editorial: convierte una página en un jardín de letras. Hoy seguramente las convertirán en un sembrado de cannabis.

Quizá nos esteMos acercando a las consideraciones poéticas de Jaime García Terrés, quien fue director de esa casa editorial, no simple encargado del despacho en tanto la ley se dobla y se acomoda:

“Rebeldía
en son de retirada, sin virtud benigna
que pueda quebrantar a la dolencia.
Plegaria no. Furores todavía,
la ley por blanco y la razón por flecha”.

La ley por blanco y la razón por flecha. Y podría ser tan simple, tan fácil tan sencillo. De verdad llamarle pan a pan y vino al vino: las cosas por su nombre, las obras en lugar de las maniobras.

Si el asunto no fuera tan grotesco, podríamos hablar de cómo mientras en la Cámara de Diputados el striper de la cultura confunde el Palacio Nacional con el Palacio de Hierro mientras demuestra como ignora casi todo, hasta la O por lo redondo, en los otros rumbos se juega con la norma y la forma.

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