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DESDE ULTRAMAR

Se va 2018 dejando nueva geopolítica

Marcos Marín Amezcua
jueves 27 de diciembre de 2018, 20:04h

Pues a tres bandas entre potencias que parecen construir una segunda Guerra Fría, los cambios geopolíticos en Medio Oriente y Suramérica nos conducen a reflexionar sobre lo que depara el futuro inmediato, en el marco del jaloneo entre aquellas que, calculadoras, mueven sus piezas de ajedrez de manera retadora en el año que concluye.

Mientras se dicen y de desdicen Putin y Trump sobre qué hacer con el tratado para la eliminación de armas nucleares de medio y corto alcance (INF, por sus siglas en inglés), que fue firmado en 1987 en la estrambótica era Reagan-Gorbachov, y sabemos que la amenaza nuclear no ha muerto, se intimidan con nuevas acciones de rivalidad y casi subrepticiamente, Estados Unidos anuncia su retirada de Siria –luego de contribuir de manera decidida a esa vergonzante carnicería– bajo una premisa por demás equivocada: se marchan, dice Trump, porque han derrotado a Isis. Qué ceguera y qué aturdimiento del yanqui. En realidad, la generalizada percepción mundial y de análisis del mundo, es que estamos ante el fracaso estadounidense o, si de quiere, ante una derrota múltiple a Estados Unidos. No es solo que Trump no pelea guerra ajenas, como arguye, sino que se trata de que las pierde.

No podía ser de otra forma, porque igual que se entramparon en Afganistán, sus logros son pingües en Siria. Claro que Afganistán es el ombligo de Asia y a medio camino de India, China y Rusia, pero es tierra inhóspita para invasores que acuden a ella para hacer su santa voluntad. Los afganos han defendido su tierra de talibanes, soviéticos y yanquis, están muy curtidos en esas lides y al menos para fines prácticos, Estados Unidos allí solo se ve entrampado en un callejón sin salida. Tal cual. Como en Siria. Así que es tiempo de que se defina si desea proseguir con esa quimera afgana o simulará que solo ha deseado que termine.

Lo de Siria es una derrota múltiple porque las tropas estadounidenses no impidieron la supremacía rusa –ya se sabe, los otros siempre deseosos de tener un pie en el estratégico Mediterráneo y de controlar el paso de combustible– y porque el Estado Islámico está muy lejos de hallarse derrotado. Podrá estar medianamente confinado y quizás abatidos un par de sus miserables líderes, pero de eso a derrotado hay un mundo de distancia. Y lo hay porque desde un inicio advirtieron su estrategia: atentados a mansalva, sin más; y a pocos días de anunciada la salida de las tropas yanquis, se produjo el deleznable suceso de Estrasburgo, que se lo atribuyó Isis. Así que ¿derrotado? desde luego que no. Qué más quisiéramos, pero es demasiado pedir sensatez y cordura en la cabeza de bombo de Trump.

La atropellada salida estadounidense de Siria bien que puede verse como un no abandono a aliados como Jordania, Arabia Saudita e Israel, mas respecto a estos dos últimos seguiremos viendo los malabares para equilibrar a dos enemigos por naturaleza, aliados del mismo esbirro. Lo que ya se mira es a Turquía llamando “asesino a sangre fría” al premier israelí Netanyahu y refrendando su no reconocimiento a ese país, mientras Estados Unidos lo equipa con nuevo armamento, pues afirman que a EE.UU. lo que le interesa es detener a Irán, su nuevo némesis. Y podremos esperar un protagonismo ruso en la región degustando su botín, porque eso es Siria, y no será solo ver irse de allí a EE.UU..

La renuncia del secretario de Defensa James Mattis, cuyas lapidarias palabras dejan ver muy bien el diferendo con Trump, salpicadas de esa moralina yanqui tan burda: “Debido a que usted tiene el derecho de tener un secretario de Defensa cuyos puntos de vista estén mejor alineados con los suyos…creo que lo correcto para mí es renunciar a mi cargo”, anticipa que la decisión de retirada de Siria no ha sido bien recibida. Por eso también huele a derrota a Estados Unidos, porque Isis solo era el pretexto para involucrarse más en la región. Quedarse a contrarrestar a Rusia era lo destacable. Y detrás de Mattis, renunció Brett McGurk, ese procónsul enviado a coordinar esas labores de exterminio a Isis y quien no comparte esa idea de retirada, pues apostaba a una permanencia militar duradera.

Suramérica trae noticias relevantes sobre la rivalidad ruso-estadounidense. El coto privado de Estados Unidos parece no serlo más desde la década pasada, cuando algunas de las economías de la región miraron a China y se engancharon a ella, deseosa de invertir e intervenir. Sí, con la dejadez de Bush hijo y Obama, desde luego, ocupados en distintas regiones de Asia. Después, mientras Estados Unidos afianzaba 7 bases militares en Colombia, so pretexto de combatir el narcotráfico, recién se anunciaba una presencia militar en Argentina y Paraguay. Pero la novedad ha sido la asistencia rusa a Venezuela, que pareciera desactivar así una siempre cacareada invasión yanqui que no acaba de producirse, por fortuna. La región no necesita más invasiones ni países que vengan de forma unilateral a contarnos el cuento de que darán lecciones de democracia que nadie les ha pedido. Así que siempre será preferible en un clima de distensión, la tensión que lo soporta por la rivalidad entre potencias, que saben que entre ellas no puede haber pasos en falso. No necesitamos más los asesinatos yanquis de un Panamá 1989 que solo enlodó una vez más la bandera de las barras y las estrellas.

Y no es que agrade en forma alguna las bases militares o los efectivos de nadie en nuestros países; simplemente es que si vamos a estar a expensas de otros, siquiera que no sea de un solo país, pues un equilibrio evitando un monopolio injerencista nos es más conveniente, como nos lo es un mundo multipolar y no bipolar o unipolar. Por otra parte, la región merecería conservar su neutralidad, así esté mediatizada por la presencia continental de Estados Unidos, porque en poco ayuda aliarse a ellos o a otros, después de todo. Siempre será más fácil dejar entrar a un invasor, que echarlo. Y en este contexto el caso mexicano me es significativo. El nuevo gobierno de izquierda mantiene una aparente cordialidad con Trump –que ya se sabe: un día dice una cosa y otro dice lo contrario a punta de tuitazos– y hay temas en la agenda bilateral que pronto requerían resoluciones firmes para México y definirán el verdadero tono con Washington: migrantes centroamericanos, seguridad hemisférica, agredir o no a Venezuela como sí lo hizo el PRI violando la constitución mexicana y su principio de no intervención en asuntos de terceros y aun valoraciones de acercamiento a Rusia o a China, que respecto a otros países de la zona ya han generado amenazas y amagos de Washington con la prepotencia que los caracteriza. Así que la aparente buena relación bilateral promete no ser tersa por mucho tiempo más.

Washington aún no envía embajador a México, luego de que la anterior le renunciara por incompatibilidades con Trump. Lo que sospecho y lo dejo en eso, es que será un vil injerencista mamarracho del corte Trump. Tenemos casi doscientos años de experiencia recibiendo esa clase de mequetrefes yanquis. Así que ante el talante del nuevo gobierno mexicano, no me extrañaría que acabe expulsado como le ha sucedido en otras ocasiones a sus predecesores, porque sepa usted que México ha expulsado embajadores yanquis en varias ocasiones. Por ser unos metomentodo, desde luego. Así que el nuevo año 19 nos traerá algunas respuestas. No las auguro positivas, más digamos adiós a 2018, el año en que el siglo alcanzó la mayoría de edad.

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