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TRIBUNA

Pedrosanchear

domingo 16 de diciembre de 2018, 18:38h

Con insolente soberbia Sánchez despreció el ruego dialogante de Rajoy: “No es no. ¿Qué parte del ‘no’ no ha entendido?” Hoy se erige en paladín del diálogo tolerante con el golpismo, jaleado por otro incoherente como Zapatero, amigo de tiranos caribeños. ¡Cuánta razón asiste a Leguina! al reconocer que “el PSOE de Sánchez se parece al PSOE de 1982-1996 como un huevo a una castaña”. De aquella socialdemocracia edificante y reconciliadora de la Transición nada queda. Vapuleado por un socialismo tabernario y guerracivilista que reniega de su reciente trayectoria para enlazar con el aventurerismo republicano y frentepopulista. Ayer un partido, hoy una desquiciada cuadrilla de demagogos. Con Zapatero y Sánchez, el PSOE ha renunciado a sostener el valladar constitucional frente al separatismo. Va perfilándose como un zorro que guarda el gallinero de la legalidad democrática en vez de un mastín protector de las libertades ciudadanas.

El pedrosanchismo, enredado ya en sus propias redes, constituye una grave amenaza para el mundo libre. La resistencia a tiempo puede ser la mejor manera de disolver ese fermento de disolución nacional que trae consigo y de asegurar la paz y la convivencia democráticas. Pero es también un peligro para el sentido común. Sinónimo de sectarismo, cinismo y esquizofrenia política, pedrosanchear es decir hoy una cosa y mañana la contraria. Es declararse como fiel europeísta y enviar a Bruselas un irrespetuoso cuentacuentos en vez de cuentas claras. Es condenar la corrupción viendo la paja en el ojo del Partido Popular y ser ciego ante la propia viga en el Consejo de Ministros o en el cortijo del socialismo andaluz. Es ansiar un pacto con Ciudadanos para defender la democracia ante Vox y a duras penas mantener un gobierno en Madrid mendigando el apoyo de viscerales enemigos de la Constitución. Es perseguir políticas de izquierdas con un presupuesto de derechas. Es, en suma, construirse una armadura para luego terminar sucumbiendo bajo el peso de la misma.

El pedrodsanchismo es atizar la discordia y enturbiar el espacio democrático olvidándose de las víctimas de ETA e invocando rencorosamente a los muertos de un solo bando en la guerra civil. Es hacer las más deslumbrantes promesas y registrar los más espectaculares fracasos sin poder siquiera culpar a los periódicos ni a la oposición. Es hacer la cuadratura del círculo con Iván Redondo, bueno para los recados pero no para los polinomios. Es ese movimiento político en zig-zag del que cabe esperarlo todo y temer lo peor. Sin plan, métodos ni objetivos, solo disparates, rectificaciones, ineficacia y alguna que otra fechoría sobrevive para aferrarse al poder. Cueste lo que cueste, como sea, todo vale, incluso el desprecio hacia los suyos cuando son vejados y afeados en el Parlamento por la fiera separatista, no vaya a ser que ésta se moleste y comience a devorar al lacayo.

Plurisánchez siente pasión interpretando a varios personajes, pero cuando sube al avión y se enfunda esas estrafalarias gafas negras se da un aire a Pinochet más que a Kennedy.

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