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Memorias

Soledad Becerril: Años de soledad

domingo 23 de diciembre de 2018, 17:30h
Soledad Becerril: Años de soledad

Barcelona, 218. 192 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 11,39 €.

Por Carlos Abella

Soledad Becerril ha escrito un libro lúcido, sobrio y lleno de ejemplar humildad, con una enorme capacidad de síntesis para quien además de ministra ha sido diputada y senadora en varias legislaturas, alcaldesa de Sevilla y defensora del Pueblo, responsabilidades estas dos últimas ejercidas desde la proyección individual de los problemas de los ciudadanos a través de una empatía personal y de una exquisita sensibilidad con la gente de su ciudad y de su país. No hay en sus páginas un atisbo de fatuidad ni de presunción de superioridad, moral tan en boga en algunas de las mujeres que hoy se sientan en los escenarios públicos. Claro que por educación familiar y por convicción moral, Soledad Becerril ha militado en el deber como escuela de vida y con el liberalismo como motor de pensamiento y de conducta, y eso se nota en cada línea de estas memorias, llenas de sensatez, de adecuada sensibilidad en el ejercicio del poder y de elegancia, mucha elegancia, para perdonar los desprecios de quienes se mofaron de su nombramiento, de su indumentaria femenina, de su sincero ejercicio de defensora del pueblo, de su pertenencia a una determinada clase social, a la que la izquierda no concede indulgencia.

Soledad Becerril fue ministra de Cultura con apenas treinta años en un tiempo en el que había menos de cincuenta diputadas en el Parlamento y fue recibida con incredulidad generalizada por unos y con rechazo irónico por quienes ya entonces pretendían ser los defensores de la igualdad y de la progresía, actitud que hoy practica con impostada actitud la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo.

La exministra y exalcaldesa de Sevilla, Soledad Becerril, reivindica el papel de las mujeres en la Transición y homenajea a las víctimas del terrorismo en un libro que tiene en las pasajes dedicados a evocar el asesinato a cargo de ETA del concejal Alberto Jiménez Becerril y de su esposa Ascen el patetismo descarnado y que Becerril relata por vez primera, ya que lo vivió en persona y a quien también iba dirigido el impulso asesino de los etarras

De la etapa de ministra de Cultura destaca Soledad Becerril la preparación y el ejemplar compromiso de los distintos cargos de su equipo -destacando entre ellos a Juan Cambreleng como director general de Música- y, por el contrario, el infantil protagonismo de su director general de Bellas Artes Javier Tusell, que se creía exclusivo hacedor del retorno del cuadro de Guernica y que pretendía funcionar por libre. Se percibe en Soledad que la gestión como concejala primero y como alcaldesa después, de Sevilla, prima en su pasión por lo público, en razón de la proximidad con la ciudadanía y en la plasmación evidente de los logros y, desde luego, las páginas más tensas de estas memorias son el reflejo de esa íntima satisfacción que ella ha sentido siendo querida por los habitantes de esa maravillosa ciudad que es Sevilla.

En Años de soledad, Soledad Becerril, acredita un auténtico sentido femenino de la presencia pública de la mujer, alejado del actual feminismo militante que pretende como todo sentido totalitario, atribuirse en exclusiva esa visión femenina hasta el extremo de ridiculizarlo. Y ella, como también Esperanza Aguirre y otras mujeres de partidos de la derecha o el centro político, ha sido estigmatizada como objeto del “machismo” feminista, que la definieron como la señorita privilegiada “desocupada”. Soledad Becerril indulta a quienes en el bando femenino y masculino dejaron para la hemeroteca frases llenas de indigencia y miseria moral.

Hay en estas memorias un ingente caudal de información sobre los últimos cuarenta años de la vida política española y citas elogiosas de muchas de las valiosas mujeres que la acompañaron en este apasionante itinerario vital: Beatriz Rodríguez Salmones, Pilar Lladó, Ángeles Alén, Lourdes G. Andoain, Conchita Rays, María Beca, Belén Martínez, y alabanzas muy merecidas a los presidentes del Gobierno que tanto hicieron por la política española y confiaron en ella, Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo y en menor medida Mariano Rajoy, y un recuerdo obligado al hombre al que reconoce como su referente personal: Joaquín Garrigues Walker, fallecido prematuramente..

He aquí un modelo de memorias que deberían leer todos los que hoy dicen servir al Estado, y especialmente quienes acceden a ello en función no tanto de su valía personal como producto de otros criterios propios de estos tiempos como son las cuotas de género. También debería ser lectura recomendada para los jóvenes, para que así valoren cómo se ha llegado a un Estado democrático y de Derecho, y comprendan que nuestra historia se ha hecho gracias a mujeres como Soledad Becerril.

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