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Laicidad o laicismo

Isabel Gómez Acebo
sábado 26 de julio de 2008, 21:05h
En unas recientes declaraciones a la prensa el cardenal Bertone defendía la legitimidad de la laicidad entendida al modo del mundo anglosajón que contempla la posibilidad de que las distintas religiones tengan sus voces y foros dentro del talante democrático. Todo lo contrario es el modelo francés que fruto de la revolución presenta una oposición frontal al hecho religioso. Esta postura es la que se considera laicismo, un vocablo que no aparece en el diccionario de la lengua pero que está en la realidad social.

Coincidentes en el tiempo y tema a estas declaraciones han salido en Vida Nueva un artículo del coordinador federal de los cristianos socialistas, Carlos García de Andoin y en Toledo una conferencia del cardenal Cañizares. Nuestro primado se queja de que el proceso de secularización español asume cada vez con más fuerza un laicismo radical que arrincona la fe al mundo de lo privado pero no se muestra preocupado por la nueva Ley de Libertad Religiosa ya que considera que su actualización pudiera ser necesaria dada la mayor presencia de otros credos en nuestro suelo. Eso sí, confía en que los cambios que se introduzcan estén dentro del marco de la Constitución y de los acuerdos del estado español con la Santa Sede.

El texto de Andoin defiende las posturas socialistas que piensan que una mayor laicidad tendrá como resultado una mejor convivencia ya que garantiza el marco para la libertad de conciencia, el ejercicio de la fe y el pluralismo de las religiones evitando las derivas nacionalistas. En el mismo artículo aboga por la supresión de los símbolos religiosos de los lugares públicos para facilitar la integración social de las minorías recién llegadas a España.

Creo que si la laicidad no se ve impregnada de laicismo los cambios pueden llevar a buen puerto pero no me parece necesario renunciar a muchas costumbres que forman parte de nuestra tradición porque puedan molestar a otros. También me preocupa el hecho de que en España haya vuelto a surgir una corriente anticlerical que parecía algo del pasado y que nos puede jugar una mala pasada. Esperemos que estos nubarrones no descarguen sobre las buenas intenciones.

Isabel Gómez Acebo

Licenciada en Políticas y Teología

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