Una de las novedades más visibles de la política en esta segunda década del siglo XXI es la ampliación de la oferta política. Este fenómeno se ha manifestado en la proliferación de partidos políticos diversos, así como en el surgimiento de liderazgos que hace unos años eran inimaginables. A ello debemos sumar la redefinición ideológica que afecta a los distintos grupos políticos, lo que se mezcla con la realidad de los países, cuyos problemas muchas veces los retrotraen a disputas que parecían haber sido superadas por el tiempo, pero que de pronto reemergen y pasan de los textos de historia a la disputa por el poder.
Uno de los casos más ilustrativos al respecto, sin duda alguna, es el de España. Una vez concluida la transición y con una democracia consolidada, el país conformó un sistema que contaba con dos grandes grupos nacionales -el Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular-, quienes tuvieron a los gobernantes hasta hoy: Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez (PSOE) y José María Aznar y Mariano Rajoy (PP). A los grandes partidos se sumaban otros grupos más pequeños o de ubicación en determinadas comunidades, destacándose los casos del País Vasco y Cataluña.
Desde hace muy pocos años a esta parte, la situación cambió de manera relevante, como se ha expresado en diversas elecciones y en las encuestas, además de la renovación de los liderazgos. De esta manera, el Partido Popular ha tenido una fuga por la derecha y otra por la izquierda: Vox y Ciudadanos. Si los primeros fueron mirados en menos, como si solo representaran a grupos marginales y sin importancia, los resultados de las elecciones en Andalucía mostraron su fase creciente y lo limitados de muchos análisis. En el caso del partido de Albert Ribera, su posicionamiento es más claro y fue visto desde hace un par de años como la renovación de la centro derecha española, a nivel generacional y por su matriz más liberal.
El PSOE tuvo su principal fuga por la izquierda, con el surgimiento explosivo de Podemos, agrupación que incluso esperaba lograr el famoso sorpasso, aunque finalmente fue derrotado por los socialistas. Con todo, es evidente que el partido de Pablo Iglesias es un actor que se ha consolidado en la escena política y cuyos votos son necesarios para llegar a La Moncloa o a un gobierno local.
Las encuestas reflejan claramente esta realidad actualmente pentapartidista, que es probable se mantenga por algún tiempo. Una próxima elección -según reciente estudio de Metroscopia- entregaría representación a cinco fuerzas políticas, otorgando la primera mayoría al PSOE, el segundo lugar a Ciudadanos, prácticamente en empate con el Partido Popular, un poco más abajo Podemos, y finalmente Vox, como la gran novedad, que superaría el 10% de los votos. Como se ve, todo un cambio respecto a hace apenas un par de meses.
Más allá de los números, es evidente que los cinco partidos representan a su vez cinco realidades políticas y culturales. En algún momento el PP y el PSOE lograron cooptar o integrar esas tendencias, o bien eran algunas eran muy pequeñas en un contexto de consolidación democrática, crecimiento económico y cambios culturales que tenían un respaldo mayoritario de la población. La crisis económica de la última década, el surgimiento de las protestas e incluso el hastío hacia la política en la forma como se desarrolló durante años permitió el cambio y la irrupción de nuevas fuerzas, aunque todavía no se ha producido un gobierno liderado por alguien distinto a los socialistas y populares.
Esta realidad debemos observarla con atención, realismo, sin descalificaciones fáciles ni maniqueísmos inútiles. En esa línea se inscriben la fórmula de Pablo Iglesias y su llamado a crear frentes antifascistas para luchar contra el crecimiento de Vox, que se revela como una solución vacía políticamente y pobre intelectualmente. Cuando surgió Podemos muchos cometieron el mismo error, y en vez de tratar de entenderlo quisieron enlodarlo. La realidad en política es muy importante y eso nunca deben olvidarlo no solo los lideres, sino tampoco los analistas.