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TRIBUNA

Cuernos

Juan José Vijuesca
miércoles 12 de diciembre de 2018, 20:08h

Salvo que sea por una cuestión de primera necesidad, el asunto de los cuernos es algo muy personal. La cornamenta en cualquiera de sus versiones, bien por llevarla puesta, tenerla en remojo o a buen recaudo, no deja de ser una especie de ornamento de ostentosa alcurnia para el afectado o afectada en cuestión.

Un viejo conocido, noble en intenciones, cuya identidad preservo, se vio sorprendido con una protuberancia en su testa. Su fiel jardinero, experto en podas de bajura, le brindó sus servicios a la vista del crecimiento de aquella ramificación. –Señor, a menos que se acicale la cornamenta, dicho con todo respeto, es posible que se forme una enredadera de lo más trepadora- Y el señor de la casa optó por una poda de aliño.

–Sepa el señor de la casa que esto es un descorne para salir del paso -apuntó el jardinero. -Usted siempre tan mañoso, querido Gaudencio –respondió el noble señor. –Por cierto, los perjudicados por estas rarezas deberíamos cobrar algún tipo de indemnización del Estado ¿No cree usted Gaudencio? –Estoy de acuerdo con el señor.

Los cuernos, llevados sin arrogancia y en buena compostura, viene a ser algo parecido a los sombreros de Ascot y Epsom tan lucidos por las damas en las famosas carreras de caballos, aunque hoy en día se mezclen elegancia y zafiedad aún conservan parte de su estilística tradición. Lo fabuloso y lo inenarrable cuando se dan cita es un buen síntoma de estar a la última, por eso toda moda indiscreta siempre estará sujeta a comparaciones odiosas. El ser cornudo, sin llegar a ser apaleado, puede resultar de lo más cómodo si se sabe manejar bien el adulterio. Da igual lo que murmure la gente por la vislumbre que crece en la frente, el secreto está en la gallardía del omnipresente cuando la cornamenta es vista desde cualquier ángulo. Es más, diría que esta “profesión” no debería estar al alcance de todos.

Los cornudos de bien deben saber que la sociedad está en deuda con ellos. El hecho de ser unos bien casados ciervos guarda estrecha relación con reconocimientos de la propia historia, aunque ésta sea proveniente de la mitología griega. Vean si no el caso de Acteón que fuera convertido en venado por contemplar desnuda a la diosa Artemisa. Por eso digo que esta especie de maridos casados o esposas al barlovento, que de todo tipo de cuernos hay en este mercado de placeres ajenos, debieran estar protegidos por el Estado y recibir algún tipo de subvenciones a modo de incapacidad transitoria o permanente.

Los maridos o esposas afectadas aportan a la sociedad grandes dosis de paciencia, generosidad, concordia y paz, pues la cornucopia es símbolo de abundancia y prosperidad, de manera que ha tener en cuenta una de esas pensiones no contributivas no estaría de más. Entramos en época de fraternidad y no digamos las ansias en preconizar igualdades y convivencias sin excluir a semejantes por condición de raza, color, sexo, religión e ideología, pues solo por eso digo yo que los cornudos o cornudas también cabida tendrían.

Seamos más prácticos que los suizos quienes hace unos días celebraron un referéndum para prohibir el descuerne de las vacas del país alpino y sin embargo, a pesar de lo sensibles que son los helvéticos con el bienestar animal, resulta que votaron a favor de que este tipo de ganado no debe tener cuernos. Sus razones tendrán, pero lo cierto es que en Suiza tres cuartas partes de las vacas por allí criadas carecen de cornamentas e incluso muchas de ellas nacen sin ellos. Estos suizos serán muy neutrales pero son demasiado raros. Los cuernos son cuernos y están tan extendidos por el mundo que muchos cornudos y cornudas consideran deberían ser declarados como un bien inmaterial de la humanidad. Cosa distinta es que se pierda la galanura y el señorío a la hora de mostrarlos.

El cuerno ajeno, que no es un tema baladí precisamente, debiera ser signo de admiración hacia quienes así lo lucen. Por ejemplo en España, al igual que se ensalza a relevantes figuras, convendría hacerlo también con los humillados o humilladas, y es que mucha igualdad para algunas cosas, pero en asunto de cuernos, si te he visto no me acuerdo. Mucha loa y parabienes a los refugees y sin embargo nada para los cornutees. En fin, las cosas que hay que escribir con tal de conseguir un mundo mejor. Para que luego digan.

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