Madrid ha desaparecido como ciudad abierta. Carmena, la alcaldesa puesta por los socialistas, está consiguiendo encerrarla. La amable ciudad de Madrid ya no existe. Carmena remata lo que empezó hace años. Su lento proceso de degradación parece no tener fin. La gran polis donde conviven y trabajan los millones de personas asiste a su fin. Difícil es definir el momento preciso donde empezó la decadencia, pero la ocupación de la alcaldía por equipo de Carmena, han acelerado el proceso y lo han llevado a sus últimas consecuencias. Pocas veces se puede encontrar el ejemplo de la alcaldía que promete una cosa y hace la contrario. Nunca la minoría ha tenido tanto poder gracias al consenso silencioso de la mayoría. Nunca la voz del ciudadano de a pie ha sido silenciado con tanta saña y crueldad. El totalitarismo de la alcaldesa no tiene equivalente.
La ocupación del gobierno por Carmena y los socialistas hizo de Madrid, una ciudad grande y libre, algo impredecible, o peor, la ha convertido en una ratonera impresentable. Madrid, su centro, sobre todo, está controlado por el gobierno sin miramientos a las perturbaciones que esto crea para los negocios y para los ciudadanos. Durante la visita del déspota chino, tan celebrado por las autoridades españolas, vimos que Madrid no es una ciudad fiable, sino un juguete de poderosos. El cierre del paseo de la Castellana, la prohibición del Winnie the Pooh en la Puerta del Sol para no aludir a Xi Jinping, que recibía allí la Llave de Oro de la capital. Hasta han tenido la amabilidad de exponer las banderas chinas durante el trayecto. No es poco para el ayuntamiento y el gobierno alérgicos a la rojigualda. También era un paso importante del Gobierno que no soporta las fuerzas militares, organizar un desfile de más de quinientos efectivos. Las ganas de complacer al gobernante “ejemplar” lo vencen todo.
No sabemos si la alianza entre el ayuntamiento de Carmena y el gobierno de Sánchez han logrado que Xi Jinping se lleve “impresiones imborrables” de su paso por Madrid. Sin embargo, los madrileños y los visitantes de la ciudad no pueden olvidar que lo mismo estaba sucediendo en el Moscú soviético y en la San Petersburgo de Putin. El cierre arbitrario de las calles y de los barrios sin previo aviso, ni remedios para prevenir los atascos, han hecho de las ciudades citadas unos lugares insalubres para la vida ciudadana y para el desarrollo del pequeño o mediano negocio. Son unos gigantes siempre atascados, que no tienen otra opción que ir a los centros comerciales de las afueras para la compra semanal más trivial. Si este es el modelo comunista de ciudad, entonces tendremos que emigrar.